Pequeñas casas de pescadores, unas iglesias y una fortaleza para protegerse de los peligros que venían del mar. No había mucho más en Cascais en 1755, cuando el devastador terremoto que destruyó Lisboa también arrasó gran parte de esta villa. Pero algo cambiaría totalmente su semblante a finales del siglo XIX: la llegada del rey Luis I de Portugal. El rey que quería ser marinero –no tuvo más remedio que ser rey por la muerte de su hermano mayor– escogió un pueblo pesquero como su residencia veraniega en lugar que la vecina Sintra.

En la misma época, nacía la moda, entre la aristocracia y la alta burguesía europea, de bañarse en la playa. El cocktail perfecto. Cascais tuvo su época dorada y se llenó de grandes villas de veraneo. Al proclamarse la república, en 1910, la villa volvió a “apagarse”. Pero, durante la Segunda Guerra Mundial su vecina Estoril se llenaría de nuevo de monarcas y famosos de todo el Viejo Continente, además de de espías…
Hoy Cascais es una localidad de playa llena de vida que no ha perdido ese carácter aristocrático, pero que tampoco olvida su pasado marinero. A ella llegan apasionados de su historia, surferos –las olas de Cascais son una de las grandes mecas del surf de Europa–, amantes de la playa y turistas de todo tipo. Entre ellos, nosotros, que te contamos qué es lo que más nos gustó de la ciudad. Si te preguntas qué ver en Cascais y alrededores, sigue leyendo.
Nuestros 9 imprescindibles que ver en Cascais
Empezamos por la villa marinera, esa de casitas de pescadores que todavía mantiene parte de su esencia en el casco histórico. Ojo, que el término municipal de Cascais es enorme. Tanto, que algunos lugares que se encuentran en él los hemos dejado para los alrededores… Te avisamos, porque si te falta algo entre nuestros lugares que visitar en Cascais, seguramente esté en los alrededores.
1. El casco histórico, lo primero que tienes que ver en Cascais
Lo primero es lo primero: un paseo sin rumbo por el casco histórico de Cascais. OK, banalidad. Pero, para ser más originales, lo de perderte por sus calles no te lo decimos. Es pequeñito, así que es prácticamente imposible.

Así empezamos nosotros y Cascais nos regaló la primera sorpresa. Seguramente por ser temporada baja –lo hemos visitado en marzo y en abril–, nos encontramos con calles tranquilas y apacibles, ocupadas solo por locales. Disfrutamos de sus casas blancas o recubiertas de azulejos, decoradas con flores. Toda la zona entre la Travesía de los Navegantes y la Avenida Vasco de Gama es así. Desde la iglesia parroquial de la Asunción –el domingo, antes de la misa, abre y se pueden admirar sus azulejos– llegamos hasta la iglesia de Nuestra Señora de los Navegantes.

No te puedes perder la Plaza 5 de octubre con el ayuntamiento –ese edificio con la fachada decorada con azulejos–. Sigue hacia la Alameda dos Combatentes da Grande Guerra si buscas más movimiento, restaurantes y tiendas de souvenirs.
¿Sabías que…?
Los mundialmente famosos mosaicos que decoran el suelo del paseo de la playa de Copacabana se inspiraron en los portugueses. El suelo de la Plaza 5 de octubre tiene la misma decoración de olas que se “exportaría” después a Manaos y a Río de Janeiro.

El suelo de olas de la Plaza 5 de octubre de Cascais
2. La ciudadela de Cascais, protección ante piratas y españoles
Antes de que la familia real decidiera veranear aquí, en 1870, Cascais era una simple villa marinera. Simple, pero fortificada. La entrada a Lisboa por mar tenía que estar protegida. ¡Había que defenderse de los piratas y de los españoles! En el siglo XIV el rey mandó construir un primer castillo, que se fue ampliando en los siglos sucesivos.

