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Desde el aeropuerto al Montana Vandrerhjem de Bergen

Domingo, 28/08/2011 (y 4)

El vuelo desde Stavanger ha sido un suspiro, los Symbios también tenían prisa y salen rápidamente a la cinta. Como en todos los aeropuertos de Noruega, los Flybussen de SAS hacen el recorrido hasta el centro de la ciudad.  Sale uno a menos cuarto, hay pantallas que indican los horarios de los autobuses.

Nuestro albergue, Montana Vandrerhjem, está un poco alejado del centro de Bergen. Tendremos que coger otro autobús, el 31, que tiene un horario mucho peor: sale uno cada hora, dos minutos antes de la hora en punto. Al próximo, a las 22.58, no es posible que lleguemos a menos que el Flybussen tarde menos de diez minutos y nosotros seamos muy buenos encontrando la parada. Tendremos que esperar al siguiente a las 23.58.

En el GPS del móvil veo que pasamos relativamente cerca del albergue con el Flybussen, pero el conductor no está nada convencido de que haya ninguna parada cerca. Sabemos que está en una colina-montaña y eso nos quita las ganas de lanzarnos a la aventura. Aquí se toman en serio lo de la contaminación lumínica y no parece fácil orientarse. Lo mejor será llegar al centro y aprovechar para buscar taquillas en la estación de tren para mañana. Si salimos con las mochilas y las dejamos allí, podremos ver Bergen y salir sin tener que volver al albergue, que está a 20 minutos en autobús.

El centro de Bergen, Noruega

Paramos cerca de la estación, al lado de un lago en el centro. Dentro hay un cartel que indica las consignas, pero están todas ocupadas. No sabemos si es que por seguridad no dejan que la gente las ocupe por la noche o que, directamente están todas llenas. Mal vamos. Siguiente parada la estación de autobuses que está al otro lado de la calle. Aquí sí que hay libres. Nos planteamos dejar ya a los Symbios e ir al albergue más ligeros. Mañana dejaríamos a Okihita en otra consigna y listo. Con el buen día que llevamos tomando decisiones será mejor llevarnos todo y pensar bien qué queremos coger y qué dejar, no hacerlo ahora que seguro que nos equivocamos.

La estación de tren y la de autobús están conectadas por un pasillo de cristal elevado. Hay un cartel que indica que está abierto sólo de 7.00 a 23.30. Cuando volvemos de la de autobuses a la de trenes (está más cerca de la parada para el albergue) son las 23.29. Miedo nos da que se cierren las puertas automáticamente y nos quedemos aquí toda la noche…

Después de todas estas idas y venidas, llegamos a la parada del autobús con tiempo de sobra. Por primera vez desde que estamos en Noruega vemos a gente con mal aspecto. No es tanto mal aspecto, es que van completamente borrachos. Un hombre y una mujer con una bici, ella con el casco y todo puestos. Están en la parada del autobús y nadie se acerca a mirar los horarios.

Puntual, a las 00.00, llega el 31. El conductor, qué buena gente son los conductores de autobuses noruegos, nos confirma que va hacia el albergue. Dentro encontramos a un montón de españoles, entre ellos a la pareja de vascos de Preikestolhytta. No sabemos cómo lo habrán hecho para llegar hasta aquí, pero hemos coincidido. Ellos ya estaban en el autobús y no iban en nuestro avión.

En el albergue, después de que atiendan a casi todos los demás, llega nuestro turno. Después de casi todos los demás porque, incluso con el autobús, había que subir una buena cuesta al final y no hemos conseguido adelantar a ninguno. Estaremos en el mismo dormitorio. No, no necesitamos sábanas. Será la 401. Esta vez nos dan una llave para cada uno.

Al entrar en la habitación nos quedamos de piedra. Son nueve literas y están casi todas llenas. No hay ni una luz y con la del móvil buscamos las dos camas que, al menos, tendrían que estar libres. Son dos de arriba, las de abajo están todas copadas. Para molestar lo menos posible salimos y bajamos a los baños. Nos lavaremos los dientes y meteremos todo lo que podamos en los Symbios para no tener cosas que choquen y hagan ruido.

El desayuno es a las 7.30 y tenemos que conseguir que nos reserven en Flåm para esta noche, así que pongo el despertador a las 7.10. El despertador del reloj de pulsera, que es menos escandaloso.

Diez minutos después de meternos en la cama llegan tres, un chico y dos chicas, y mientras se colocan y se dejan de colocar meten suficiente ruido como para sacarnos del primer sueño a Sara y a mí (de esto me enteraré al día siguiente cuando se lo pregunte). Luego, una de las chicas se ha puesto a buscar algo en un neceser con la luz apagada y parecía que estaba agitando un sonajero. No sé si lo encontró o yo me di antes por vencido y me dormí.

Las ventajas de dormir en un dormitorio compartido…

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Comentarios

  • 13 abril, 2012 a las 11:20

    🙂 EN los hostales muchas veces pasan esas cosas… llega gente muy tarde e interrumpe el sueño del resto… es parte de la experiencia del viaje! 🙂

    • 13 abril, 2012 a las 16:01

      Ufff, y esto no ha sido ni de lejos lo peor que nos pasó en un albergue en este viaje!! jajaja lo de Ålesund fue para alucinar… ya llegará!

  • 14 abril, 2012 a las 20:34

    Pues yo he tenido suerte las veces que he usado habitaciones compartidas … aunque pensandolo bien igual estaba demasiado cansado y cai roto en el segundo 2. 🙂

    • 15 abril, 2012 a las 16:48

      Tampoco es que a nosotros nos molestara mucho el ruido 🙂 pero vamos, resultó un poco chocante entrar en la habitación a oscuras con todo por en medio y tener que buscar la litera… No sé, uno espera más organización en Noruega, no? :-O
      Pero vamos, que los albergues fueron empeorando por días, desde el hotel de Stavanger, a Preikestolhytta para llegar a esto… y lo que quedaba!!