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Los lugares del genocidio camboyano en la Camboya de hoy

Los lugares relacionados con guerras se convierten con los años en atracciones turísticas que, en algunos casos, acaban olvidando parte de esa historia que fue su razón de ser inicial. Pocas veces se piensa en las batallas y en los asedios cuando se visita un castillo medieval –aunque no será por falta de series y películas–. Pero hay historias que no se deben olvidar nunca. Actos que sobrepasan todo lo que asumimos como humano. Hechos que nos ponen frente a frente con la barbarie. Sucesos que parece imposible que hayan ocurrido. Seguro que los del Holocausto y los campos de concentración nazis vienen a tu mente, pero, lamentablemente, no son los únicos… La Camboya de entre 1975 y 1979 es prueba de ello. Sí, hace tan poco tiempo que se perpetró el genocidio camboyano

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Fotos Prisioneras

En 3 años, 8 meses y 20 días de gobierno de los Jemeres Rojos, tres millones de camboyanos murieron ejecutados o por desnutrición, agotamiento, o como consecuencia de torturas. Tres millones de los ocho que vivían en el país: casi un 40% de la población de Camboya murió en el mayor genocidio de la historia cometido por un gobierno contra la gente de su mismo país. Una guerra civil en la que uno de los bandos ni combatía ni estaba armado. Tres millones es el número que manejan los propios camboyanos y es una estimación. Los pocos registros que no fueron destruidos hablan de un millón y medio de víctimas.

Nunca nos hemos sentido igual en ninguna otra parte del mundo. Los sitios que visitamos relacionados con el genocidio camboyano nos helaron la sangre incluso antes de leer los carteles o de oír las audioguías que relataban las atrocidades que habían tenido lugar ahí. En más de una ocasión tuvimos que sentarnos, parar las audioguías, cerrar los ojos, respirar… La sonrisa de un camboyano tiene más valor después de conocer su historia reciente.

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Si estás pensando en visitar el país, no dejes de leer nuestros consejos para viajar a Camboya ni los 7 lugares que ver en Camboya imprescindibles, porque no solo están los templos de Angkor.

La llegada al poder de los Jemeres Rojos

La llegada al poder de los Jemeres Rojos tras una cruenta guerra civil –en la que también colaboraron los bombardeos estadounidenses durante la guerra de Vietnam– encontró a una población agotada, asustada y empobrecida: el 80% de los habitantes vivía en niveles de extrema pobreza. Nada más tomar Nom Pen, se obligó a los habitantes a abandonar la ciudad y dirigirse al campo. Se les dijo que era para protegerles de los bombardeos y que sería solo durante tres días. Jamás volvieron.

Genocidio Camboyano Killing Fields Uniformes Jemeres Rojos

En menos de una semana, se abolieron la propiedad privada y el comercio; se quemaron los billetes del banco central –cuya sede se dinamitó en la capital– y los libros; se cerraron las escuelas, institutos y universidades, así como los teatros, cines o bibliotecas; se prohibió la religión… Dicho así, parece imposible de creer. Más aún si piensas que fue el 17 de abril de 1975. Comenzaba el Año 0.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Terraza

Nacía la Kampuchea Democrática que, como casi todos los países que incorporan la palabra “democrática” en su nombre, no tenía nada de ella. El ANGKAR, aparato del partido que tomaba las decisiones, buscaba despersonalizar a los camboyanos y llevarlos a una utopía comunista sin adaptación ninguna. Tan despersonalizado era todo, que incluso se ocultó quienes formaban parte de él.

¿Sabías que…?


Seguro que te suena Pol Pot en relación al genocidio camboyano. Saloth Sar, su nombre real, era el hermano número 1, pero no se hizo pública su identidad hasta 1978. No fue detenido hasta 1997 y murió, envenenado, al año siguiente, con 82 años.