La ciudadela sigue ahí y hoy hasta puedes dormir en ella. Sí, además de galerías de arte, hay una pousada –los “paradores portugueses”–: la Pestana Ciudadela Cascais. Nosotros no dormimos en ella, pero sí entramos a curiosear y dimos con ¡652 golondrinas en el hall! Según nos explicaron, representan los días que duró su remodelación. Es una de las instalaciones artísticas del “Art District” Ah, y frente al hotel está su restaurante: la Taberna da Praça. ¡Riquísimos sus petiscos!
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Además de entrar en la ciudadela, hay que rodearla para apreciar la muralla en toda su magnitud. Baja hasta la marina para disfrutar de la mejor vista de las fortificaciones de la ciudadela –podrás aprovechar cuando vayas al octavo punto–.
Uno de los palacios presidenciales de Portugal en la ciudadela
Volvamos a la historia. En la ciudadela también vivía el gobernador de Cascais. Eso sí, la “simple” casa del gobernador no era digna de un rey. En 1870, con la llegada de Luis I de Portugal, se transformó completamente hasta convertirse en un verdadero palacio real. ¿Pensabas que solo había palacios en Sintra?

Tras años de abandono, en 2004 empezó la restauración, que se prolongó nada más y nada menos que siete años. ¡Esas serían muchas golondrinas! Hoy es uno de los palacios presidenciales de Portugal y se puede recorrer con visita guiada –los horarios van cambiando, infórmate con antelación en su página oficial–.

Nos encontramos con un palacio con obras desde el siglo XV hasta nuestros días y con todas las comodidades del siglo XXI: enchufes, wifi, aire acondicionado… Sirve, además de como museo –con tapices, cuadros, el primer teléfono usado en Portugal, las primeras farolas del país en su patio… y, cómo no, azulejos–, de residencia para dignatarios que visitan Portugal. Una auténtica joya.
3. El Museu Condes de Castro Guimarães: el museo que tienes que visitar en Cascais
Si solo tienes tiempo para visitar un museo en Cascais, tendría que ser el Museo de los Condes de Castro Guimarães. El palacio de principios del siglo XX, residencia de verano del irlandés Jorge O’Neill –los tréboles lo recuerdan– y de los condes de Castro Guimarães después, nos alucinó un poco más en cada sala.

Un imprescindible que visitar en Cascais, con sus azulejos rescatados tras el terremoto de Lisboa, una biblioteca con volúmenes raros y antiguos, un órgano portátil… Por no hablar de vajillas de porcelana de las Indias, contadores o relojes antiguos, un pequeño salón de té o las cajas en las que lo transportaban desde las colonias.

¿Sabías que…?
El té, que en portugués es chá –como en Asia–, llegó a Gran Bretaña de manos de Catalina de Braganza. Fue ella quien, continuando la tradición portuguesa, instauró la costumbre en la corte británica al casarse con el rey Carlos II en 1662. ¡Sin ella no existiría el afternoon tea!
Por cierto, el palacio que acoge el museo se encuentra en el parque más antiguo de la ciudad: el parque Marechal Carmona. Date una vuelta, te cruzarás con gallos, patos y pavos reales. Al lado del museo, verás también la capilla de San Sebastián con sus azulejos.
4. Un museo diferente: la Casa das Historias Paula Rego
Si tienes tiempo para visitar otro museo, te recomendamos la Casa das Historias Paula Rego. Aunque no lo visites, puedes admirar por fuera el curioso edificio del arquitecto Eduardo Souto de Moura.

En su interior nos encontramos con el mundo de “las historias” contadas por Paula Rego, artista plástica portuguesa. Sus cuadros, que cuentan cuentos y crean mundos entre lo animal y lo humano, son muy curiosos.
5. Un museo más… por lo menos
Hay unos cuantos museos más en Cascais, la mayoría ubicados en el “barrio de los museos” (uno de los motivos para visitar Cascais según su página oficial). Nosotros, por ejemplo, visitamos el del faro de Santa Marta, el del mar Rei Dom Carlos y el Museo de la Villa, Museu da Vila.

