AméricaBrasil

Nuestras experiencias de couchsurfing en Brasil

  

Sí, ya lo hemos dicho muchas veces: Brasil nos enamoró. Pasamos tres meses en el país y nos habríamos quedado muchos más –eso sí, el permiso de turismo no daba más tiempo–. También hemos dicho que los brasileños son especiales: abiertos, amables, simpáticos, encantadores… estamos casi seguros de que fue por ellos por lo que el país nos gustó tanto –ojo, que no es que haya pocas cosas que ver en Brasil, ¿eh?–. Y, ¿cómo es que tuvimos tanto contacto con ellos? Porque hicimos mucho couchsurfing en Brasil: desde Curitiba hasta Manaus recorrimos el país casi de casa en casa y de buena gente en buena gente. Después de nuestras experiencias con el couchsurfing en Argentina el listón estaba muy alto, pero en Brasil no se quedaron atrás.

Recife Casa Yuri Fiesta

¿Es fácil hacer couchsurfing en Brasil?

Para los que no lo conozcan, couchsurfing es una comunidad que comparte tiempo o sofá –couch en inglés– sin ánimo de lucro. Si tienes un sofá, o una habitación, en tu casa y quieres conocer gente puedes ofrecerlo. Si no tienes, pero sigues queriendo conocer gente, puedes ofrecer tu tiempo y acompañar en paseos por la ciudad por ejemplo. Si estás viajando puedes buscar entre los que ofrecen sofá o tiempo y enviarles una petición indicando lo que buscas y lo que “ofreces”: charlas, conversación en un idioma extranjero, clases de un instrumento de música o de lo que sea… incluso una cena típica de tu país –¡la de tortillas de patata y platos de pasta que hicimos en Brasil!–.

Sin embargo, el couchsurfing en Brasil fue mucho más sencillo que eso: enviar peticiones a anfitriones dejó de ser una necesidad. En cuanto indicábamos en nuestro itinerario que íbamos a pasar por alguna ciudad, llovían las invitaciones. Porque los brasileños, además de todo lo que dije antes, son muy acogedores.

Curitiba: dormir en casas de embajadores de couchsurfing

Nuestra primera experiencia de couchsurfing en Brasil fue en Curitiba y marcó lo que llegaría después. Nuestro primer anfitrión fue Elder, un embajador de couchsurfing en la ciudad. Dormimos en un rascacielos en la ciudad más verde de Brasil.

Couchsurfing Brasil Curitiva Poker Linguiça

Él sólo podía alojarnos dos noches. Sin saber todavía dónde acabaríamos durmiendo al día siguiente, nos llevó a una fiesta de couchsurfing: poker y linguiça –comimos mucha linguiça, una especie de longaniza, pero no jugamos al poker–. Allí conocimos a gente de medio mundo y, antes de irnos, ya teníamos casa para los siguientes dos días: Alenxandre, el otro embajador de couchsurfing en Curitiba.

Couchsurfing en São Paulo, Lucas

¿Quién iba a esperar hablar italiano con un brasileño en São Paulo? Pues eso fue lo que nos pasó en la ciudad que no puede parar con Lucas. Enamorado del italiano, nos invitó en cuanto vio que íbamos a pasar por su ciudad. Lo primero que hicimos nada más dejar las mochilas: acompañarle a su clase de gafieira –samba en pareja–, pasar por nuestra segunda fiesta de couchsurfing y, al acabar, salir de fiesta con su novia y sus amigos. Eso con haber intercambiado poco más que un “ciao”.

Sao Paulo Rua Agusta Coche Cocina

Fue Lucas quien nos recomendó ver Tropa De Élite y Ciudad De Dios –Cidade de Deus– aprovechando su conexión a internet, y el que nos explicó la situación de un país que a nosotros, en todos los telediarios, nos vendían como casi rico, el motor de la economía de Sudamérica, donde casi no había paro… Mientras preparaba su tesis de física teórica también sacó tiempo para tocar la guitarra, enseñarnos a preparar pollo strogonoff y aprender a cocinar la salsa fumé italiana.

