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Reservas, reservas, es la guerra

  

Sábado, 25/06/2011 (5)

De vuelta al hotel decidimos descansar un poco. Después de una jornada maratoniana en la que hemos visitado el Taj Mahal, el Pequeño Taj, el Fuerte Rojo de Agra y el mausoleo de Akbar nos merecemos un poco de relax. Por supuesto, nada más entrar cogemos un par de botellas de agua de la nevera de recepción. Con todo lo que hemos sudado esta mañana, el calor sigue pegando fuerte en Agra, nada más entrar en la habitación nos vamos a la ducha. Por el camino hemos encendido el cooler.

Después de la ducha comemos un poco en la habitación, crackers con paté de pollo. Sólo quedan dos noches de viaje. La de hoy está cerrada, dormiremos en Agra sin cambiar de hotel. Pero mañana deberíamos dormir en Delhi, preparados para coger el vuelo al día siguiente, y no tenemos un sitio donde hacerlo.

El vuelo de vuelta sale a las nueve de la mañana. Lo mejor será coger un hotel que esté relativamente cerca del aeropuerto. No nos fiamos del tráfico de la ciudad, nos preocupan bastante sus atascos y el caos de sus calles. Aprovechando la conexión de internet comenzamos a buscar hoteles. Aparecen varias opciones pero no responden a nuestros correos con la suficiente velocidad. Encontramos uno que incluye el traslado desde el aeropuerto. Nosotros llegaremos en tren a Delhi pero nos gustaría que incluyera el traslado para irnos.

Mientras esperamos que nos respondan buscamos otras opciones y acabamos por dormir un poco. Al despertar no tenemos respuesta. Se nos acaba la paciencia. En booking.com hemos encontrado una oferta para el Hotel Eurostar International. Según la página está a 10 minutos del aeropuerto y el mapa lo confirma. Los comentarios de la página son bastante positivos, sin ser maravillosos, y el precio no está mal. Son 1.300 rupias, como el de Ajmer. Son los más caros que hemos reservado en todo el viaje.

Con la reserva cerrada lo siguiente es encontrar un medio de transporte que nos lleve hasta Delhi. En la página de los billetes de tren nos encontramos con que no hay disponibilidad. Todos aparecen con lista de espera, ¡de más de 100 personas! en todos los casos. Eso no nos asusta. Saldremos a buscar una agencia de viajes para confirmar si hay o no.

La distancia entre Agra y Delhi es pequeña, 200 kilómetros. Estamos convencidos de que habrá gran cantidad de autobuses. Seguro que alguno de ellos es para turistas. No estamos en temporada alta, pero la línea entre las dos ciudades más famosas del país nunca estará vacía. También le hemos echado un ojo a los autobuses. Hay bastantes, salen cada dos o tres horas. No queda muy claro cuál es su precio porque no se puede avanzar hasta ese paso, pero vemos uno que nos convence por el horario.

Preguntamos al de recepción por esto. Teníamos razón, nos dice que son de turistas y que tienen aire acondicionado. De todas formas nuestra primera opción sigue siendo el tren, que ya hemos sufrido bastante los autobuses indios. Una vez más tenemos que esquivar el intento del de recepción por conseguirnos un tuctuc amigo y un todo amigo.

La estación de autobuses está cerca del hotel pero nos dice que no se pueden reservar los billetes. Hay que ir a comprarlos directamente antes de que salga. Nos parece un poco arriesgado. Cierto que no hemos encontrado mucho turista en el país, pero los indios también viajan y ya hemos llegado hasta aquí con un billete de tren de Second General. Mañana tenemos que llegar a Delhi como sea y cuanto antes para poder hacer alguna visita. Luego habrá que ir al hotel que está cerca del aeropuerto y no habrá más tiempo para hacer turismo.

En la calle nos encontramos con el conductor de esta mañana, el que nos llevó al Taj Mahal pasando por el cambio de moneda. Le pedimos que nos lleve a la estación de tren. Nos pregunta a dónde queremos ir. Al decirle que a Delhi nos dice que es mucho mejor ir en autobús. Da la casualidad de que esta mañana ha llevado a otro turista a la estación para comprar un billete a Delhi y no lo ha conseguido. Todos los trenes estaban llenos y ha tenido que hacer varios viajes. Como el de recepción nos sugiere que hagamos el viaje en autobús. Según él son autobuses grandes, Volvo, con aire acondicionado, para turistas. Además nos dice que son más baratos que los trenes. Esto nos extraña bastante porque hemos visto los precios de los trenes y son muy bajos.

Descartamos lo de ir a la estación de trenes ya que todo parece indicar que sería inútil. En India todo el mundo conoce a alguien. Nuestro conductor conoce una agencia de viajes que vende billetes de autobús. No se pueden reservar en la estación pero sí por internet. No estamos muy convencidos pero el caso es que tenemos que ir a alguna y sabemos que en todas nos van a timar. Debe estar muy cerca porque nos pide sólo 20 rupias por llevarnos. En este caso las 20 rupias no son por la carrera, porque son tres minutos escasos, sino por el servicio de mapa que nos lleva a una agencia.

Por el camino le contamos que, como esta mañana cambiamos lo justo, no creemos tener suficiente dinero para pagar. Nos dice que no importa, que es mejor comprar primero los billetes por si se acaban y que luego nos llevará a cambiar dinero. No sabemos hasta qué punto nos trata de ayudar o de engañar, pensamos que a partes iguales. Nos dice que él nos presta el dinero que necesitemos en la agencia y que luego se lo devolvemos. No quiere perder el negocio.

La agencia de su amigo, sin ser lo que cualquiera considera una agencia, no es un cibercafe como otras en las que hemos estado. Hay un ordenador, pero lo maneja él y no te deja conectar. Nos encuentra billetes para el autobús sin problemas. Queremos que nos asegure que tiene aire acondicionado. Ya hemos comprobado que 200 kilómetros en India pueden suponer un viaje de muchas horas. Lo asegura, pero ya no confiamos mucho, llevamos más de una semana en el país y sabemos que la buena voluntad no siempre va por libre. En la mayoría de ocasiones va de la mano del interés y eso les lleva a responder lo que sea para convencer.

El mayor problema es el precio. Nos pide 650 rupias por cada billete. Es una barbaridad. El billete de tren desde Sawai Madhopur hasta Agra costaba 60 rupias, era en Second General pero en una categoría superior no pensamos que superara las 200 y la distancia es mucho mayor. Le preguntamos cuál es su comisión. Sabemos que nos está metiendo un extra pero no sabemos cuánto es. Nuestro conductor, tratando de ayudarnos, le habla en indio y nos dice que ha conseguido que le quite la comisión a nuestros billetes y que nos lo deja en 600. Poca comisión nos parece eso cuando le dan 50 rupias a un conductor de tuctuc por llevar a alguien a la tienda.

No quiero seguir discutiendo. El día ha sido largo y 600 rupias son menos de 10 euros. No me gusta que me tomen por tonto, pero tampoco sabemos cuántas agencias habrá por aquí cerca ni cuánto nos cobrarán en las demás.

Le decimos que no tenemos tanto dinero, nos quedan sólo 500 rupias. Nuestro conductor se ofrece de nuevo a ayudarnos y saca un fajo de billetes del bolsillo. Parece claro que conducir un tuctuc no es mal negocio en Agra. Nos presta las 700 rupias y el de la agencia nos da el billete impreso. No pone nada de que tenga aire acondicionado pero habrá que fiarse…

  

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