En el primero encontramos interesantes y curiosos instrumentos utilizados por los fareros y conocimos más sobre la historia de los faros en Portugal –el primero se construyó justo ahí–. Además, la vista desde el faro hacia Cascais es preciosa.
En el segundo, descubrimos más sobre la historia de la ciudad y su conexión con el mar, además de conocer su fauna marina y sorprendernos con trozos de pecios rescatados. Muy curiosa la cesta de picnic para la playa de finales del siglo XIX.

El tercero, en la Plaza 5 de octubre, junto al ayuntamiento, hace un repaso por la historia de Cascais y sus cambios. Un museo muy innovador y moderno que, además, es gratis.
Cada museo –excepto el Museu da Vila que es gratuito– cuesta de 3 a 5 €. Puedes comprar un billete diario combinado por 15 € que incluye diez museos. Aquí puedes verlos todos con los precios de cada uno.
6. El mercado de Cascais: frutas, verduras y, cómo no, ¡pescado fresco!
Si estás en Cascais un miércoles o un sábado por la mañana, no deberías perderte el Mercado da Vila de Cascais. En realidad, está todos los días, pero miércoles y sábados por la mañana se monta el gran mercado tradicional de frutas y verduras de productores locales. Una explosión de colores y sabores bajo una gran carpa.

No puedes perderte el mercado del pescado, como no podía ser de otra forma en una villa marinera. No falta tampoco una zona de restaurantes y hasta puedes aprender recetas, y hacerlas, en un taller de cocina en Cascais Food Lab.
7. Las playas urbanas de Cascais: arenales a tiro de piedra
Casco histórico, ciudadela, palacios… Sí, pero ¡en Cascais hay playas! Para eso venían los reyes y siguen llegando muchos turistas a la bahía de Cascais. Algunas de esas playas están en plena ciudad. La pequeña Praia da Rainha y las grandes Praia da Conceição y Praia da Duquesa son las más céntricas. Dos de las playas más bonitas en los alrededores de Lisboa.

Aunque no te bañes, un paseo por ellas por la mañana es imprescindible. Al final de la playa de la duquesa se encuentra uno de los edificios más emblemáticos de Cascais. Hablamos del neogótico Palacio de los Duques de Palmela.
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Desde el casco histórico, puedes llegar a las playas recorriendo la pequeña calle Fernandes Thomás. Ahí te encontrarás con unos bonitos miradores.
8. Delfines desde una lancha rápida
¿Un poco de adrenalina en tu viaje a Cascais? Vale, dirás que ver delfines no es algo como para mentar la adrenalina. Y tendrás razón, aunque ver a esos juguetones cetáceos saltar alrededor de la lancha, hacer piruetas o sumergirse bajo el casco nos tuvo emocionados un buen rato. Pero, lo de la adrenalina es más por el medio de transporte. Una lancha rápida en la que, a la vuelta a la marina desde la desembocadura del Tajo –donde se encuentran los delfines–, sentimos lo que es la velocidad y la fuerza de los giros en el agua.

Una mezcla curiosa entre la tranquilidad y la paz de ver los delfines deslizándose por el agua casi sin esfuerzo y la emoción de sentir el viento en la cara y agarrarse fuerte para no salir despedido en los saltos y giros –ojo, que hay cinturones de seguridad, que no hay que fiarlo todo a la fuerza de las manos–.
La lancha de Four Adventures Boat Tours sale desde la Marina de Cascais –aprovecha para ver la muralla de la ciudadela en todo su esplendor–. Puedes contratar el avistamiento de delfines online.
9. La Boca do Inferno: maravilla natural en plena ciudad de Cascais
Cascais está rodeada de maravillas naturales. Pero hay una que está prácticamente en plena ciudad. Hablamos de la Boca do Inferno, boca del infierno, a unos minutos a pie del centro. Un gran arco de piedra, entrada de la que fue una gruta que daba al mar, ahora colapsada.

