En las faldas del Canigó, muy cerca de Prades –el de Francia, no el de Tarragona, obviamente–, está la abadía de San Miguel de Cuixá, abadia de Sant Miquel de Cuixà en catalán y abbaye de Saint-Michel de Cuxa en francés. Un auténtico dos en uno donde lo que se ve y lo que te cuentan, o lees, compiten por llamar más tu atención.

Entre lo que se ve están una iglesia románica, un claustro parcialmente reconstruido, una curiosa cripta y otros restos de un conjunto monástico que llegó a ser uno de los grandes centros religiosos y culturales de la Cataluña medieval.
Respecto a lo que te cuentan, nosotros visitamos la abadía de Sant Miquel de Cuixà con guía y fue todo un acierto. Su historia y sus curiosidades dan para escribir una enciclopedia. Monjes que llegaron después de una inundación, un dux de Venecia que renunció a su poder para convertirse en monje, el famoso abad Oliba, un claustro que acabó al otro lado del Atlántico y hasta un rayo de sol pensado para iluminar una columna un día concreto del año. Ya te avisamos, la abadía de San Miguel de Cuixá nos voló la cabeza.
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Además de visitar la abadía de San Miguel de Cuixá, no dejes de acercarte también a la abadía de San Martín del Canigó. Y, ya puestos, echa un vistazo a nuestro artículo El sur de Francia en tren, la mejor ruta por Occitania.
Dónde está y cómo llegar a la abadía de San Miguel de Cuixá
La abadía de San Miguel de Cuixá está, como ya hemos dicho, en las faldas del Canigó. Pero, para fijar un poco más el punto en el mapa, y en el GPS, está en el municipio de Codalet, en la comarca histórica del Conflent, en el departamento francés de Pirineos Orientales y en la región de Occitania. Está a 50 km de Perpignan, la capital del departamento de Pirineos Orientales.
Si llegas en coche, solo tienes que seguir las indicaciones de Google Maps, que la tiene perfectamente ubicada. Hay una zona habilitada para visitantes donde aparcar. La estación de tren más cercana es la de Prades, a unos 40 minutos andando. Aunque siempre puedes coger un taxi, son 5 minutos en coche desde allí.

Más allá de dónde está y cómo llegar a la abadía, te diremos que el lugar más adecuado para hacer base es Prades –nosotros dormimos en el Best Western Le Vauban–. Así, además de la abadía y del propio Prades, podrás visitar otros lugares de esta zona del sur de Francia.
Horarios y precios de la abadía de San Miguel de Cuixá
Los horarios y tarifas pueden cambiar según la época del año, así que te recomendamos comprobar la información oficial antes de ir. Según la web de la abbaye de Saint-Michel de Cuxa, el horario de apertura es de 9 h a 18 h de lunes a sábado y los domingos de 14 h a 18 h.
Las visitas guiadas, muy recomendables, son a las 10:00, 14:30 y 16:00 y duran aproximadamente 1 hora y 15 minutos. Si estás planeando hacer la visita guiada a la abadía de San Miguel de Cuixá, confirma la disponibilidad en la web oficial antes de ir.
En cuanto a las entradas, la visita por libre a la abadia de Sant Miquel de Cuixà cuesta 7 €. Si quieres hacer la visita guiada, son 2 € más. De nuevo, confirma los precios y horarios a la hora de comprar tu entrada online en la web.
Un poco de historia de la abadía de San Miguel de Cuixá
La historia de Cuixá comienza, en realidad, unos kilómetros más allá. La abadía de San Miguel de Cuixá está relacionada con Sant Andreu d’Eixalada, un monasterio en el que ya había una comunidad benedictina desde el siglo IX y que desapareció después de una enorme riada del río Têt en 878.
Los monjes supervivientes se trasladaron a Cuixá, donde ya existía un pequeño cenobio dedicado a San Germán. En junio de 879 quedó establecido aquí el nuevo monasterio.
San Miguel de Cuixá fue creciendo en importancia y durante el siglo X llegó a convertirse en un monasterio muy poderoso.
¿Sabías que…?
Pedro Orseolo fue monje en la abadia de Sant Miquel de Cuixà en el siglo X. Y, ¿quién era Pedro Orseolo? Pues un dux, el mandamás de la Serenísima República de Venecia, que renunció a su cargo para retirarse aquí. Murió en Cuixá en 988 y su tumba todavía se conserva en el claustro.
En el siglo XI llegó uno de los personajes fundamentales de la historia de Cuixá, el abad Oliba. Elegido abad de Ripoll y Cuixá en 1008 y posteriormente obispo de Vic, impulsó grandes obras en el monasterio. Entre ellas están la cripta del Pesebre y las torres.

Oliba murió aquí en 1046, pero no se sabe con certeza dónde está enterrado. Durante nuestra visita nos explicaron que, gracias al sónar, se descubrió una tumba bajo la cripta que se cree que podría corresponder al abad, aunque todavía no está confirmado.
El esplendor no dura para siempre. En 1659, el Tratado de los Pirineos hizo que el Conflent pasara a formar parte de Francia. Más tarde llegaría la Revolución francesa, tras la que la abadía fue vendida.
El conjunto se fue desmontando y muchos de sus elementos acabaron dispersos. A mediados del siglo XX, la iglesia había perdido incluso su cubierta y su interior no se parecía en nada al lugar que visitamos hoy.
En 1965 regresó una comunidad benedictina procedente de Montserrat –el Santuario de Montserrat es el propietario de los terrenos y edificios–.
Qué ver en la abadía de San Miguel de Cuixá
La abadía que vemos hoy es el resultado de más de mil años de historia. No esperes encontrar el monasterio medieval intacto, que ya te hemos contado que han pasado muchas cosas. Es más, parte del interés está precisamente en descubrir qué elementos han sobrevivido y cuáles han tenido que ser recuperados.
Durante la visita recorrimos la iglesia, el claustro y la cripta del Pesebre.
El claustro de la abadía de San Miguel de Cuixá y Nueva York
El mármol rosa del Conflent fue el material elegido, en el siglo XII, para construir el claustro de San Miguel de Cuixá. Como todo buen claustro románico, los capiteles representan bestias fantásticas y motivos vegetales.

