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Mykines, el hogar de los frailecillos en Islas Feroe

  

Uno de los puntos bien marcados en nuestro viaje a Islas Feroe era Mykines. Puede que, de las dieciocho islas que forman el archipiélago, Mykines sea la más famosa, aunque a poca gente le suene su nombre. Es aquí donde habita la colonia más grande de frailecillos de las Islas Feroe y donde se alza el faro más fotografiado del país.

Islas Feroe Mykines Faro Salto

No podíamos dejar pasar la ocasión de acercarnos a estas simpáticas aves, que nos habían esquivado en los acantilados de Moher en Irlanda. Pero, aunque fueron los frailecillos los que nos llevaron hasta allí, algunos de nuestros paisajes favoritos de Islas Feroe salieron de esta pequeña isla. Verdes colinas surcadas por estrechos caminos salpicadas de ovejas, contra uno de los cielos más azules que encontramos en todo el archipiélago: te gusten o no los frailecillos, hay mucho más que ver en Mykines.

Dónde está Mykines en Islas Feroe

Mykines es la isla más occidental del archipiélago y pertenece a la región de Vágar. Sus poco más de 10 kilómetros cuadrados de superficie dan cobijo a una decena de personas en una única aldea, atravesada por el único río de la isla. Aunque en verano, como sucede con muchos pueblos de España, se llena de familias que ocupan las casas de sus antepasados buscando la tranquilidad. ¿Hay que buscar la tranquilidad en Islas Feroe? No, si no eres feroés: para cualquier otra persona, todo el archipiélago es un remanso de paz.

Islas Feroe Mykines Aldea Rio

Visitamos la isla el sexto día de nuestro viaje, así que ya estábamos acostumbrados a las colinas, los acantilados y las praderas. A lo que no estábamos acostumbrados era a que no hubiera coches: en Mykines sólo hay quads para las labores agrícolas. Más paz dentro de un país en el que el estrés no parece haber llegado…

Islas Feroe Mykines Costa

Cómo llegar a Mykines: ferry y helicóptero

Dos son las formas de llegar a Mykines: en helicóptero, desde el aeropuerto de Vágar, y en ferry, desde el puerto de Sørvágur, también en la isla de Vágar.

No íbamos a dejar pasar la ocasión de montar en helicóptero y así hicimos el viaje de ida hasta Mykines. Si crees que te saldrá por un ojo de la cara, todo lo contrario. A pesar de que Islas Feroe, en general, sea un país bastante caro, este servicio está subvencionado por el gobierno y el precio del billete es, al cambio, de ¡menos de 20 €! La duración del vuelo es de poco más de diez minutos, pero, para nosotros, fueron diez minutos de asombro disfrutando de los paisajes que habíamos visto los días anteriores desde una perspectiva totalmente diferente.

Islas Feroe Mykines Tindholmur Helicoptero

El helicóptero es pequeño –ocho plazas–, así que es conveniente reservar con tiempo para no quedarse en tierra. Puedes ver los horarios en la página oficial de Atlantic Airways, la compañía aérea de bandera del país que también se ocupa del servicio de helicóptero.

La vuelta, para probar todas las opciones, la hicimos en ferry. Desde el “puerto” de Mykines –llamarlo puerto es ser generoso– hasta Sørvágur. No sabemos si hay barcos más grandes en otro momento del año, aunque nosotros estuvimos a finales de agosto, temporada alta, pero tampoco es recomendable esperar mucho para llegar. Un consejo: lleva ropa de abrigo y chubasquero para la travesía: si vas en un barco pequeño como nosotros, irás completamente descubierto. Puedes ver los horarios del ferry en la página oficial del servicio de transportes de Islas Feroe.

Islas Feroe Mykines Ferry

Rincón SaltaConmigo: el islote de Tindhólmur


La travesía en barco, además de ofrecer otro ángulo para disfrutar de los acantilados, nos acercó al islote de Tindhólmur. Un consejo, guarda algo de batería en la cámara para esa travesía… nosotros las fundimos con los frailecillos y hubo que tirar de móvil.

Islas Feroe Mykines Tindholmur Ferry

Qué ver en Mykines

Verdes praderas extendiéndose por las laderas de las colinas, ovejas que parecen formar parte del paisaje, la pequeña aldea de Mykines atravesada por el único riachuelo de la isla con sus casas de tejado cubierto de césped, cientos de miles de aves, un precioso faro blanco… no está mal para sólo diez kilómetros cuadrados.

Islas Feroe Mykines Aldea Ovejas

De hecho, todo esto era lo que ya sabíamos que había que ver en Mykines antes de llegar. Una vez allí, nos encontramos, además, con restos del pasado “bélico” de la isla. Durante la Segunda Guerra Mundial, el archipiélago fue ocupado por las tropas británicas que construyeron aquí un radar y un pequeño refugio para el farero. O con el monumento a los pescadores que murieron a finales del siglo XVI: todos los hombres trabajadores de Mykines murieron en el mar al desatarse una repentina tormenta.