Los Jemeres Rojos se mantuvieron en el poder hasta enero de 1979, cuando una invasión vietnamita les hizo escapar y refugiarse en la selva. Eso sí, dado que los vietnamitas no estaban muy bien vistos en Occidente, siguieron reconocidos como legítimos gobernantes de Camboya por países como EEUU, Alemania, Gran Bretaña, Francia o China. De hecho, los Jemeres Rojos mantuvieron su representación en la ONU durante casi 20 años más.

Un resumen de la historia del genocidio en Camboya

No vamos a hacer una exposición muy exhaustiva porque no somos expertos y porque ni los propios expertos se ponen del todo de acuerdo. ¿Cómo encontrar un motivo a la locura más infame? ¿Sería posible que entre sus objetivos al llegar al poder estuviera acabar con más de un tercio de la población del país?

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La idea inicial de los Jemeres Rojos era instaurar un gobierno comunista extremo: sin propiedad privada, sin moneda corriente, sin lazos familiares… Para evitar las concentraciones que podrían llevar a sublevaciones, vaciaron las ciudades y mandaron a sus habitantes a diferentes zonas del interior del país con la intención de que trabajaran en el campo. La Kampuchea Democrática tenía que ser autosuficiente y necesitaba arroz.

¿Sabías que…?


Los habitantes de las ciudades recibieron el nombre de “pueblo nuevo” frente a los agricultores del campo o “pueblo viejo”. Mientras que los segundos eran la base del país, los primeros eran parásitos que vivían del trabajo de otros.

El “pueblo nuevo” disminuía camino de sus nuevas ubicaciones en el campo en marchas de días. Una vez en su destino, las jornadas de trabajo de sol a sol y la falta de comida siguieron diezmándolo. Con el tiempo, la falta de técnicas agrícolas –y el hecho de que gran parte de la producción de arroz servía de pago para las armas a China– llevó al “pueblo viejo” a sufrir también la hambruna y a perecer.

Las purgas

El cambio de paradigma, las penosas condiciones de vida y el abandono de la tecnología agrícola pueden arrojar algo de luz. Pero fueron las purgas ideológicas y la paranoia que acabó por afectar a los líderes del movimiento las causantes de las muertes más terribles: las ejecuciones.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Sala Tortura Cama

Tras ejecutar al gobierno anterior y a casi todos sus funcionarios, su primer paso fue “deshacerse” de los que podrían liderar a la población. Profesores, abogados, ingenieros, médicos… fueron detenidos y ejecutados. Los artistas, como miembros inútiles para la sociedad que querían crear, fueron los siguientes. Llevar gafas, tener las manos suaves, hablar un idioma extranjero… se convirtieron en motivo suficiente para ser detenido y desaparecer. Los miembros de minorías tanto religiosas, como tribales también fueron atacados.

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La Kampuchea Democrática no acababa de despegar –más bien todo lo contrario– y sus líderes comenzaron a ver conspiraciones por todas partes. Era la manera de explicar su fracaso. Las conspiraciones también se “descubrían” dentro del propio partido. En 1978 solo quedaba una cuarta parte de los miembros del ANGKAR original. Los demás habían sido torturados y ejecutados. Si eso le pasó a la élite de los Jemeres Rojos, imagina cómo acabaron los cargos inferiores: gran parte en las prisiones y los campos de la muerte.

Genocidio Camboyano Killing Fields Memorial Choeung Ek Calaveras Niveles

¿Sabías que…?


En nuestro paso por los killing fields de Nom Pen encontramos frases como «Mejor matar a un inocente por error, que dejar con vida a un enemigo por error» o “Para desenterrar hierba hay que quitar hasta las raíces”. No había remordimientos y, si se encontraba a un traidor, toda la familia, bebés incluidos, corría la misma suerte.

Las torturas, las ejecuciones, las cárceles… no hay mente capaz de procesarlas.

El final del genocidio

Fue el ejército de Vietnam el que acabó por invadir la Kampuchea Democrática y expulsar del poder a los Jemeres Rojos. ¿Por qué siendo también comunistas? Primero porque los Jemeres Rojos declararon la guerra a Vietnam y ejecutaron a todos los vietnamitas del país. Y, segundo, porque estaban apoyados por China, mientras que los vietnamitas tenían la ayuda de la URSS. La invasión y la posterior ocupación del país no acabó con las muertes: se estima que unos 200.000 camboyanos perdieron la vida tras ella.

Genocidio Camboyano Cambodia Landmine Museum Minas Cenital

Dado que los Jemeres Rojos fueron considerados el gobierno legítimo del país durante años después de la invasión vietnamita, no hubo juicios por el genocidio camboyano hasta el siglo XXI. Es cierto que Pol Pot y otros líderes del ANGKAR fueron juzgados en ausencia y condenados por genocidio en julio de 1979 por el nuevo gobierno camboyano, pero hasta 2001 no se estableció un tribunal dedicado a juzgar a los cabecillas de los Jemeres Rojos.

Libros y películas sobre el genocidio camboyano

Los periodistas que estaban en la capital camboyana cuando fue ocupada por las tropas de los Jemeres Rojos no tardaron en informar de la crueldad extrema con la que se trataba al “pueblo nuevo”. Se refugiaron en la embajada francesa hasta que fueron rescatados, aunque alguno acabó siendo ejecutado.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Bustos Pol Pot

El mundo dio la espalda a esas crónicas y el aislamiento posterior del país consiguió que nadie diera credibilidad a los números. Aún así, los hechos vividos por los reporteros y los testimonios de los refugiados que conseguían escapar a Tailandia y Vietnam sirvieron para escribir varios libros como Cambodge année zéro de François Ponchaud y Murder of a gentle land: the untold story of a Communist genocide in Cambodia de John Barron y Anthony Paul. Echa un vistazo también a Brother Enemy: The War After the War de Nayan Chanda.

Genocidio Camboyano Killing Fields Armas

El cine también se hizo eco del genocidio camboyano, aunque hubo que esperar a 1984, con la película The Killing FieldsLos gritos del silencio en España– de Roland Joffé basada en la historia de Sydney Schanberg y Dith Pran –quien utilizó por primera vez el nombre de killing fields–, dos periodistas que vivieron los primeros momentos del Año 0 en primera persona. Más reciente, First They Killed My FatherPrimero mataron a mi padre en España– de Angelina Jolie basada en un libro de Loung Ung.

La visita a los lugares del genocidio camboyano

Hasta 2011, habían sido descubiertos más de 300 campos de exterminio por todo el país –algunos ocultos en mitad de la jungla y rodeados de minas– , así que siempre habrá uno cerca en cualquier momento de tu visita a Camboya. Hablamos de lugares donde se han encontrado fosas comunes con desde 10 hasta 1.000 personas enterradas en cada una. Unos ochenta de estos campos han sido declarados monumentos oficiales y marcados con estructuras conmemorativas.

Genocidio Camboyano Killing Fields Fosas

De la misma forma, se creó una red de prisiones con más de 200 centros, de los que salía la mayoría de los que acababan en los campos de la muerte, los killing fields. En ellos se torturaba a cualquiera que fuera sospechoso de ser contrario al partido –ya dijimos antes que tres de cada cuatro miembros del ANGKAR acabaron en una de estas prisiones–. Cualquier método era válido para conseguir una confesión y más nombres de colaboradores. Tras obtenerlos, el prisionero era trasladado a un campo de exterminio.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Sala Tortura

Por otra parte, una gran cantidad de la superficie de Camboya fue sembrada con minas antipersona que, incluso a día de hoy, siguen causando víctimas entre la población.

Durante nuestra estancia, visitamos un campo de exterminio –el mayor del país–, una prisión –convertida en museo del genocidio– y el museo de las minas terrestres –cerca de Siem Reap–.

