Lauburus, ikurriñas, caseríos, frontones… No, no estamos en Euskadi, estamos en el País Vasco francés, la Euskal Herria “del otro lado de la frontera”. Iparralde en euskera. Una región donde, como en pocas otras de Francia, notamos un orgullo ferviente por su cultura local. Esa mezcla de “cultura vasca con toque francés” ya sería razón suficiente para viajar a estas tierras. Pero es que, además, hay muchísimo que ver en el País Vasco francés.

Ciudades, pueblos, picos, castillos, cuevas, trenes, playas… es imposible que no encuentres algo que te motive a viajar a Iparralde. Y, si no, siempre está la gastronomía, que sigue siendo País Vasco, aunque esté al otro lado de los Pirineos.
Aquí tienes nuestra selección de 13 lugares que visitar en el País Vasco francés, fuera supersticiones. Hay muchos más, claro, pero por algo hay que empezar. Estos son nuestros favoritos después de tres viajes.
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Además de qué ver, también te lo organizamos con nuestras Rutas en coche por el País Vasco francés. Eso sí, antes de lanzarte, echa un vistazo a nuestros consejos para viajar a Francia.
1. Bayona, la “capital” del País Vasco francés
El País Vasco francés, al no ser una región oficial de Francia, no tiene capital. Pero Bayona es su ciudad más grande y la capital de una de sus tres provincias históricas, Labord –Lapurdi en vasco–. Se puede decir que es su ciudad más importante y su “capital cultural”. Echa un vistazo a nuestro artículo 11 lugares que ver en Bayona para completar tu paso por la ciudad.

¿Sabías que…?
Las tres provincias históricas o culturales del País Vasco francés –que, junto a Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra forman las “siete provincias vascas”– son Labord, Baja Navarra y Sola.
Bayona tiene también uno de los cascos históricos más bonitos de Iparralde, con sus casas de entramado de madera, su catedral, su arte urbano y sus chocolaterías. No puedes irte sin tomar una taza de chocolate en la Maison Cazenave.
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Prueba de ese amor a su cultura local es el Hôtel Koegui, donde dormimos, lleno de referencias a “lo vasco”. ¡Si hasta hay una cesta punta como cesta de fruta! Nos encantó: habitaciones cómodas, buena posición y desayuno muy rico. Te lo recomendamos si vas a hacer noche en Bayona.
2. San Juan Pie de Puerto, el pueblo más bonito del País Vasco francés
De la capital de Labord nos vamos a la capital de la Baja Navarra: San Juan Pie de Puerto. Capital de una provincia histórica de Iparralde, pero vamos, que tiene poco más de 1.500 habitantes, es un pueblo. Y, en nuestra humilde opinión, el pueblo más bonito del País Vasco francés. Y hemos visto unos cuantos en nuestros tres viajes a la zona. Esas murallas, esos palacios, esos puentes, esos paisajes que lo rodean… lo hacen único. Y, por supuesto, también su “atmósfera xacobea”. El punto de salida del Camino francés tenía que tener una atmósfera especial. A sus piedras ponemos por testigo de que volveremos un día para hacer el Camino francés completo. Solo lo hicimos desde León y eso es una chiquillada.

No te quedes con las ganas y lee nuestro artículo Qué ver en San Juan Pie de Puerto para acabar de convencerte, peregrines o no a Santiago.
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Acércate a la tienda Espadrilles Arangois, verás a Patricia fabricar alpargatas con tela vasca como le enseñaron su abuela y su madre.
3. San Juan de Luz y los macarons de Luis XIV
En la costa también hay pueblos con mucho encanto. El más conocido seguramente sea San Juan de Luz. Solo por la iglesia de San Juan Bautista –donde se casó Luis XIV con la infanta española María Teresa de Austria– merece la pena la visita. Pero, además, están su playa, sus centros de talasoterapia, sus palacios, sus callejuelas y sus tiendas de productos típicos del País Vasco francés. Echa un vistazo a nuestro artículo Qué ver en San Juan de Luz y alrededores para convencerte.

De momento, mencionamos una: la Maison Adam. Si quieres comer los macarons que probó en 1660 el mismísimo Luis XIV, este es tu sitio. La receta, dicen, no ha cambiado desde entonces. Damos fe de que están de muerte. Aunque su pastel vasco con crema pastelera nos gustó aún más. Debería estar penado irse del País Vasco francés sin probarlo. Tienen otra tienda en Biarritz y se conservan muy bien de viaje, no decimos más. Para el resto, echa un vistazo a nuestro artículo sobre tiendas de San Juan de Luz.
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Para hacer noche te recomendamos el Hôtel Madison, en pleno centro, con habitaciones cómodas, desayuno muy rico y un pequeño spa en el sótano.
Literalmente pegado a San Juan de Luz está Ciboure. No te llevará mucho tiempo el paseo por su casco histórico y no puedes perdértelo. No olvides entrar en la iglesia de Saint Vincent –¡qué bonitas son esas iglesias de Iparralde con sus tribunas de madera!–, subir a la Tour De Bordagain y acercarte al Fuerte de Socoa.

