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El mausoleo de Akbar

Sábado, 25/06/2011 (4)

El mausoleo de Akbar no está en la ciudad de Agra, se encuentra en Sikandra a unos diez kilómetros al noroeste del fuerte de Agra. Según la guía llegar no es demasiado fácil porque no hay nada que vaya para allá. Una línea de autobús, la que une la estación del fuerte de Agra con Mathura pasa por allí. Lo cierto es que estamos, o debemos estar cerca de la parada, pero ya hemos tenido suficientes autobuses como para tratar de evitarlos lo más posible. Diez kilómetros no son tantos para ir en tuctuc, más lejos y, seguramente con peor carretera, estaba el Fuerte del Tigre y hasta allí que nos llevó Ilu.

Comienza la búsqueda del conductor adecuado. Cualquiera puede valer, pero lo que hay que conseguir es un precio razonable. En la guía también dan esa posibilidad y lo que dan como precio normal son 120 rupias para ir y volver con tiempo para ver la tumba.

A la salida del fuerte hay un montón de tuctucs, no nos pasa como a la salida del mausoleo de Itimad-Ud-Daulah que no había ninguno libre. El problema es que los conductores no han debido leer la Lonely Planet porque su precio sugerido está por encima. No es que a nuestro amigo se le haya ido la cabeza y nos haya pedido un precio de locura. Son 200 rupias por la ida, la vuelta y la espera.

Toca regatear, tampoco mucho tiempo porque hay muchas opciones. Ya sabemos que los conductores reciben dinero de las tiendas cuando llevan clientes, aunque no compren. El conductor nos lo deja muy claro: si estamos dispuestos a ir a dos tiendas nos dejará el precio en las 120 que le hemos dicho. Es evidente que cada tienda le da, al menos, 50 rupias por cada “visita”. Ya hemos estado en tiendas, sin comprar, y no hemos conseguido nada a cambio. En esta ocasión acercarse a la tienda supone un descuento de cien rupias y con esto acabará el día turístico así que no hay más que hacer. Aceptamos las dos paradas y nos montamos con él.

Al cerrar el precio el que creíamos nuestro conductor llama a otro. Debe ser su representante. Por primera vez montamos cuatro en un tuctuc. El conductor y su representante en la parte de delante y Sara y yo en el asiento de atrás.

Antes de darnos cuenta llegamos a un gran parking delante de la tumba de Akbar. Esto está lleno de autobuses y de tuctus. Tantos que parece el aparcamiento de un centro comercial y nos tenemos que fijar en algo, lo que sea, para luego saber dónde tenemos que ir a por nuestro transporte. No será una situación preocupante porque no hemos pagado nada todavía. Si no lo encontramos después, vamos, que ellos también se tienen que preocupar un poco, hay un montón dispuestos a llevarnos a donde queramos. De camino al mausoleo ya nos lo han dejado claro con sus ofrecimientos.

El mausoleo de Akbar fue promovido por el propio Akbar. No dejó que sus descendientes decidieran cómo enterrarlo y, a diferencia de su antepasado Tamerlan, sí que está enterrado en él. La construcción comenzó en 1604 y se finalizó entre 1612 y 1614. Akbar murió en 1605 por lo que, a pesar de seguir sus planes, el mausoleo fue acabado durante el reinado de su hijo Jahangir, con sus mejoras y modificaciones.

Como el Taj Mahal y el Pequeño Taj tiene una gran puerta que separa el jardín y la edificio de la tumba propiamente dicha del exterior. Aquí se trata de la Puerta Grande, Buland Darwaza. A diferencia de las otras esta puerta tiene alminares en sus esquinas en lugar de pequeñas cúpulas. La intención era imitar a la Bulan Darwaza de Fatehpur Sikri, lo consiguieron en su magnificencia. Entre sus decoraciones hay textos en árabe ensalzando las virtudes de Akbar y de Jahangir.

El mausoleo está construido en arenisca roja, el material favorito de Akbar, pero cuenta con incrustaciones de mármol blanco, un primer paso hacia el cambio de material de construcción. Como el Panch Mahal de Fatehpur Sikri la estructura de cinco plantas va disminuyendo en tamaño conforme sube, aunque no acaba con un kiosco como aquella, sino que, parece que se truncó su crecimiento. La última planta está construida enteramente en mármol. En el jardín exterior hay ciervos pastando, como debía ser en la época de Akbar.