Argentina, Colombia, Uruguay, Italia y España en Paraty

En Paraty vivimos la ONU del couchsurfing en casa de Selmar, allí nos encontramos con viajeros de media Sudamérica. Ellos vendían sus libros, sus poesías, su artesanía para continuar su viaje, vivían felices y contagiaban esa felicidad. Eso sí, las cosas se complicaban para dormir tanta gente en la casa: sin problemas, ya habían pasado en la playa la noche anterior y a la playa volvieron a dormir después de pasear por la ciudad de noche con nosotros.

Dormir en Botafogo y caminar por Tijuca: couchsurfing en Río de Janeiro

Paulette, estadounidense de origen ecuatoriano afincada en Río, nos invitó a su apartamento en plena playa de Botafogo, desde donde vimos por primera vez la silueta del Cristo Redentor iluminado por la noche. Con ella salimos de fiesta por el barrio de Lapa y recorrimos el casco antiguo de Río de Janeiro, ¿habríamos llegado al Real Gabinete Portugués de Leitura o nos habríamos atrevido a visitar la favela de Santa Marta sin sus consejos?

Brasil Rio Janeiro

El fin de semana se iba de viaje y nosotros conocimos a Edson, un paracaidista del ejército brasileño que se preparaba para un ironman y que nos ofreció su casa para un par de días. Fue llegar a su casa en las afueras de la ciudad y cambiarnos para ir con sus amigos a oír samba na rúa. Una de las experiencias que nos marcó en Brasil y que no habríamos hecho nunca sin ellos –en todas las guías ponía que llegar hasta Pedra do Sal podía ser peligroso–. Al día siguiente descubrimos un Río diferente: la selva urbana de Tijuca con una caminata de tres horas.

Ouro Preto, couchsurfing colonial en Brasil

Wesley nos invitó a su casa y tuvo que organizar nuestro encuentro con su familia y su amigo Ramon porque él quedó “atrapado” en el Amazonas un días más. Fue nuestra primera familia de couchsurfing y teníamos una planta entera en su casa para nosotros. Ya con Wesley, fuimos a jugarnos la vida saltando en la pedra do jacaré y a hacer fotos por la noche. Nos presentó grupos de música brasileños y nos contó que había estado haciendo couchsurfing en España –había estudiado un año en España con Ramon– y que le había encantado y quería devolver parte de la experiencia.

Ouro Preto Saltando Wesley

Nos fuimos de Ouro Preto con la invitación de volver en carnavales a disfrutar de la fiesta y a comer auténtica comida mineira casera.

Weuds, despedirse con lágrimas en Brasilia

Cada experiencia de couchsurfing en Brasil era mejor que la anterior y creíamos que ya no iba a ser posible que nada nos sorprendiera. Nos equivocábamos. En Brasilia conocimos a Weuds y a su madre y nos despedimos de ellos, siete días después y porque teníamos que seguir viajando, con lágrimas en los ojos. Durante una semana fuimos los hijos y hermanos de esa familia: nos acompañaron por la ciudad, nos llevaron a disfrutar del Brasil de interior en Pirenópolis, nos invitaron a probar la gastronomía mineira –el origen de la madre de Weuds–…

Brasilia Disfraz

Vivian, la mejor anfitriona de couchsurfing en Salvador de Bahía

Aprender a hacer brigadeiro, visitar el proyecto Tamar de conservación y protección de las tortugas marinas, descubrir las playas de los alrededores, comer el mejor helado de la ciudad y el mejor acarajé o vivir la fiesta en el Pelourinho fueron alguna de las cosas que le debemos a Vivian y a su hija en Salvador de Bahía. Vivian hizo que aquellos días fueron especiales y tuvimos la suerte de poder “devolverle” parte de aquella alegría un año después cuando pasó por Madrid con unos amigos.