Su nombre “terrorífico” se debe al ruido que producen las grandes olas que rompen aquí con fuerza. Eso sí, nosotros en primavera nos encontramos con un rincón paradisíaco más que con uno infernal… No es una hidden gem: es uno de los lugares más codiciados para las fotos de Instagram en Cascais, sobre todo en la puesta de sol.
6 lugares más qué ver en los alrededores de Cascais
Ya hemos dicho que el término municipal es enorme. Tanto, que bastantes de los lugares que ver en los alrededores de Cascais que te indicamos ahora están todavía en el mismo Cascais. Eso sí, tendrás que alejarte un poco del casco histórico –aunque al primero podrás llegar caminando–.
1. El casino de Estoril y el hotel Palacio: tras las huellas de reyes, espías y… ¡James Bond!
Cascais se llevaba a la nobleza de vacaciones hasta la Segunda Guerra Mundial. Entonces, fue Estoril la que se llevó el “rey” al agua. Bueno, el rey, la reina, el resto de nobles y unos cuantos espías –entre ellos “James Bond”– que no dejaban de visitar el Casino de Estoril, uno de los más grandes y famosos de Europa. Nosotros, aunque no somos de juegos de azar, reconocemos que entramos y echamos una “moneda” –hay que cambiar la moneda por un ticket– a una máquina tragaperras. Como imaginarás, no ganamos nada.

¿Sabías que…?
El Casino de Estoril inspiró a Ian Fleming para su primera novela de James Bond: Casino Royale. De hecho, 007 “nació” en Estoril. Entre los espías de ambos bandos que llegaron a la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial se encontraban Ian Fleming y el yugoslavo Popov, apodado “El Triciclo”. Un “guapo” –debía de ser para la época, porque la foto…– y mujeriego espía doble que inspiró al escritor para su personaje más célebre.
Tampoco dejes pasar la ocasión de entrar en el hotel Palacio Estoril. Aunque no te hospedes, podrás recorrer la galería de fotos de personalidades que sí lo hicieron. Y, en su bar –conocido como “bar de los espías”–, tomarte el «verdadero» Martini de James Bond. O, mucho mejor para los que no bebemos, los mejores pastéis de nata de la zona de Cascais. El hotel sale en la película 007 al servicio de su Majestad, de 1969. El joven conserje que le da la llave a James Bond seguía trabajando ahí en nuestra primera visita, para la segunda se había jubilado.

Otro lugar que deberías visitar en Estoril es la pastelería Garrett para probar su especialidad: las areias –literalmente “arenas”–. Los empuerados, parecidos a las yemas de Santa Teresa, también están deliciosos.
Muy cerca está el museo Espacio memorias de los exilios, donde podrás ver, entre otras cosas, los registros de hotel de Ian Fleming y Antoine de Saint-Exupéry.
El paseo marítimo entre Cascais y Estoril
Decíamos que al primero de los lugares que ver en los alrededores de Cascais se podía llegar caminando y, más que una posibilidad, es una recomendación. Estoril es una “pedanía” de Cascais a la que llegar por el paseo marítimo –que también es Camino de Santiago– disfrutando de la brisa y de las playas. Pasada la Praia da Duquesa y el Palacio de los duques de Palmela, llegarás hasta la Praia das Moitas. Ya estarás en Estoril.

El paseo marítimo entre Cascais y Estoril es muy agradable y, a primera y última hora del día, cuando lo recorrimos nosotros, está lleno de locales corriendo, yendo en bici o paseando a sus perros. Además de las vistas, el ambiente también está genial. ¡Y no faltan las terracitas!
2. Sintra, la ciudad de los palacios
Además de todo lo que hay que ver en Cascais, tienes otro buen motivo para quedarte: a menos de 20 kilómetros, está una de las grandes maravillas de Portugal. Hablamos de Sintra, la famosa residencia veraniega de los reyes lusos. Un casco histórico y un paisaje de rocas y jardines románticos salpicado de palacios que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Además del más famoso Palacio da Pena, también visitamos la Quinta da Regaleira, con su tan “instagrameable” pozo iniciático; el Palacio Nacional, lleno de historia; el Palacio de Monserrate, con sus preciosos jardines, y el Castillo de los Moros, con sus magníficas vistas hacia el casco histórico y el Palacio da Pena. Te hablamos de todos ellos en nuestro artículo Qué ver en Sintra, la ciudad de los palacios de Portugal. También en el término municipal de Sintra, aunque en la pedanía de Queluz, está el Palacio de Queluz, que no se diga que faltan palacios.

