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Resolviendo algunas dudas

  

Sábado, 25/06/2011 (y 6)

Para devolverle el dinero al conductor ya le hemos dicho que necesitamos cambiar. Visto que esta mañana nos ha llevado a la tienda y hemos conseguido regatear el cambio, no nos parece mal cuando nos dice que nos va a volver a llevar allí. Es lo que está más cerca del hotel y suponemos que ya habrá llegado a algún acuerdo una vez que nos dejó esta mañana en la entrada del Taj Mahal.

Lo hemos visto en todo el viaje y nunca hemos sabido exactamente qué era. Nuestro conductor saca un sobre, como los sobres de azúcar de los bares, los abre rasgándolo y se echa un poco directamente en el boca. Lo hemos visto vender desde Jaisalmer hasta aquí, y nos recuerda a aquello que se metió en la boca nuestro compañero del taxi compartido desde Shakhrisyabz hasta Samarcanda en Uzbekistán. Como no hemos estado en un sitio cerrado con ningún indio que lo haya “comido” no sabemos si es lo mismo, en el taxi sí que se notaba el olor.

Al preguntarle, ya tenemos bastante confianza, nos confirma lo que pensábamos. Se trata de tabaco, pero en un formato bastante raro. Es como polvo que se meten en la boca y sin llegar a masticarlo lo dejan ahí dentro. No es ni tabaco de fumar, ni tabaco de mascar, ni de liar. Pero lo venden en un montón de variedades.

En la tienda esta vez sí que está el jefe, o al menos el que tiene la llave de la caja fuerte. No ha debido ser un mal día, esta mañana no tenían más que para cambiar 25 rupias pero ahora tienen más. Lo que pasa es que nosotros no queremos cambiar mucho. El billete de autobús hay que pagarlo al conductor (700 rupias) pero todo lo demás ya está pagado. Falta el gasto de agua y de wifi en nuestro hotel y el transporte y entradas que tengamos que pagar mañana en Delhi. El hotel de Delhi lo pagaremos con tarjeta de crédito.

Al decirles que con 40 euros de cambio nos sirve nos responden que lo mínimo, o lo normal, es cambiar 50 euros. Esta mañana nos cambiasteis sólo 25 y no pusisteis tantas pegas. Se convencen de que lo mejor será coger los 40 euros y no seguir porfiando. A esta hora debe haber un montón de casas de cambio abiertas que estarán encantadas de cogerlos.

Ya está todo hecho. En el camino hacia el hotel nuestro conductor se ofrece a llevarnos mañana por la mañana a la estación de autobuses. A pesar de que nos han dicho que está cerca nos pide 50 rupias para llevarnos. Tampoco nos interesa regatear demasiado y nos ha ayudado a conseguir el billete de autobús. Aceptamos que nos recoja a las 7.30.

Este conductor también quiere hacer negocio con nosotros llevándonos a una tienda. No tientes tu suerte, hemos aceptado que nos lleves mañana a la estación por 50 rupias sin quejarnos mucho y esto es demasiado. Le dejamos claro que no vamos a ir a ninguna parte. El conductor nos cuenta que no sólo las tiendas dan dinero cuando les llevan turistas aunque no compren. Los hoteles, pensiones, albergues… todos dan una propina a los conductores. Incluso aunque el turista llegue con una reserva. Según él aunque ya tengan una reserva el hotel les da un dinero por llevarlos. De esa forma consiguen que, cuando monten en el tuctuc unos turistas sin reserva el conductor se acuerde de ellos. Ése es también el motivo por el que te buscan uno desde recepción, consiguiéndoles trabajo se aseguran de que les lleven clientes al hotel.

Está bien que sea sincero, pero eso no quiere decir que le dejemos llevarnos a otra tienda. Hoy ha sido un día muy largo y ya hemos entrado en dos tiendas. No es que mañana haya que madrugar mucho pero queremos tumbarnos en la cama cuanto antes.

Otras botellas de agua de la nevera de la recepción y otro paso por la ducha. Al salir apagamos el cooler. Ya está fresca y no hay que forzar. Estamos relajados y salimos al patio interior a sentarnos tranquilamente. Sara no está muy satisfecha con la compra de los billetes. Le parece que hemos pagado demasiado. Los dos sabemos que le hemos dado una comisión al de la agencia, incluso la oficina de turismo la cobraba, pero no estamos nada convencidos de que no nos hayan engañado demasiado.

Masticamos las dudas con unos crackers y un poco de fuet. Nos contentamos pensando que hemos pagado el servicio. No tanto el billete sino el que nos llevaran a la agencia y que nos lo consiguieran, teniendo en cuenta que dicen que no se puede reservar en la estación. No podemos arriesgarnos a llegar mañana a la estación de autobuses y que no haya plazas.

Nos vamos a la cama pensando que, aunque nos ha timado, el precio de los billetes no ha llegado a diez euros por cabeza.

  

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