Islas Feroe Mykines Monumento

Mykineshólmur y su faro

Nada más llegar a la isla, comenzamos nuestro paseo hacia el islote de Mykineshólmur, literalmente “isla de Mykines”, conectado a Mykines a través de un puente. Lo hicimos con un guía local, Heini. De momento, es posible hacerlo por libre –hay que pagar la entrada en el centro de información y puedes orientarte gracias a un mapa a la entrada de la aldea–. Pero nos comentaron que pronto, todavía no sabemos cuándo, será obligatorio entrar con guía para ayudar a preservar el espacio natural. Mykines es una zona de protección especial, un sitio Ramsar.

Nosotros tampoco queríamos meternos donde no debiéramos, sobre todo sabiendo que el camino atraviesa la zona de nidificación de los frailecillos, entre otras aves, y que nos encontraríamos con miles de ellos en época de cría –de junio a finales de agosto, septiembre–.

Islas Feroe Mykines Costa

Fue Heini quien nos contó algunas curiosidades de la isla. Una de ellas es que, hace años, las tres familias que la habitaban se prestaban y compartían todo, incluso la comida. Eso sí, ni tocar el agua: el agua siempre ha sido un lujo en la isla –ya dije que sólo hay un río de agua dulce–. O que antes había vacas pastando en los prados pero que ya no se ven. No es que no queden, es que las compraron más grandes para aumentar la producción y con su peso se hunden y no pueden salir a las mullidas laderas de la isla.

Islas Feroe Mykines Puente Mykinesholmur

El paseo continuó hacia el estrecho puente colgante, el Atlantic Bridge, que une Mykines con Mykineshólmur. Este islote está deshabitado, excepto por los cientos de miles de aves que llegan cada temporada para criar. Antes, también vivía el farero –una de las postales más típicas de Islas Feroe es el faro de Mykineshólmur–, pero hace años que está automatizado. De hecho, el padre de Heini fue el último farero.

Islas Feroe Mykines Faro

Frailecillos y más aves: Mykines, el paraíso del avistamiento de aves

El plato fuerte de Mikynes son los frailecillos, y no literalmente…

¿Sabías que…?


La caza del frailecillo está prohibida en Islas Feroe. Su carne, según el guía deliciosa, es muy apreciada, pero el descenso de su población llevó al gobierno a tomar la decisión de protegerlo. A pesar de encontrarnos con cien mil de ellos, Heini recordaba que, durante su infancia, no se llegaba a ver el azul del cielo por la cantidad de frailecillos que sobrevolaban la isla.

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Hoy en día, es posible encontrar frailecillo en algún restaurante –aunque nosotros no los vimos en ningún menú–, pero son importados desde Islandia, donde su caza es legal.

Estas simpáticas aves nos habían dado esquinazo en Irlanda y tampoco las habíamos visto días antes en Gásadalur, así que, en cuanto vimos al primer frailecillo, nos emocionamos. También con el segundo, el tercero, el cuarto… Según el guía, en Mykines anidan unos ¡cien mil! Y no dejamos de emocionarnos con ninguno, ni con el último. Ya he dicho que acabamos con las baterías de las cámaras…

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Es difícil no quedar prendado de los frailecillos. Con sus plumas blancas y negras y su forma torpe de andar –aunque su aterrizaje es aún más torpón–, recuerdan a los pingüinos. Con sus picos coloridos –llegamos antes de que perdieran tamaño y color después de la cría– que parecen pegados a sus pequeñas cabezas, se dan un aire a los tucanes. Con su vuelo agitado –baten las alas hasta 400 veces por minuto–, se asemejan a gigantescos colibríes. Una mezcla explosiva pero fascinante.

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Los vimos parados, en vuelo, de espaldas, de frente, aterrizando, despegando, con peces colgando del pico –anguilas de arena, espadines y arenques–… No dejamos de tener la sensación de que fueran peluches con vida propia. Como pasa con los koalas o con los pingüinos, son casi más adorables en carne y hueso que en “formato” peluche. Algo que no es normal: seguro que si ves un oso en persona no te entran ganas de abrazarlo.

Islas Feroe Mykines Frailecillos

Islas Feroe Mykines Frailecillos

De todas formas, los miles de frailecillos dejan espacio para otros muchos tipos de aves: desde alcatraces hasta gaviotas, pasando por fulmares y paíños. Aves que jamás habríamos reconocido sin el guía y que tenemos que admitir que, ahora mismo, tampoco seríamos capaces de reconocer.

Islas Feroe Mykines Gaviotas

Islas Feroe Mykines Aves

Un pequeño paraíso dentro de otro paraíso. Eso es Mykines, la isla de los frailecillos en Islas Feroe.

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