3. El Cabo da Roca: el punto más occidental de la Europa continental
Seguimos en el municipio de Sintra para visitar otro lugar simbólico muy concurrido: el Cabo da Roca. ¿Qué tiene de especial? Es el punto más occidental de la Europa continental. Si quieres ver la última puesta de sol de Europa, tienes que venir aquí –bueno, entre el 21 de marzo y el 25 de abril y entre el 13 de agosto y el 22 de septiembre, el lugar donde el sol se pone más tarde en la Europa continental es el cabo Touriñán, en la Costa da Morte, pero es por la inclinación terrestre, no porque cambien las coordenadas–.

4. La Duna da Cresmina y la Praia do Guincho, paraíso del surf en Cascais
Hablando de maravillas naturales, hay “una pareja” imprescindible a menos de un cuarto de hora en coche del centro de Cascais y en su mismo municipio: la Duna da Cresmina y la Praia do Guincho. ¿Qué tal unas dunas al lado de la ciudad que acaban en una paradisíaca playa surfera? Suena bien, ¿no?

El sistema dunar de Guincho-Oitavos es un imprescindible del Parque Natural de Sintra-Cascais. Se puede pasear “por encima” de la duna de Guincho y de la de Cresmina gracias a pasarelas de madera desde el Núcleo de Interpretação da Duna da Cresmina. Más abajo, está la playa del Guincho, todavía bastante salvaje y siempre llena de surferos.

Si quieres darte un capricho, puedes quedarte a dormir junto a la playa en una antigua fortaleza y comer en su restaurante con estrella Michelin: el hotel de cinco estrellas Fortaleza do Guincho. Comer en Cascais es cosa seria, nosotros disfrutamos de uno de los restaurantes de la fortaleza, el Spot by Fortaleza do Guincho.
5. El Parque Natural de Sintra-Cascais, un poco de senderismo
El Cabo da Roca, como las dunas de Cresmina y la playa del Guincho, forma parte del Parque Natural de Sintra-Cascais. Tan grande, que da para paisajes muy variados: desde acantilados hasta dunas y desde playas hasta bosques, pasando por los jardines exóticos de la Sierra de Sintra.
Hay muchos senderos señalizados en el parque. En la oficina de turismo de Cascais puedes informarte y hacerte con un mapa. Nosotros optamos por dos senderos, que nos dieran la oportunidad de conocer dos tipos de paisajes del parque: el costero y el serrano.

En la costa, hicimos el pequeño sendero –muy fácil y corto: 2 km ida y vuelta, menos de una hora tomando muchas fotos– que va desde el Cabo da Roca al mirador de la playa de la Osa, Praia da Ursa. Ojo, no se puede bajar a la playa: hay peligro de caída de rocas. Por el camino, nos fuimos encontrando con plantas curiosas como pinos piñoneros convertidos en arbustos adaptándose al viento. O con las primeras “saudades”, las coloridas flores que cubren este paisaje de marzo a junio. En el mapa indicamos el punto de salida.
En la sierra, nos acercamos a la Peninha, uno de sus puntos más altos, desde donde admiramos las vistas hacia el mar y la desembocadura del Tajo. Junto a la capilla del siglo XII, construida por el portaestandarte del primer rey de Portugal, comenzamos nuestra segunda ruta –un poco más larga: 2,75 km en total, menos de hora y media con muchas fotos–. Como la anterior, indicamos la salida en el mapa. Nos adentramos en el bosque de cedros donde existe una mutación única en el mundo. ¡Con la corteza casi tan blanda como el corcho! Ah, no te pierdas la obra de arte creada por la naturaleza en uno de esos troncos. Bajo una hoja mojada y pegada a él creció un hongo. Al despegarse la hoja, dejó “impreso” su perfil. Gracias a nuestro guía de Walk Hike Portugal por enseñárnosla.