Los Killing Fields y la visita al memorial Choeung Ek

En las afueras de Nom Pen se encuentra el mayor de los campos de exterminio. En una superficie de 2,4 Ha se excavaron 129 fosas comunes para enterrar los cuerpos de unas 20.000 personas ejecutadas.

Genocidio Camboyano Killing Fields Be Quiet

Cada semana llegaban camiones cargados con entre 50 y 70 personas. A partir de 1978, el número subió a ¡300 personas al día! Llegaban hombres adultos, mujeres, niños, bebés, ancianos… no había distinción y los verdugos tampoco la hacían. En ningún caso se utilizaban armas de fuego porque las balas eran caras. Hachas, martillos, machetes, palos, hojas de palma, troncos de árboles…

Genocidio Camboyano Killing Fields Arbol Exterminio

No te vamos a engañar, es una visita que encoge el corazón. No queda prácticamente nada del campo, porque tras la liberación –el 5 de enero de 1979–, la población local arrasó con los edificios para no tener el recuerdo. Pero lo que nos encontramos, junto con las explicaciones de la audioguía con testimonios reales, fue más que suficiente para que nuestro concepto sobre la Humanidad bajara unos cuantos puntos. ¿Qué encontramos? Carteles que cuentan las atrocidades, montículos que señalan las fosas aún no abiertas y restos –huesos, dientes y trozos de tela– que todavía hoy, más de cuarenta años después, siguen apareciendo sobre todo tras la época de lluvias. Además, el hecho de que el lugar sea poco menos que un parque, con su césped y su tranquilidad, hace que el choque sea todavía más duro.

Genocidio Camboyano Killing Fields Estanque

En 1988 se levantó una estupa conmemorativa, el memorial Choeung Ek. La estructura tiene 17 niveles en recuerdo al día 17 de abril de 1975, cuando empezó todo. En los diez primeros niveles hay casi 9.000 cráneos, muchos con las marcas de los instrumentos que se utilizaron para asesinar. La estupa está decorada con símbolos hinduistas y budistas. La búsqueda de la paz está representada con la unión de Garudas y Nagas –enemigos tradicionales–.

Genocidio Camboyano Killing Fields Memorial Choeung Ek
Información práctica

Los killing fields y el memorial Choeung Ek están a unos 13 kilómetros del centro de Nom Pen. Para llegar hasta allí puedes reservar un tour con alguna agencia u hotel, o negociar con un conductor para que te lleve y te espere. Nosotros lo hicimos de esa forma y combinamos la visita con el museo Tuol Sleng del genocidio a la vuelta. El precio habitual para llevarte a los dos sitios y esperarte en los dos sitios es de unos 25 US$. Nosotros cerramos el transporte en la entrada del museo, sin que nos esperase después, en 10 US$.
Abre todos los días de 7:30 a 17:30. El precio de la entrada en el campo es de 6 US$ por persona con audioguía.
No está permitido entrar con hombros o rodillas descubiertos, hombres y mujeres.

La visita al museo Tuol Sleng del genocidio en Nom Pen

Un instituto de Nom Pen se convirtió en la cárcel más secreta y mejor gestionada de los Jemeres Rojos, el centro S-21. Entre doce mil y veinte mil personas pasaron por sus celdas… y solo hay doce supervivientes confirmados. Se conocía como “el lugar en el que la gente entra, pero de donde nunca sale”. En realidad salían, con los ojos vendados y de noche, en camiones hacia los campos de exterminio.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Fotos Prisioneros

Todo estaba registrado y anotado. Las torturas tenían que ser “válidas” y obtener una confesión que debía firmar el prisionero. Los métodos escapan a todo lo que uno pueda pensar y dejan en pañales a cualquier tortura medieval. ¿Qué ser humano sería capaz de tratar así a sus congéneres? Pues niños que habían sido entrenados para no tener ninguna empatía desde que nacieron. El personal de la cárcel eran niños y menores de 20 años, que no sabían leer ni escribir –solo los cargos altos tenían educación– y eran manipulables. Lamentablemente para ellos, muchos acabaron como prisioneros –no había distinción de rango en las purgas dentro del propio partido–.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Edificio A

Gran parte de los registros fueron destruidos a finales de 1978 cuando la invasión vietnamita era inminente. Cuando entraron en la prisión no encontraron nada excepto los cuerpos de 14 personas que fueron los únicos que recibieron sepultura en el complejo. Las torturas que habían sufrido eran tales que fue completamente imposible reconocerlos.

