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La tumba proyectada

  

Viernes, 04/03/2011 (4)

La cúpula, Gumbazi Seyidan, fue construida por Ulugh Beg en 1438 como mausoleo para sus descendientes. Pero tampoco se sabe si están aquí enterrados o no.

Nos queda por visitar la cripta construida por Timur, que se encuentra en el complejo de Khazrati-Iman. El complejo iba a ser tan hermoso que haría sombra al palacio de Ak-Saray. Pero, como el palacio, está prácticamente destruido y en pie queda sólo la tumba del hijo mayor y favorito de Timur, que murió con 22 años.

Encontrar la cripta de Tamerlán es más complicado de lo que parece. Según la guía una puerta de madera labrada da paso a una escalera que baja. El caso es que no encontramos la puerta y casi nos damos por vencidos. Mientras yo voy al baño, la vuelta en coche será larga con esa carretera, Sara encuentra a un tipo que trabaja aquí que nos lleva. Sí que era una cripta de lo más sencilla la que había dispuesto para su enterramiento, casi no hay espacio más que para la piedra que ocupa el lugar donde debía estar su cuerpo.

Ya vamos con prisa pero el tipo ha sido amable trayéndonos y le damos 2.000 som. Me mira con cara de sorpresa y con los dedos me dice que 6.000. ¿Pero qué te has creído? La puerta estaba ahí abierta para el que quisiera bajar, no había que pagar nada, sólo había que encontrarla. De acuerdo a que nos has traído aquí, pero ¿6.000? Le doy 4.000 y ya se puede dar por satisfecho.

La cripta fue descubierta en 1963 y conocemos a un miembro de la expedición que lo hizo. Nuestro amigo Mirzo de Taskent estuvo aquí y nos enseñó las fotos.

Volviendo por el mercado con algo de prisa nos ponemos a hacer un vídeo y al saludar se nos acerca un paisano que quiere que le hagamos una foto saludando también. Por ser tú la hacemos y, por ser tú también, te la enseñamos y todo. Lo que pasa es que él quiere algo más. No lo acabamos de entender pero puede que sea que la revelemos y se la mandemos. No pides tú nada, y con la prisa que tenemos y la de nieve que está cayendo.

El taxista está esperándonos en el mismo sitio que nos dejó. Nada más montar arranca y nos vamos. Como damos por sentado que buscará completar el coche en Kitob me siento delante para que vayamos más cómodos. Lo que tampoco sabemos es si irá por la misma ruta por la que hemos venido o usará la alternativa estando el puerto como estaba.

En Kitob para el coche y busca más gente. Pero esta vez ha sido muy rápido. Ha llegado uno, ha metido unas cosas en el maletero, se ha sentado detrás y al conductor le ha bastado para salir. Sólo vamos tres pasajeros y él. De haberlo sabido me había quedado detrás y habría hablado cómodamente con Sara y el conductor con el pasajero, que antes no dijo ni está boca es mía y ahora el otro le da palique.

La ruta es la misma que antes, con un par. En la parte de abajo del puerto unos policías parece que le dicen que sería mejor que no fuera, pero éste se ríe, el policía se ríe y todos para arriba. El otro pasajero lleva un montón de capas de ropa pero tiene calor, así que decide bajar la ventanilla en lugar de quitarse la cazadora. Antes ya ha hecho una cosa rara. Lo primero es que bebe agua con gas, eso tiene que ser hasta malo para el cuerpo, y lo segundo es que sacó unos polvos negros de una bolsa, se los metió en la boca y los tragó. No me extraña que tengas calor, si eso debía ser por lo menos pólvora con lo mal que olía. Por el camino nos hemos encontrado con un coche cruzado en la carretera que había frenado contra la piedra y tenía el parachoques y el capó bastante estropeados.

A pesar de que le digo, con gestos, que si tiene calor se quite la cazadora y deje en paz la ventanilla, no hace nada por subirla, aunque sí que se quita una capa de ropa. Al rato viendo que Sara se ponía la cazadora por encima se apiadó de ella y la cerró.

Antes de bajarse, que lo hace pronto, casi nada más pasar el puerto, nos pide que le escribamos nuestros nombres y firmemos en un papel. Ni idea de lo que quiere hacer con esto, pero los nombres van sin apellidos y las firmas son las que nos hemos inventado en ese momento. Como su trayecto era corto sólo paga 5.500.

Seguimos el viaje solo nosotros, pero 50 metros más adelante el taxista ve a uno que anda por la carretera y decide cogerlo como pasajero. Éste aguanta dentro todavía menos y le da 500 som. Los últimos 25 km los hacemos solos. Y cuando estamos en la esquina de nuestro “atajo” le decimos que nos pare y allí nos quedamos.

Todo ha ido bien y sólo hemos gastado 35.000 en lugar de los 50.000 que pedían.

En la habitación le damos un poco al fuet y acabamos el pan del restaurante de ayer. Como sobraba nos dieron una bolsa para que nos lo llevásemos. No queremos visitar todo lo que nos queda en Samarcanda porque mañana seguiremos aquí, pero será mejor que aprovechemos no vaya a estar mañana el clima todavía peor.

  

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