6. Azenhas do Mar y más playas con encanto que ver en los alrededores de Cascais y Sintra
Además de recorrer el parque a pie, también lo hicimos en coche siguiendo la costa de Sintra. El destino era ver la hora dorada en Azenhas do Mar, el momento perfecto para hacer la foto de las paredes blancas de sus casas protegidas por el acantilado y su piscina en el mar.

Y, de camino, más playas, claro. Como la paradisíaca Praia da Adraga –por lo visto, el restaurante que hay ahí es una maravilla–, la Praia Grande, la Praia Pequena do Rodízio o la Praia das Maçãs –”de las manzanas”, porque aquí bajaban por el río las manzanas caídas en él–.
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Entre playa y playa, antes de llegar a Azenhas do Mar, para en los pueblos de Ulgueira, Penedo o Almoçageme –aquí está una de las bodegas de la zona de Colares, la Adega Viúva Gomes– .
Cómo llegar a Cascais desde Lisboa
Llegar a Cascais desde Lisboa es muy fácil –tanto que hemos incluido la visita a Cascais como una de las 60 cosas que hacer y que ver en Lisboa–. Una línea de tren conecta, con mucha frecuencia y en 40 minutos, la estación de Cais do Sodré de Lisboa, al lado de la Praça do Comerçio, con la de Cascais. Es una especie de Cercanías que para también en otras estaciones en Lisboa y pasa por Estoril. En Google Maps puedes ver en qué estación montar desde donde estés en Lisboa y consultar los horarios.

Si quieres conocer también los alrededores de Cascais y Sintra, lo mejor es que alquiles un coche en el aeropuerto de Lisboa.
Tours a Cascais y Sintra desde Lisboa
Nosotros te aconsejamos quedarte en Cascais por lo menos un par de noches –en nuestro caso han sido tres y dos veces–. Si estás en Lisboa, solo tienes un día y quieres visitar también Sintra, echa un vistazo a los tours de un día desde Lisboa. Será solo para hacerte una primera idea: te garantizamos que querrás volver para ver más.
De Cascais a Lisboa de forma diferente: ¡en barco!
Si quieres volver a –o llegar desde– Lisboa de forma diferente, ¿por qué no hacerlo en barco? Desde la Marina de Cascais, nosotros tomamos uno a Lisboa –se contratan en la tienda Aquastart–. Nos encantó la experiencia de ver la ciudad desde una perspectiva diferente y recorrer la costa, con sus pueblos y fortificaciones, hasta la desembocadura del Tajo y la capital portuguesa.
Pasamos junto a Estoril, fortalezas como la de San Antonio o San Julián de la Barra –justo en la “esquina” entre el océano y el Tajo–, playas surferas como la de Carcavelos y preciosas villas. Hasta llegar a la torre de Belém, el Monumento a los Descubrimientos, el museo MAAT o el enorme Puente 25 de abril.
Mapa con todo lo que hay que ver en Cascais y alrededores
Aquí tienes un mapa de los lugares que ver en Cascais que te hemos contado, para que no te pierdas nada y organices la visita como mejor te convenga.
Comer en Cascais
Antes o después tendrás que parar a comer entre tanto turismo. Igual que te contamos cuáles son los lugares que, a nuestro juicio, hay que ver en Cascais, también te decimos dónde disfrutar de la buena mesa. Eso sí, como son varios –somos de buen comer y hemos hecho dos viaje– hemos escrito un artículo dedicado en exclusiva al particular: Dónde comer en Cascais.

Hoteles en Cascais: dónde dormir
En Cascais, como destino turístico que es, hay mucha oferta hotelera. Nosotros nos quedamos en el Vila Galé Cascais, un poco fuera del casco histórico y al lado del faro de Santa Marta. De posición está bien, la habitación era enorme y cómoda y el personal muy simpático. El desayuno también estaba bastante bien, lo recomendamos. ¡Y vaya amanecer que se ve desde las habitaciones!
Eso sí, como hemos dicho, hay muchos hoteles en Cascais.

Reyes, pescadores, espías y surferos sabían –y saben– lo que hacen. Tú tampoco dejes de descubrir Cascais.
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