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Edificio B Alambre Espino

El S-21 hoy acoge el Museo Tuol Sleng del genocidio camboyano, tuol sleng es el nombre del árbol del que se extrae la estricnina que crecía en el patio del instituto. Las salas con las fotografías de los presos al entrar, las historias personales de alguno de ellos, las pinturas recordando las torturas, volvieron a hundir nuestra moral ante semejante locura. Por no hablar del alambre de espino colocado en la terraza de uno de los edificios para evitar que los prisioneros se suicidaran arrojándose al vacío, los cubículos construidos dentro de las aulas en los que se hacinaban varias personas, los instrumentos de tortura… De nuevo, no es una visita de la que saldrás con una sonrisa. Nosotros acabamos con mal cuerpo, con la sensación, una vez más, de que no pertenecíamos a la misma especie que había perpetrado semejante barbarie. ¿No pertenecíamos, o queríamos pensar que no?

Genocidio Camboyano Museo Tuol Sleng Torturas

En la salida, dos de los supervivientes tenían sendos puestos en los que vendían libros autobiográficos y respondían preguntas. No tuvimos el valor de acercarnos.

Información práctica

El Museo Tuol Sleng del genocidio se encuentra en St.113, Nom Pen. La entrada es en la esquina de St. 113 con St. 350. Pregúntale a Google Maps cómo llegar o reserva tu tuktuk desde PassApp.
El museo abre todos los días de 8 a 17. El precio de la entrada para no camboyanos es de 5 US$ por persona y 3 US$ la audioguía –compra la entrada solo en la taquilla–. Los camboyanos entran gratis.
Recuerda que no está permitido entrar con camisetas de tirantes ni faldas o pantalones por encima de las rodillas, hombres y mujeres.

El museo de las minas terrestres de Camboya en Siem Reap

Los famosos templos de Angkor también se convirtieron en campos de minas durante el gobierno de los Jemeres Rojos. Como sucedía con los carceleros del centro S-21, eran los niños los encargados de plantarlas. Uno de estos niños, Aki Ra, es el fundador del Cambodia Landmine Museum, en las cercanías de Siem Reap. A los cinco años fue deportado a uno de los campos de trabajo del interior del país y obligado a plantar minas. Desde la década de 1990 se dedica a limpiarlas y, en el museo, cuenta su historia y la de las minas, además de recordar que todavía quedan muchas enterradas, los daños que causan y la necesidad de prohibirlas a nivel mundial.

Genocidio Camboyano Cambodia Landmine Museum Minas Almacen

A diferencia de las otras dos visitas, hablamos de un lugar que, aunque también duro, da esperanza y nos hace recuperar un poco la fe en la Humanidad. Solo un poco, porque cuando vimos la lista de países que, aún hoy en día, no prohiben las minas antipersonas volvimos a perderla.

Información práctica

El Cambodia Landmine Museum está a 25 km al norte de Siem Reap, cerca del complejo del templo Banteay Srey. Cierra con tu conductor la visita al museo en tu excursión del día.
El museo abre todos los días de 8 a 17:30. El precio de la entrada es de 5 US$.
Genocidio Camboyano Killing Fields Memorial Choeung Ek Calaveras

La historia nos demostró, una vez más, que el ser humano es capaz de lo mejor… y de las barbaridades más abyectas. Son visitas duras, pero no hay que olvidar lo que pasó. O incluso descubrirlo, porque en Occidente el genocidio camboyano pasó casi desapercibido.

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