4. El tren de Larrún, la atracción más visitada del País Vasco francés
Si hay un pico mítico en los Pirineos de Iparralde, compartido con Navarra, es el pico de Larrún –La Rhune en francés–. No es muy alto, 905 metros de altitud, pero sus vistas de 360º son espectaculares. Y nos lo hemos tenido que currar para comprobarlo. La primera vez que subimos lo hicimos con una mala compañera: la Sra. Niebla. La segunda, como valorando el esfuerzo, nos dejó ver el paisaje.

Se puede subir andando, aunque la ruta es complicadilla y hay que ir con buen calzado. La otra opción, en verano, es hacerlo con el tren cremallera de La Rhune, en funcionamiento desde ¡1924! Hemos vivido las dos versiones, con niebla y con sol, y ambas tienen su encanto con los pottokak –los caballos salvajes locales– pastando en el monte.

Te damos todos los detalles de nuestras dos experiencias en el artículo sobre el tren de Larrun.
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Antes o después de subir en el tren de Larrun, resérvate un poco de tiempo para visitar un par de pueblos cercanos. Hablamos de Itxassou y Bidarray: con sus caseríos y su entorno natural.
5. Biarritz y la Costa Vasca, surf y lujo
“No conozco lugar más encantador y magnífico que Biarritz”, dijo Victor Hugo. Y es que la ciudad francesa es sinónimo de deporte –por aquí llegó el surf a Europa y el número de campos de golf es una cosa loca–, de bienestar –con sus centros de talasoterapia– y de lujo –con su mítico Hôtel du Palais–.

Este pequeño puerto de pescadores creció y se convirtió en meca de toda la jet-set europea gracias a Napoleón III y, sobre todo, a su mujer Eugenia de Montijo. Desde entonces, no ha perdido ni una pizca de charme. Un paseo desde el faro hasta la Rocher de la Vierge y una puesta de sol sobre la Grand Plage justifican por sí solos el viaje hasta aquí, pero hay mucho más que ver en Biarritz.
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Hemos dormido un par de veces en Biarritz y nuestro hotel favorito ha sido el hotel Windsor. Si quieres darte un capricho, siempre está el Hôtel du Palais.
Muy cerca de Biarritz –formando junto con Bayona la BAB, Communauté d’agglomération de Bayonne-Anglet-Biarritz– está Anglet. La ciudad es famosa sobre todo por sus playas, que le han dado el apodo de “pequeña California”. Incluso hay un paseo de la fama del surf, la Surf Avenue, con huellas –de los pies en la posición de la tabla– de muchos surfistas famosos. Aunque solo sea por ver la puesta de sol, merece la pena acercarse. Eso sí, cuidado, porque los atascos en hora punta para llegar son de escándalo, ¡damos fe!

6. Hendaya, las playas y el Castillo de Abbadie
Si vienes desde Euskadi, tu punto de entrada al País Vasco francés será Hendaya, al otro lado del río Bidasoa, frente a Hondarribia. Aquí se viene a la playa: a caminar por su arena fina, a bañarse, a hacer surf y a avistar los famosos Deux Jumeaux, dos formaciones rocosas apodadas “dos gemelos”.

Pero nuestro rincón favorito de Hendaya está un poco más metido en el interior. Hablamos del castillo de Abbadie, un castillo-observatorio neogótico de finales del siglo XIX que nos voló la cabeza. Lo mandó construir el etnólogo, astrónomo, gran viajero y ferviente defensor de la cultura vasca Antoine d’Abbadie con un estilo… muy peculiar. Desde las esculturas que nos dieron la bienvenida hasta la decoración de todas sus habitaciones, fue un “ohh” tras otro.
7. Espelette y una plantación de su pimiento
El País Vasco francés está lleno de pueblos con encanto con sus típicos caseríos blancos y azules, blancos y verdes o blancos y rojos. Uno de ellos es Espelette que, además, es conocido por sus pimientos, los famosos pimientos de Espelette. Un producto con denominación de origen que es una de las señas de identidad de la gastronomía vasco-francesa. Antes, cada uno los secaba en el exterior de su casa. Todavía hay algunos como decoración en el casco histórico del pueblo. Con esa decoración, tenía que estar entre nuestros pueblos más bonitos del País Vasco francés.

Ahora los secan los productores y puedes ir a ver cómo lo hacen. Además de ver las plantaciones y conocer todo sobre el resto del proceso en sitios como el Atelier du piment. Por supuesto, al final hay cata, y no solo de los pimientos en sí, ¡qué cantidad de productos se hacen con pimientos de Espelette! Del chocolate al queso, pasando por mostazas o mermeladas.
8. Cambo-les-Bains y la Villa Arnaga
Otro pueblo con bonito casco histórico y entorno precioso es Cambo-les-Bains. Además del casco histórico en sí –donde no falta la iglesia con tribunas de madera–, tienes que visitar otros dos sitios. Por un lado, sus termas, donde tienes que pasear por sus jardines y admirar sus edificios art decó y, si quieres, darte unos tratamientos, claro. El otro sitio es la Villa Arnaga, que mandó construir Edmond Rostand, autor de Cyrano de Bergerac. Es uno de nuestros rincones favoritos de la región y uno de los lugares que tienes que ver en el País Vasco francés sí o sí. Desde fuera, el típico caserío –con alguna licencia– y, dentro, lleno de sorpresas. ¡Ah!, los jardines tampoco se quedan atrás.

