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La llegada a Stavanger

Viernes, 26/08/2011 (y 2)

A las seis menos cuarto llegamos al aeropuerto de Gardermoen. Esperamos que, con un poco de suerte, nos hagan como en Estados Unidos. Cuando fuimos a hacer el check-in para el vuelo de vuelta desde Nueva York, como llegamos con mucho tiempo nos metieron en uno que salía antes sin pedir nada. Visto que Noruega que no es lo que se dice barato, suponemos que habrá posibilidad de cambiar el billete por otro anterior, pero pagando. Hemos visto en las pantallas que hay uno a las seis, que ya no podemos coger, y otro a las siete y cuarto, los dos de SAS que es la compañía con la que volamos, a las diez menos cuarto. La simpática del mostrador de venta de billetes nos dice que sí se puede, pero hay que pagar mil y pico coronas noruegas por cabeza, unas 2.500 entre los dos. Teniendo en cuenta que el billete nos había costado unos 140 euros, al cambio ni 1.100 coronas, lo de cambiarlo quedaba completamente descartado.

Entre unas cosas y otras hemos gastado 550 NOK para llegar hasta este aeropuerto y cuatro horas de tiempo esperando. Teníamos que habernos enterado de la existencia de la otra compañía aérea que volaba a Stavanger desde Rygge antes.

Como no tenemos nada que hacer, facturar a los Symbios y dejar de cargarlos será la mejor opción. Ya «sólo» quedan tres horas y media, no sabemos si estará abierto. Esta mañana hicimos el check-in desde el móvil. Me mandaron un sms con una dirección, aunque, si no querías seleccionar asiento bastaba con que respondieras «YES». ¡Qué grandes estos escandinavos! Hay una zona de mostradores SAS que tienen un cartel de «Baggage Drop» (dejar equipaje) y allí que vamos. Como no tenemos la tarjeta de embarque una señorita nos dice que tenemos que ir a las máquinas y con eso ir al final del aeropuerto, a la zona A, para dejar nuestras mochilas, se consideran equipaje especial.

De nuevo ¡qué grandes estos escandinavos! Ya podían aprender los de Lufthansa cómo hacer un programa para facturar. Pones el número del vuelo y está todo hecho. Si quieres poner la tarjeta de pasajero frecuente no hay más que meterla por una ranura y la lee casi antes de que esté dentro del todo. Luego te imprime las tarjetas de embarque y, como tienes que decir cuántas maletas (mochilas) vas a facturar, también te saca las pegatinas para poner en las maletas (mochilas), con unas instrucciones de cómo colocarlas. Te lo hace todo. En la zona A, nos colocan a los Symbios en dos bandejas y allá que van.

Antes de pasar a la zona de embarque damos una vuelta por los restaurantes. Todo es… caro. Sí, ésa es la palabra. Lo que en España cuesta un menú del día aquí lo cuesta un café con una magdalena de chocolate. Un primero, un segundo y un postre, con bebida y pan, mejor ni saberlo. Sara ve unas ensaladas con muy buena pinta. No se ve el precio por ningún sitio. Lo único que tienen son pegatinas en las que pone 28.08 y 30.08. Tiene hambre y, haciendo el cambio a euro, 28 y 30, son casi cuatro euros, que para una ensalada no va mal. Cierto es que para un aeropuerto es un poco justo incluso para España, pero…

Cuando la va a pagar se lleva la sorpresa. No son 28 ni 30, son ¡89! La ensalada cuesta casi once euros y medio. Ya es tarde para decirle que se la quede. Normal que aquí se pueda pagar todo con tarjeta, todo cuesta mucho. Lo bueno es que la disfruta, está muy rica. Para el que se pregunte qué era lo de 28.08 y 30.08 decir que era la fecha de caducidad.

Dentro de la zona de embarque tampoco hay mucho más que hacer. Recorremos un par de tiendas y nos sentamos en una de las puertas de salida. Para ser el aeropuerto de la capital del país no parece que tenga mucha actividad. En la pantalla está nuestro vuelo y faltan tres horas para que salga. En Barajas, con tres pantallas que es lo que tienen aquí, no da ni para los vuelos de una hora si me apuras. No debemos ser los únicos que estamos esperando a un vuelo, porque los paseantes que vemos son siempre los mismos, arriba y abajo.

Aquí cada vez hace más frío. Todavía acabaremos por constiparnos el primer día en el aeropuerto. No hace tanto frío fuera, pero deben estar acostumbrados a su invierno y necesitan menos grados que el resto del mundo. Aunque los que vemos van demasiado vestidos. Algunos llevan cazadoras con jerséis y nosotros llevamos bermudas y, yo, camiseta. Sara se puso la sudadera nada más coger a Symbia en Rygge. Tengo claro que, en cuanto lleguemos a Stavanger, sacaré la cazadora.

Este vuelo sale puntual y bastante vacío. Es el último de SAS, pero Norgewian.no (una low cost) también tiene esta ruta y mientras esperábamos han salido otro par de los suyos y a las diez y media el último.

Esta vez sí que vemos despegar, dormimos un poco en la terminal, no había nada que hacer… pero al poco rato nos dormimos. Son unos cuarenta minutos y al rato veo que el avión comienza a bajar y que sólo hay agua debajo. Sigue bajando y sigue habiendo sólo agua. Cuando ya está a punto de llegar al agua, empieza la pista de aterrizaje, pero por el lado de nuestra ventanilla veo que el agua sigue estando allí, pegada a la pista.

Otra razón más para decir que son grandes los escandinavos, en este caso los noruegos, es que la gente no comenzó a desabrocharse el cinturón de seguridad y a encender los móviles nada más poner las ruedas en tierra, todo el mundo esperó a que se apagara la luz de cinturones y los móviles no se encendieron hasta que la puerta del avión no estuvo abierta.

El aeropuerto de Stavanger le da mil vueltas al de Rygge. De entrada, tiene fingers para los aviones. Aquí también está lloviendo, a última hora en Oslo se puso a llover a cántaros, así que se agradece más todavía lo del finger. El que no tiene esa ventaja es Symbio, que llega mojado a la cinta.

A esta hora está todo cerrado, pero cerrado de una forma particular. Hay una librería que tiene todos los libros en mesas apilados y que su cierre de seguridad es una cinta como la de las colas de facturación que «impide» acercarse. ¡Y la gente no se lleva los libros!

Tampoco vemos un mostrador de información, pero sí un cartel indicando el autobús que lleva hasta la ciudad, el SAS Flybussen. La parada está según se sale un poco a la derecha. Allí estaba.

El conductor es un tipo súper-agradable. Le decimos que vamos al Hospital Universitario, el albergue está dentro del complejo del hospital y también sirve de hotel para los parientes de los pacientes. Nos pregunta si queremos un ida y vuelta, porque nos ahorramos 45 NOK cada uno. El billete es abierto y se puede usar durante 30 días, así que perfecto, pasado mañana cogeremos otro avión desde aquí.

Nos marca en el mapa, que nos da, donde está el albergue (ya lo sabíamos porque llevo descargado el mapa de la ciudad en el móvil) y nos dice qué autobús tenemos que coger. Por las mañanas te puedes bajar de éste y andar un poco alrededor de un lago para llegar, pero ahora es de noche y está medio lloviendo. Es el número 4 que se coge en la estación central de autobuses, de todas formas él nos indicará. Ya que estamos le preguntamos si los autobuses locales se pueden pagar también con tarjeta, éste sí se puede. Nos dice que no, así que Sara vuelve a entrar al edificio del aeropuerto para sacar dinero del cajero. No parece que las oficinas de cambio tengan mucho tirón por aquí.

Justo antes de salir montan dos mujeres de Suramérica, casi seguro que de Colombia, y le preguntan al conductor por un sitio de información de hoteles. No tienen reserva en ningún sitio y buscan donde dormir. Al oírnos hablar nos preguntan si nosotros tenemos. Sí, en el albergue. Y se deciden por venir con nosotros hasta el albergue a ver si tienen sitio también para ellas. Una nos cuenta que tenía una reserva o eso creía, pero que se la han cancelado en el último momento. Habían encontrado sitio en un hotel pero les pedían 180 euros por una habitación y eso es demasiado para ellas. Para ellas y para el común de los mortales.

Con el mapa del móvil sabemos la parada del autobús que nos deja frente al hospital. Lo que no sabemos es cómo llegar al edificio del albergue entre todos los del complejo. Le damos una vuelta al aparcamiento antes de encontrar como se entra.

Este albergue es como el de Colonia, más que un albergue es un hotel de tres estrellas. Tres plantas de habitaciones y dos de garaje. En la planta de la recepción un restaurante y una tienda abierta las 24 horas. Más aún, son puertas con llaves electrónicas, que hay que usar, obviamente para abrir la puerta, pero también para subir en los ascensores. Esto no nos lo dicen y nos cuesta un poco conseguir que se mueva.

Cuando llegamos arriba la puerta no se abre, y eso que hemos hecho dos viajes. La primera llave no consiguió que se moviera el ascensor pero han entrado unos italianos que iban a la segunda y nos hemos dejado llevar. Desde la segunda a la tercera, la nuestra, no ha habido manera de que subiera. Hemos bajado y buscado las escaleras. En la puerta de las escaleras de la tercera planta también había que usar la llave para poder pasar y tampoco ha funcionado. Hemos tenido que bajar las tres plantas andando y, por suerte, en la baja no había puerta. Al ir a quejarnos Sara ha visto que había dos tarjetas más en el papel de la habitación. En el ascensor la segunda ha conseguido que se moviera, pero al llegar a la puerta de la habitación no ha habido manera con ninguna de las tres. Con una se encendía la luz verde pero se ponía roja antes de que diera tiempo a abrir.

