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Playas del Nordeste de Brasil

  

Las playas del Nordeste de Brasil nos volvían a esperar después de la parada urbana en Salvador. Las de Bahía –Itacaré sobre todo, pero también Morro de São Paulo, Praia do Forte y Arembepe– nos habían conquistado y teníamos ganas de más. Así que pusimos rumbo a los “pequeños” estados de Sergipe, Alagoas y Pernambuco y sus famosas playas. En el viaje nos esperaban muchas sorpresas, algunas mejores que otras…

Maceio Praia Do Frances Trasera

Aracajú, capital de Sergipe, y São Cristóvão

La siguiente etapa de nuestro viaje, siguiendo los consejos que nos dieron en Salvador, era Maceió, en Alagoas, para disfrutar de sus paradisiacas playas. Decididos a no pasarnos diez horas en el autobús –después de la experiencia en el extenuante trayecto de Brasilia a Salvador–, nos propusimos buscar una parada intermedia y nos decidimos por Aracajú, capital del más pequeño de los estados brasileños –exceptuando DF–: Sergipe. Además de ser, por distancia y conexiones, la parada perfecta entre Salvador y Maceió, es una ciudad playera y punto de acceso a São Cristóvão, un pueblo a apenas 26 km cuya Plaza de San Francisco ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Primera sorpresa: Llegar a nuestro albergue escoltados por la policía

A pesar de lo mal que todos los brasileños hablan de los policías, a JAAC no se le ocurrió otra cosa más que preguntarles a ellos cómo llegar a nuestro albergue en la parada de autobús local donde nos bajamos en Aracajú. Nos lo estaban explicando cuando les preguntamos si era seguro ir andando –pregunta de rigor en Brasil– a lo que nos contestaron que sí, que era tranquilo pero que, por si acaso, nos acompañaban. Allá que nos fuimos, en su 4×4, escoltados nada menos que por tres agentes con sus armas y chalecos antibalas, todos muy simpáticos, sobre todo uno que tenía muchas ganas de hablar en castellano, ya que lo estaba estudiando. Gran entrada la nuestra al albergue, dejamos a todos, entre ellos al choco del hostel Rogerio –con quien habíamos contactatado por correo electrónico– que nos esperaba en la puerta, sin palabras.

Segunda sorpresa: Visitar São Cristóvão un domingo por la mañana y luego irse hacia Maceió no es tan fácil

Después del desayuno, nos dirigimos hacia la rodoviaria, la estación central de autobuses, buscando coger un bus a São Cristóvão y comprar el billete para Maceió esa misma tarde. Ahí fue cuando los astros se alinearon, juguetones ellos, y decidieron que no visitaríamos São Cristóvão. Las malas conexiones en los días festivos –era domingo–, cuando pasa sólo un bus cada hora; las palabras de la chica de la oficina de turismo, que nos comentó que el domingo habría poca gente y que tuviéramos cuidado, sobre todo en algunos sitios; las lluvias torrenciales; los horarios de los autobuses a Maceió… Todo nos indicaba que no iríamos a São Cristóvão, y así fue. Con el rabo entre las piernas, nos volvimos a nuestro albergue para darnos una vuelta por la playa, en lo que se había convertido en una visita relámpago a Aracajú.

Maceió, la Praia do Gunga y la Praia do Francés

Tercera sorpresa: ¿esto no está masificado?

Maceió no nos recibió con los brazos tan abiertos como Aracajú. Llegamos con mucho retraso, ya de noche, y nos tuvimos que quedar a dormir en la poco atractiva, por usar un gran eufemismo, zona de la rodoviaria. Pero al día siguiente estábamos listos para rendirnos a la belleza de dos de las mejores playas de Brasil: la Praia do Gunga y la Praia do Francés.

Maceio Praia Do Frances Cocos

Para llegar a ambas desde la rodoviaria, hay que ir, para coger unos minibuses, a una estación que nos mostró la peor cara de Brasil: suciedad y abandono como no habíamos visto casi nunca antes en el país. A parte eso, llegamos sin problemas a la Praia do Gunga. El minibús para encima de la playa, frente a un restaurante con un mirador sobre la impresionante extensión de palmeras que llegan hasta el mar. Desde el restaurante, una pequeña carretera baja hasta la que la guía definía como una playa “idílica y poco visitada”. Claro que la guía tenía tres años y cuando la escribieron no debía de estar tan llena de chiringuitos y domingueros… Nos pasó como en Morro de São Paulo: nos pareció que el lugar había perdido gran parte del encanto que debía de haber tenido. Eso sí, andando un poco y alejándose de los chiringuitos se pueden encontrar aún algunos rincones más bonitos y con menos ajetreo…

Maceio Praia Do Gunga Palmeras Panorama

Maceio Praia Do Gunga Palmera Buggy

La Praia do Francés, por otro lado, nos sorprendió gratamente. A pesar de estar más cerca de Maceió y de tener bastantes domingueros, sus coqueiros y sus olas siguen teniendo mucho encanto. Cómo no nos iba a gustar una playa en la que pasan vendedores ambulantes con sus carritos de ¡CHURROS! y ¡CHURRASCO!

Maceio Praia Do Frances Churrero

Maceio Praia Do Frances Completa

Todavía quedan más playas, continuará…

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4 comentarios

  1. 12 julio, 2013 en 09:51 — Responder

    Ganas de visitar Brasil aumentando más y más…

    • 16 julio, 2013 en 12:39 — Responder

      Pues nada, sólo es coger un avión 😉

  2. Juan P.
    31 julio, 2014 en 10:45 — Responder

    De las que mencionás, conozco algunas, como Praia Do Forte. Bueno, estuve hospedado en un All Inclusive allí. La playa no era muy linda. Será por eso que el resort estaba ubicado allí… porque con poca playa, y no muy linda, y con las crecidas de todas las tarde/noches… las piletas del hotel eran lo que más se usaban.
    Aunque el lugar daba para caminar kilómetros por la playa.

    Tengo notas sobre otras playas del norte de Brasil… de algunos lugares de MUY al norte. Es una traducción de una mochilera norteamericana.

    …….
    Para nosotros los Argentinos me parece que Brasil está caro, y es mejor ir al Caribe, que a Brasil (por la relación precio avion / precio hotel)

    • 31 julio, 2014 en 11:05 — Responder

      Muchas gracias por tu comentario, sí Brasil está un poco caro, pero merece la pena 🙂 Praia do Forte no es la mejor playa pero hay muchísimas. ¡Gracias de nuevo por pasarte!

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