Esto es lo que se ve, que ya es espectacular. Pero lo que te cuentan es dónde está la parte que falta… y es para alucinar.
Una parte del claustro original de San Miguel de Cuixá está en Nueva York, en The Cloisters, el museo medieval del Metropolitan Museum of Art, MET.
Ya hemos dicho que, tras la Revolución francesa, el monasterio fue vendido. Con el tiempo, sus trozos comenzaron a dispersarse. Los capiteles y columnas del claustro se vendieron por separado y terminaron en manos de vecinos, coleccionistas y anticuarios.
A comienzos del siglo XX, el escultor estadounidense George Grey Barnard compró muchos de ellos y los llevó a Estados Unidos. Sus piezas acabarían formando parte de The Cloisters.
Entonces, ¿de dónde han salido los capiteles que vemos hoy en el claustro de Sant Miquel de Cuixà? Muchos son elementos originales recuperados de la propia abadía, aunque no todos pertenecieron al claustro medieval.
Cuando Barnard intentó comprar algunos de los que habían acabado en Prades, los vecinos se movilizaron para conservarlos. Además, las leyes francesas cambiaron entre unos envíos y otros y terminaron prohibiendo la exportación de bienes culturales. De hecho, las doce columnas que están frente a la iglesia son propiedad del MET, pero se encuentran aquí cedidas a perpetuidad.

Una cosa más: algunas de las columnas y varios capiteles, siendo originales, no son del claustro. Formaban parte del coro alto de la iglesia, también del siglo XII. Por cierto, el orden de las piezas tampoco es el original de la Edad Media.
La iglesia de San Miguel de Cuixá
La iglesia actual, dedicada al arcángel San Miguel, tiene su origen en la gran reconstrucción impulsada por el abad Garin y fue consagrada en 974. Es la mayor iglesia prerrománica conservada en Francia.

Durante las obras se utilizaron también restos antiguos, entre ellos elementos procedentes de monumentos romanos.
¿Sabías que…?
Entre esos elementos antiguos destaca la piedra del altar de mármol blanco. No solo por ser romana, sino por su accidentada historia. No contenta con pasar de un monumento romano a una iglesia abacial, tras la Revolución francesa se usó como balcón de una casa privada de Vinça. Se descubrió en 1971 y se devolvió a su lugar para celebrar el milenario de la iglesia en 1974. Además, está firmada por el mismísimo abad Oliba.
Para que te hagas una idea del estado en el que llegó a estar la iglesia, a mediados del siglo XX, el templo no tenía cubierta y había un árbol en su interior.
La cripta del Pesebre o de la Virgen de Belén
A pesar de llamarse cripta, la cripta del Pesebre o de la Virgen de Belén no lo es. Se trata de una pequeña iglesia con tres espacios para el rezo. Además, no está bajo tierra: se encuentra prácticamente al mismo nivel que el aparcamiento. La sensación de “cripta” se debe a su posición dentro del conjunto y a su aspecto.
Fue construida durante el abadiato de Oliba, entre 1030 y 1035, y tiene una planta circular muy poco habitual. Un círculo en cuyo centro se alza un gran pilar, también circular, que soporta el techo.

Todo el diseño tiene un fuerte simbolismo religioso: el pilar central representa a Cristo y la estructura circular que lo rodea se interpreta como la Virgen protegiéndolo.
Durante la visita también nos explicaron la existencia de pequeñas aberturas que permitían la entrada de aire y, en algunos casos, comunicaban visual o acústicamente con otros espacios.
¿Sabías que…?
Entre esas aberturas había una muy especial. Una por la que entraba la luz solo un día al año: el 25 de diciembre. Como en Egipto y sus templos, en la Europa medieval también se construía teniendo en cuenta la posición del sol en fechas determinadas. Eso sí, decimos “entraba” porque ahora hay un muro detrás de la cripta y la luz no entra nunca.
El campanario de San Miguel de Cuixá
El campanario de San Miguel de Cuixá, de estilo lombardo, llamará tu atención desde casi cualquier lugar exterior de la abadía. Su construcción está vinculada a las grandes obras impulsadas por el abad Oliba en el siglo XI. De hecho, mandó levantar dos campanarios, aunque el norte se derrumbó en 1838.

La abadía de San Miguel de Cuixá y Pau Casals
La historia reciente de Cuixá también tiene un protagonista muy conocido: Pau Casals.
En 1954, Casals inauguró aquí, en el interior de la iglesia, el Festival de Prades de música clásica. Sí, lo hizo cuando la iglesia todavía no tenía techo. La cubierta se colocó pocos años después. A Casals, sin embargo, le gustaba la iglesia sin techo porque consideraba que tenía una acústica excepcional y prefería el sonido sin eco.
Actualmente, la abadía continúa acogiendo conciertos y actividades culturales, además de mantener su función religiosa. La web oficial anuncia exposiciones, conciertos y conferencias a lo largo del año.

Después de saber lo que se ve y lo que se cuenta, ¿cuál es tu motivo para visitar la abadía de San Miguel de Cuixá?
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