Salvador Bahia Vivian

La fiesta en Recife en casa de Yuri

Hasta Recife todos nuestros anfitriones de couchsufing en Brasil eran “auténticos profesionales”: embajadores o con años de experiencia y decenas de comentarios en sus perfiles. En Recife recibimos la invitación de Yuri: cero comentarios, cero amigos, cero fotos… Pero 18 años recién cumplidos. El couchsurfing no había hecho más que mejorar nuestro viaje y decidimos que alguien tenía que ser el primer “couchsurfer” de Yuri y que lo seríamos nosotros.

Olinda Salto Yuri

No podemos estar más contentos de haberlo hecho: la familia de Yuri ocupaba su casa cada noche, tíos, tías, primos, primas, hermanos, hermanas… Y la fiesta comenzaba: bailes, disfraces, risas… Nos quedamos con las ganas de ir a la escuela de circo en la que estudiaba Yuri y verle actuar, pero la lluvia –cómo llueve cuando se pone a llover en Brasil…– lo impidió. Por suerte sí que pudimos dar una vuelta por Recife y Olinda con él.

Couchsurfing en una casa cuartel en São Luis de Maranhão

Si en Argentina habíamos dormido en una cabaña en mitad de la selva, en Brasil dormimos en una casa cuartel. Fernanda y Lucas, ejército del aire y ejército de tierra, nos invitaron a quedarnos en su casa dentro de la casa cuartel en São Luis de Maranhão. Una experiencia única que desterró muchos prejuicios sobre el ejército –que ya habían temblado con Edson en Río de Janeiro–. Fernanda y Lucas eran una pareja encantadora que nos trató como si fuéramos amigos de toda la vida desde el primer momento. Conste que no sabíamos que eran militares ni que dormiríamos en una casa cuartel cuando recibimos su invitación. Todavía recuerdo que nos dijeron que nos recogerían cerca del aeropuerto –Fernanda trabajaba allí– y que iría vestida de azul… sí, de azul uniforme del ejército del aire. Más tarde nos dijeron que su casa era como una casa cualquiera, sólo que el portero llevaba un rifle…

Sao Luis Fernanda Lucas

Con ellos hicimos la compra, fuimos a las fiestas juninas de la ciudad y conocimos a otros militares que invitaron a su casa… pero ésa es otra historia.

La fiesta junina de Belém con Lysmar

Antes de coger nuestro barco por el río Amazonas, pasamos unos días con Lysmar. Allí vimos la final de la copa confederaciones entre Brasil y España –todos sus amigos habían apostado porque España ganaría pero la vimos perder–, dormimos por primera vez en una hamaca, probamos la comida de la región y salimos mucho de fiesta. Lysmar sacó tiempo de donde no había para acompañarnos y explicarnos lo que estaba pasando en el país con las primeras huelgas de la historia en empresas privadas y las manifestaciones por la subida de los transportes.

Belem Lysmar Futbol

Descubriendo el couchsurfing a Marcela

Marcela vivía en Manaus, era también del ejército del aire y estaba en São Luis haciendo un curso con Fernanda. Fue una de los invitados a su casa cuando estábamos nosotros y le encantó la idea del couchsurfing. Tanto que nos dijo que, cuando pasáramos por Manaus, la llamáramos, que nos podíamos quedar en su casa. Algo que podría decirse en muchas partes del mundo sólo por decir, pero en Brasil no. Allí se dice si se siente.

Manaus Marcela Pescado

Un par de semanas después de conocernos en São Luis, estábamos en casa de Marcela en Manaus. Unos días llenos de charlas, de paseos, de risas… incluso fuimos al teatro de la ópera de Manaus a ver un espectáculo de danza contemporánea.

Echando la vista atrás puede que sí, que el país nos gustara todavía más por la gente que conocimos y por las experiencias de couchsurfing que tuvimos en Brasil.

  

2 comentarios

  1. Marta
    25 febrero, 2019 en 09:42 — Responder

    Hola!!! Estoy pensando irme 1 año a Sudamérica pero tengo muchas dudas de que tarjeta de crédito utilizar para viajar. Me han hablado de la tarjeta BNEXT, pero preferiría tener una referencia.

    Muchas gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *