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El Museo Guggenheim de Bilbao

  

Sólo en Bilbao la construcción de un único edificio podía ser capaz de cambiar toda la ciudad. Durante años la imagen que se tenía de la capital de Vizcaya era la de una ciudad industrial llena de contaminación salida de las chimeneas de sus fábricas y con una ría a la que era mejor no acercarse. Trabajo duro, desempleo, reconversión… ¿quién pensaba en un museo? Pues alguien lo hizo. Convirtió la ciudad en un referente cultural y lo demás –más de un millón de visitantes al año desde su inauguración– llegó después. Alguien tuvo la idea de construir el museo Guggenheim de Bilbao.

Bilbao Guggenheim Entrada Salto

Fue de las primeras veces que la construcción de un edificio y su uso como museo cambió una ciudad –y su región–. Si el Museo Guggenheim lo hizo con Bilbao en la década de los 90 del siglo pasado, el Louvre lo acaba de hacer con Lens, y el Centro Niemeyer lo está haciendo con Avilés.

La antigua ría de Bilbao

Una zona industrial que estaba comenzando a ser abandonada en la orilla de la ría del Nervión se convertiría por obra y gracia de Frank O. Gehry en la seña de identidad de Bilbao en el mundo entero. La idea inicial no era esa. Cuando desde la Fundación Guggenheim decidieron ampliar fronteras y crear una sede en Europa se planteó rehabilitar un antiguo almacén… Por suerte para nosotros, Gehry pensó que construir un edificio sería mejor idea.

Bilbao Guggenheim Puesta Sol

Y, puestos a construir un nuevo edificio, ¿por qué no hacerlo a lo bilbaino? Supongo que Gehry se pasaría por alguna sidrería de la ciudad y al oír hablar a los parroquianos y conocer su fama de exagerados, pensó que tenía que proyectar un edificio que le hiciera honor. ¿Que hay que poner metal en las paredes? Pues ponemos titanio, ponerle tejas de cerámica ya estaba muy visto. ¿Que no tiene que sobresalir frente a los demás edificios? Pues lo construimos a la orilla de la ría y ponemos una escalera para bajar… Después de eso Frank debió conseguir el título de bilbaíno honorífico, porque los vascos nacen donde quieren, incluso en Canadá.

Numeros vascos del Museo Guggenheim de Bilbao

Por si no le había quedado bastante claro el concepto a Frank Gehry, seguro que más de una vez escuchó el “¡que somos vascos, oye!” cuando planteara alguna dificultad. Como la nimiedad de adaptar un software de uso aeroespacial al diseño de edificios… pues se adapta, o fabricar las 33.000 planchas de titanio que lo recubren… pues se fabrican, ¡ahí va pues! . 24.000 m2 de superficie, casi la mitad útiles para exposiciones, 20 salas, un auditorio, varios restaurantes –uno con estrella Michelin–… dejan claro que por vascos no iba a ser. Tras cuatro años de obras, el Museo Guggenheim de Bilbao se inauguró en octubre de 1997.

Bilbao Guggenheim Ria

Todo el mundo conoce el exterior, pero el interior es igual de espectacularbueno, algo menos espectacular…–. Eso sí, no siempre las exposiciones acompañan al gusto del visitante, así que es mejor informarse de qué se muestra antes de lanzarse a comprar las entradas (13 euros). En los cambios de exposiciones –con salas cerradas– se hacen descuentos y, si lo que quieres ver es el edificio, puede ser un buen momento. Ah, no se permite hacer fotos en el interior.

Puppy y Mamá

Las “mascotas” del museo tenían que estar a la altura. Comenzamos con Puppy en la puerta principal. Un perrito de diez metros de altura cubierto de flores que le dan un color diferente en cada época del año. Iba a ser una exposición temporal, pero parece que los bilbaínos le cogieron cariño y ahí sigue el cachorro de Jeff Koons, vigilando la puerta. Se cuenta, haciendo referencia al carácter exagerado de los vascos, que el museo es la caseta del perro.

Bilbao Guggenheim Puppy Jeff Koons

En la parte de atrás del museo nos encontramos con otro animalito, una araña en este caso. Pero araña vasca: una gigante de casi nueve metros de altura y más de veinte toneladas de peso, que lleva en su vientre los huevos de su progenie, de ahí su nombre Mamá. Una arañita obra de Louise Bourgeois.

Bilbao Guggenheim Mama Louise Bourgeois

Entorno del Museo Guggenheim de Bilbao

Puestos a construir un edificio de este calibre, no se iban a parar, así que lo rodearon de paseos, parques, fuentes… En la parte de atrás del museo, junto a la ría, hay un pequeño lago con fuentes de fuego.

Bilbao Guggenheim Puente Zubizuri

El puente que cruza la ría a la altura del museo, puente de la Salve –puente Príncipes de España–, ya estaba ahí y no se podía quitar, pero sí convertir en arte. De eso se encargó Daniel Buren con sus Arcos Rojos. Parecen una forma de dejar claro a los conductores que llegan al centro de Bilbao que están llegando a una ciudad en la que el arte manda. El color rojo es perfectamente visible durante el día y, por la noche, son luces led las que se encargan de mantener el “cartel” de “arte en la ciudad”.

Bilbao Guggenheim Lateral Puente

El poder de un edificio para cambiar una ciudad.

Si quieres ver más edificios de estilo contemporáneo, aquí te contamos cual es nuestro top ten.

  

1 comentario

  1. 8 agosto, 2014 en 12:24 — Responder

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