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Tampoco dejes de ir al Museo del Chocolate Puyodebat. Seguro que te llevas chocolate de recuerdo: ¡qué rico está! Nuestro favorito, el 74% Basque. ¡Una delicia!
9. Sara y sus cuevas
Seguimos con pueblos que hay que visitar en Iparralde. Nos vamos a uno por el que no podía dejar de pasar, y es que lleva mi nombre, por lo menos en euskera: Sara. No te preocupes, aunque no seas tocaya mía, merece la pena pasar por Sare, su nombre en francés. Su plaza, su típica iglesia vasca con tribunas de madera, su frontón… el casco histórico es una joyita.

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Una razón más por la que nos enamoramos de Sara: el Hôtel Arraya, en pleno casco histórico. De hecho, en diferentes edificios históricos unidos entre ellos. Jean Baptiste y Laurence son unos anfitriones espléndidos y el desayuno, a base de productos locales, una delicia.
Pero es que, además, en los alrededores de Sara también hay visitas muy interesantes. Desde la Casa Vasca de Ortillopitz, donde conocer cómo era un típico caserío, hasta el Museo del Pastel Vasco, donde aprender a hacer nuestro postre favorito de la región. Aunque aquí las dos grandes atracciones son el tren de Larrún y las cuevas prehistóricas de Sara. Dos visitas imprescindibles del País Vasco francés.
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Si quieres tener una panorámica bonita de Sara, acércate al mirador que hemos puesto en el mapa de abajo. Más adelante, te encontrarás con otras vistas bonitas y con algunos pottoks –aunque aquí estén algo domesticados– y cerdos de la raza local Kintoa. Puedes subir en coche, pero la carretera no está asfaltada. Si quieres probar algo diferente, hazlo con los “swincars”, los vehículos todoterreno eléctricos de Rando Eko Pays Basque. ¡Aseguramos que es muy divertido! Más cuando vas de piloto que de copiloto…
10. La cueva de la Verna
Más profundidades que visitar en el País Vasco francés, bueno, en este caso entre el País Vasco francés y Bearn. Y es que la cueva de la Verna es tan grande que tiene partes en las dos. De hecho, se trata de la sala subterránea visitable por público general más grande del mundo. Ahí es nada.

Puede que no pensaras meterte bajo tierra tan cerca de los Pirineos, pero ya te aseguramos que la experiencia merece mucho la pena. Tan emocionados acabamos, que tuvimos que contarlo con detalle en La cueva de La Verna, un viaje a las entrañas de los Pirineos.
11. La selva de Irati en el lado francés
La naturaleza no sabe de fronteras. Si la cueva de la Verna se extiende por dos regiones históricas de Francia, la selva de Irati no iba a ser menos, pero por Francia y España. A ambos lados de la frontera los bosques y las rutas de senderismo son las atracciones principales. Así que, cálzate las botas de montaña y a respirar aire puro.

Nosotros tuvimos mala suerte con el clima en nuestro paso, llovió muchísimo y no pudimos hacer la ruta hasta la cresta del monte Orgambidexka –unos 5 km y 3 horas–. Es la más popular, pero ya te decimos que la oferta de senderismo es enorme.
12. La pasarela de Holzarte
Prepárate para ver las gargantas de Oldahubi desde un puente colgante metálico a 180 metros de altura. Tan espectacular como suena es la pasarela de Holzarte. Tendrás que hacer una caminata de unos 2,5 km desde el aparcamiento. Vale, será de subida, porque el aparcamiento está a la altura del río, pero ya verás que merece la pena. Y la vuelta será más sencilla.

Nos gustó tanto que también hemos escrito un artículo sobre la pasarela de Holzarte con todo lo que necesitarás para llegar hasta esos 180 metros de mirador vertical.
13. El sendero del litoral
Nuestro último imprescindible del País Vasco francés es otra ruta: el sendero del litoral. Un sendero que recorre gran parte de su costa. En su origen, unía Bidart –otro pueblo muy bonito, por cierto– y Hendaya. Hoy, los desprendimientos impiden recorrer la zona entre San Juan de Luz y Hendaya, que puedes admirar en coche desde la estupenda carretera panorámica de La Corniche. Pero el tramo Bidart-San Juan de Luz sigue abierto y esperando a senderistas. Nosotros hicimos solo Bidart-Guéthary por falta de tiempo, pero te lo recomendamos mucho. Echa un vistazo aquí a la información detallada sobre el sendero.

Mapa con los lugares que ver en el País Vasco francés
Aquí tienes un mapa con los lugares que visitar en el País Vasco francés, para que organices tus visitas como prefieras y no te pierdas ninguno. Recuerda que también tenemos rutas en coche por el País Vasco francés con todo bien ordenadito y más mapas.
Que no se diga que no hay visitas para todos los gustos en Iparralde.
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