En este caso el edificio está en el centro del charbagh, el behistan, en lugar de la pared del fondo. Cada una de las paredes de la muralla cuenta con una puerta orientada a uno de los puntos cardinales. El interior está totalmente decorado, los techos tienen un trabajo increíble con textos en árabe.

La mujer de Akbar, Mariam, la madre de Jahangir también está enterrada en el complejo, pero en otro edificio.

Cada vez vamos encontrando menos turistas extranjeros, aquí sólo una pareja, pero sí que hay bastantes familias indias. Lo que ya resulta extraño, quién nos lo iba a decir al principio del viaje, es que aquí no nos han pedido hacerse fotos con nosotros ni a nosotros. Ya nos habíamos sentado a descansar un poco en el Fuerte Rojo y ahora lo que queríamos era verlo todo pero sin parar demasiado para volver al hotel cuanto antes, con su cooler y su nevera llena de botellas de agua en la recepción.

A pesar de que nos costó un poco orientarnos conseguimos encontrar a nuestros conductores. Estaban charlando tranquilamente con otros sentados en unos poyetes y, como todos los tuctucs son prácticamente iguales yo pensé que el suyo era el que estaba más cerca. Antes de sentarme, mientras veía que me miraban extrañados, Sara me dijo que no era ése. Bueno, tampoco pasa nada, que les pongan matrícula.

El viejo nos recuerda que ahora nos tocaba “pagar” las cien rupias de descuento entrando a un par de tiendas. Como nos ve con pocas ganas de comprar nada nos deja claro, una vez más, que no hay ningún compromiso de compra, a él le dan las 50 rupias sólo con que entremos. Eso sí, nos dice que tenemos que estar, como poco, diez minutos en cada tienda antes de salir.

En la primera tienda a la que nos lleva ni siquiera nos miran. Pensábamos que sería una como las de Jaipur en las que nada más entrar se te pega uno de los vendedores y no hace más que ofrecerte cosas y sacarte mercancía para enseñártela. Nos habíamos preparado para no sentir la culpabilidad habitual al ver que sacan y sacan mercancía sabiendo que no tenemos intención de comprarla, pero nos evitaron el «mal momento». Por un momento nos sentimos en Europa otra vez. La tienda, de un par de plantas y aire acondicionado que se agradece muchísimo.

A los diez minutos de reloj salimos y vemos como nuestro conductor sale por una puerta de servicio al mismo tiempo. Debían estar controlando que no saliéramos antes de tiempo.

La segunda tienda es más de lo mismo. La entrada está cubierta con losas de mármol blanco, casi parece otro mausoleo. Incluso más occidental, hasta tienen etiquetas con los precios de la cosas. Pero vaya precios. Es cierto que las estatuas y las figuras son impresionantes, pero cuestan miles de euros. Aunque tienen precio siguen teniendo un punto indio, en este caso sí que nos acompaña un vendedor por las cuatro plantas de la tienda y nos va ofreciendo cosas aunque con mucha sutileza. En algunos momentos lo único que hace es acompañarnos, casi como si no se fiase de que le fuéramos a robar alguna cosa.

Con el tiempo cumplido salimos para que nuestro amigo nos sonría y nos lleve al hotel. Por su sonrisa intuimos que no son sólo 50 rupias las que le dan por cada tienda. Deben ser más y, al final, debe haber conseguido más de las 220 rupias que nos dijo a nosotros.

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Comentarios

  • 28 noviembre, 2011 a las 21:24

    Este lugar no lo tenía tan en cuenta, porque digamos era más de lo mismo, nos centramos en ver si podíamos ir a Fatehpur Sikri, pero al final nos vimos nada que fuera realmente económico.

    Me fascina el nivel de vigilancia que tienen los conductores en la India, siempre aparecen el momento justo para que no nos vayamos sin pagar xDD

  • JAAC
    12 diciembre, 2011 a las 21:07

    La verdad es que llega un momento que todo se va pareciendo, pero sí que se puede ir notando la evolución. En este caso de mucho rojo y poco blanco hacia el blanco total del Taj Mahal.

    Es su medio de vida y, aunque parezcan que están de charla con otros conductores y no te hacen ni caso, siempre tienen un ojo puesto en el cliente 🙂