Sara ha bajado mientras yo me quedaba en la puerta con todo. Las dos mujeres colombianas han salido del ascensor. Nos han dado las gracias, han conseguido una habitación, la última y para mañana no hay sitio.

Sara vuelve con la de recepción. Por lo que le ha contado debe ser que se ha quedado sin batería la cerradura de la puerta. No nos puede dar otra habitación porque está todo lleno y no sabe como se cambia, así que nos abre con la llave y nos dice que, si salimos los dos, tendremos que pedir en recepción que nos vuelvan a abrir.

La habitación, como suponíamos, es más de hotel que otra cosa. Lo único que demuestra que estamos en un albergue es que en la cama está el edredón y las sábanas dobladas. Cada uno se hace su cama. Pero el baño está genial con una ducha con mampara de cristal y toallas, incluso hay una televisión y conexión wifi.

Sacamos un paquete de crackers, en este viaje no hemos esperado nada para tirar de la comida, y un poco de fuet para cenar. Al ser vuelos dentro de Europa y, el internacional, con una low cost no nos han dado nada de comer en ningún momento. Ni de comer, ni de beber.

La conexión no va muy bien, debemos estar demasiado lejos. Una de las veces que conseguimos conectar nos pide un usuario y una contraseña. Llamamos a recepción, también hay teléfono, para preguntar y nos dicen que es gratis, pero que tenemos que bajar para que nos impriman los datos. Pocas ganas de bajar tenemos, pero… Bajo.

Antes le ha dado a Sara los horarios de los ferrys a Tau. Para ir al Púlpito, Preikestolen, hay que coger un ferry a Tau y desde allí un autobús que te deja en el comienzo del camino, al lado del albergue. Tras una caminata de dos horas se llega a la roca. En la guía dice que hay uno a las ocho de la mañana y otro a las nueve y media. El desayuno, incluido, es de ocho a once y no queremos perderlo. En el horario aparecen muchos más barcos, prácticamente cada media hora o tres cuartos. Le vuelvo a preguntar a la chica si valen todos o si hay alguno concreto que conecte con el autobús y otros que haya que esperar. Me dice que no, que valen todos. Perfecto, podremos desayunar.

Sungin se conecta a internet, metemos el usuario, pero sigue estando muy lejos y se desconecta cada dos por tres. Decidimos que lo mejor será irnos a la cama y mañana, cuando desayunemos en recepción, mirar una publicidad que hemos visto en la revista de información turística de la región de Stavanger. Te llevan al Púlpito y a Kjerag. Habíamos descartado Kjerag porque nos parecía que estaba muy lejos. Según las guías hacían falta nueve horas para una excursión hasta allí desde Stavanger. No sabemos si habrá alguna manera de llegar desde el Preikestolen.

Mañana será otro día, que éste, entre unas cosas y otras, ha acabado siendo muy largo.

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Comentarios

  • Purkinje
    20 diciembre, 2011 a las 10:07

    Desde luego es un post más que interesante para preparar una visita a Noruega!! Gracias por publicarlo. Me lo guardo!

  • JAAC
    21 diciembre, 2011 a las 08:46

    Hola Purkinje!
    Me alegro de que te interese… ya sabes, si alguna vez vas a Noruega y quieres ir a Stavanger, coge un avión desde Rygge 🙂

  • Purkinje
    21 diciembre, 2011 a las 09:43

    Jejeje, lo tendré en cuenta… pero mi idea es ir en autocaravana o furgoneta… a ver si podemos.

  • JAAC
    22 diciembre, 2011 a las 09:50

    No es mala idea, hay un montón de campings en todo el país. Las noches que no quisierais dormir en la autocarabana tienen también cabañas la mar de cómodas y preparadas 🙂

  • Olatz
    8 febrero, 2016 a las 14:27

    Hola, me están encantando vuestros post. La verdad es que estoy organizando un viaje a Noruega y quería saber cuál es ese Hostel de Stavanger, porque por «Youth Hostel» me aparecen 4 distintos. ¡Muchas gracias de antemano!

    • 14 febrero, 2016 a las 10:06

      Hola Olatz y bienvenido al blog 🙂
      ¡Muchas gracias por tu comentario! El albergue en el que estuvimos nosotros es el Stavanger St.Svithun, está dentro del complejo del hospital.
      Buen viaje 🙂