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Descansando en Delhi

  

Domingo, 26/06/2011 (y 6)

La zona está plagada de hoteles, es evidente que aquí es donde se queda a dormir la gente la noche antes de coger el avión. El nuestro no tiene ni mejor ni peor pinta que los demás desde fuera. Por dentro no sabemos cómo serán los otros, pero éste tiene una decoración un tanto hortera muy del gusto indio.

No ha hecho falta ni decirle el nombre al de recepción. Decirle que teníamos una reserva a través de booking.com y decir mi nombre ha sido todo uno. No deben recibir muchas reservas desde allí. La habitación con el cargo por pagar con tarjeta se queda en 1.340 rupias. Le comentamos que necesitaremos un taxi mañana por la mañana y nos dice que nos lo gestiona sin problemas. El precio son 200 rupias. Ya es más de lo que hemos pagado por venir hoy, pero con lo que nos ha costado mañana no querremos andar discutiendo. Podemos pagárselo al de recepción o al taxista. Nos quedan 750 rupias, con lo que “recuperamos” de los billetes de Agra a Delhi en el último momento, nos va a sobrar efectivo. El de recepción nos lo llama, pero pagaremos directamente al taxista en metálico.

La habitación está en la tercera planta y no hay ascensor. Un rato más con las mochilas y unas pocas escaleras. Después de las que hemos subido ya hoy, tres plantas más no nos van a matar.

Vamos a buscar un restaurante para cenar. El barrio está lleno de hoteles pero los restaurantes dan muy poca confianza. Tan poca que decidimos que iremos al del hotel. Nos ha dicho que hay servicio de habitaciones, habrá un restaurante.

Otra cosa que también abunda en el barrio son las tiendas outlet. Vemos tiendas de Adidas, de Nike y de Reebok. Hay cosas interesantes pero en cuestión de tallas de zapatillas aquí no andan sobrados. Como en Japón no gastan mucho 45.

De vuelta al hotel paramos en una tienda de la calle para comprar otra botella de agua. Hemos separado las 200 rupias para el taxi de mañana y las otras 50 rupias que nos quedaban se han ido en un par de botellas de agua que ya hemos comprado desde que salimos del hotel. Sólo nos queda un billete de 500 rupias. El de la tienda no tiene cambio. Nos dice que ya se la pagaremos mañana cuando cambiemos. Va a ser difícil, el taxi vendrá a recogernos a las 6.10 y antes no estará la tienda abierta. El de la tienda se anima y nos regala la botella. ¿Pedimos otra?

El de recepción nos dice que, en realidad, no hay restaurante, sólo servicio de habitaciones. Fijo que la comida la traen desde alguno de los restaurantes que hemos desechado por la mala pinta que tenían. Pero algo hay que comer. Subimos a la habitación y elegimos de la carta. Mutón (aunque por teléfono nos dicen que está un poco picante, el último día nos podemos arriesgar más), arroz, naan (pan), un lassi dulce y un batido de chocolate con leche.

Mientras esperamos que nos lo traigan nos duchamos. Después del día que hemos pasado la ducha es tan bendición como todos los demás, pero hoy, incluso con el aire acondicionado puesto.

El del servicio de habitaciones no tarda en llegar. El batido de chocolate que había pedido era frío, pero lo que trae es caliente, de hecho, quema. El hombre está sudando tanto como hemos sudado nosotros hoy. No sé cómo no están acostumbrados a estar en un bochorno continuo, será que se acerca el monzón y ya lo habían olvidado. Ha tenido que subir hasta la tercera planta y sin ascensor. Además, como el de las botellas de agua, no tiene cambio del billete de 500 rupias y tiene que bajar a por él. Será otra subida a la tercera planta. Con el vaso de leche caliente estará bien, se supone que los líquidos calientes quitan mejor la sed…

Vuelve con el cambio justo cuando Sara acaba de secarse el pelo. La cena no es todo lo buena que esperábamos. El arroz está bueno, pero el mutón no está un poco picante. Es el infierno en un plato. De todas formas, es nuestra última comida india picante, había que hacerlo.

Con los Symbios recogidos y todo ordenado nos metemos en la cama. En la televisión, una de las pocas veces que la hemos encendido en este viaje, vemos el canal que encontramos en Nepal, el mismo que en el restaurante de Pushkar.

No nos quedamos mucho tiempo viéndola. Mañana hay que madrugar mucho. El taxi llegará a las 6.10 así que para las 5.35 habrá que levantarse.

  

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