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Confirmando el timo, autobús de Agra a Delhi

  

Domingo, 26/06/2011 (1)

No tengo muy claro qué es lo que ha pasado por la noche pero me he despertado con la sensación de que ayer nos timaron demasiado y que hoy habrá que hacer algo. De entrada lo primero será no decirle nada al conductor y pedirle que nos acompañe hasta dentro de la estación antes de pagarle nada para ver cuánto cuesta el billete de verdad y si el autobús tiene aire acondicionado. He debido tener una noche mala, aunque no recuerdo nada, para no estar convencido ni siquiera de que el autobús sea como nos han dicho.

A las siete y media, después de comer unos cracker, las almendras se acabaron hace tiempo, y la pastilla de malarone, nos montamos en el tuctuc. Como suponíamos la estación está muy cerca y éstas deben ser las 50 rupias más fáciles que va a ganar el conductor (aunque seguro que hay algunos a los que les cobra mucho más y no regatean).

Sin decirle nada de nuestras sospechas le pedimos que nos acompañe para que nos indique cuál es nuestro autobús. Aparca en el lateral de la calle y baja con nosotros.

La estación es casi como la de Fatehpur Sikri. También la entrada por donde deben pasar los autobuses está medio bloqueada por puestos que venden de todo. Esquivándolos con las mochilas y siguiendo al conductor llegamos a nuestro autobús con casi veinte minutos de tiempo.

No es un Volvo como nos habían dicho… pero es grande y turístico, con aire acondicionado. Vemos desde fuera que está medio vacío. Podíamos haber comprado el billete ahora mismo. No lo queremos comprar, ya lo tenemos, pero sí acercarnos a la taquilla a ver cuánto cuesta de verdad. Sara se acerca mientras yo me hago el loco colocando las mochilas en el maletero mientras el conductor, que empieza a preocuparse por su tuctuc, me pide las 50 rupias. Debe estar pensando que algo va mal. Estamos convencidos de que sabe que ayer nos cobró, su amigo, una comisión grande y debe pensar que es mejor perder las rupias de la carrera que acabar en un lío.

Se está yendo olvidando su dinero cuando llega Sara. Al verle sale corriendo tras él hecha una fiera. Se para a su lado y comienza a gritarle. Cuando llego entiendo que le está diciendo que el billete cuesta 340 rupias. Es casi la mitad de lo que nos han cobrado a nosotros y eso es más que una comisión. Le exigimos al conductor que nos devuelva nuestro dinero. Le pedimos, demostrándole que no estamos de broma, las 520 rupias que nos han cobrado de más. Estamos dispuestos a descontar las 50 de traernos a la estación, aunque también es un robo, y dejarlo en 470, pero ni una menos.

Su cara demuestra que se da cuenta de que se tenía que haber ido antes. Según él no puede devolvernos nada, no es su dinero. Lo que está claro es que no podemos ir a buscar a su “amigo” porque perdemos el autobús. Nos lo tiene que dar él y que luego se apañe con su socio. El tono de voz está subiendo muchos decibelios y poco falta para que le agarremos cuando vemos que comienza a andar hacia atrás, alejándose, poco a poco.

Sara se acerca al autobús, las mochilas ya están en el maletero, hemos tenido que pagar como en Croacia. Yo me quedo con el conductor que me dice que no lleva más que 250 rupias. Ayer llevaba mucho más pero dice que a esta hora todavía no lleva mucho. Le digo que se lo pida a otro conductor, aquí se conocen prácticamente todos. Según él eso es imposible. No conoce a ninguno y nadie estará dispuesto a prestarle ese dinero.

Me da las 250 rupias. Su propuesta es ir a la agencia y que nos lo devuelva todo. Sabe que es imposible que acepte. No hay manera de que lleguemos a la agencia y volvamos antes de que salga nuestro autobús a Delhi. Me dice que no hay problema, después hay otros autobuses. No puedo hacer otra cosa que decirle que vaya él y que se dé prisa, después de guardarme las rupias.

Vuelvo al autobús y le cuento a Sara lo que ha pasado. Ella no piensa que vaya a volver. Yo lo pienso incluso menos, sé positivamente que no le volveré a ver. De todas formas bajo del autobús y me quedo en la entrada de la estación esperando.

El autobús tiene una especie de mamparas que separan la parte en la que va el conductor y su ayudante de la que ocupamos los pasajeros. En esta parte el aire acondicionado está puesto y muy fuerte. Sigue el problema del aire acondicionado en India. Faltan cinco minutos para salir y está medio vacío todavía. En la puerta hay un par de tipos que comprueban los billetes, lo que me hace pensar que saldremos en breve.

A las 8.10, con diez minutos de retraso el autobús se pone en marcha. Llevo un par de minutos montado porque he dado por perdidas las 220 rupias que nos faltaban. Asumimos el pago de 50 rupias por traernos aquí.

En el autobús estamos de acuerdo en que el conductor sabía que nos estaba cobrando mucho, pero no parecía saber que era tanto lo que estaba ganando. Por una parte lamentamos haberle hecho devolvernos dinero, todo lo que llevaba, según él, pero estamos seguros de que habrá ido a buscar a su “amigo” para decirle que no le paga lo suficiente si tima de esa manera a los turistas que le lleva. Seguro que la próxima vez le pagará más. Hoy ha perdido, pero ganado a medio plazo. El que no se consuela es porque no quiere, no nos parecía mala persona y no nos ha gustado la forma en que le hemos tratado.

Al poco de salir de la estación veo un cartel que indica Delhi, la distancia es de 140 kilómetros. ¿Cómo es posible que se tarden más de cinco horas en recorrerlos? El concepto de velocidad en India es totalmente distinto. Los autobuses parece que van a una velocidad de vértigo porque todo vibra y todo se mueve. Hay vacas, carros, coches viejos, niños y mayores andando por la carretera. El autobús los va esquivando y como todo va tan lento el autobús parece correr. Ya comprobamos, cuando íbamos a Monte Abu y a Udaipur, que no superan los 60 kilómetros por hora en ningún momento. Aún así viendo todo lo que hay por la carretera estás todo el tiempo pensando que se va a estrellar en cualquier momento.

En un momento dado paramos en una especie de hotel o zona de servicio. Hay una tienda en la calle, en la que compramos agua, aunque con el frío que hace en nuestra parte no es que tengamos mucha sed. De hecho hemos tenido que usar los pañuelos como bufandas. Además de la tienda hay una especie de fiesta de cumpleaños con un elefante y otros animales, un caballo, un dromedario y unos monos. Este elefante tiene todo el agua que necesita y no tiene aspecto de estar maltratado. Lo montan los niños para que les hagan fotos.

Cinco horas y media después entramos en la ciudad. Parecía que no llegaríamos nunca.

La primera parada del autobús al llegar a Delhi es Badarpur. Es una estación de metro, de la misma línea en la que está la estación final, bueno, cerca de la estación final. El recorrido del autobús coincide con el del metro. Las siguientes paradas también tienen correspondencia. Todo va bien y, según el mapa del móvil, nos vamos acercando al final.

Pero justo antes de la última parada se desvía y para bastante lejos de la estación, Sarai Kale Khan, en un arcén. La parte buena es que estamos cerca de la primera visita que queremos hacer en Delhi, la tumba de Humayun.

  

1 comentario

  1. 17 enero, 2013 en 23:21 — Responder

    Buen post y muy interesante, me ha gustado como lo habéis narrado, ya me veia yo zarandeando al conductor! 🙂
    Estas cosas pasan en India, pero también pasas por situaciones maravillosas que te hacen amar/odiar ese país.

    Un abrazo!

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