La ciudad de Berna se fundó allá por el siglo XII en un meandro del río Aar. Un lugar estratégico, defendido por el propio río por tres de sus lados y por una muralla por el cuarto. Aunque la muralla se quedó pequeña rápido y tuvieron que moverla un par de veces en menos de doscientos años, no había mucho espacio para crecer… y ese casco histórico, Patrimonio de la Humanidad desde 1983, es todavía muy “compacto” y fácil de recorrer a pie. Lo bueno es que la mayoría de lugares que ver en Berna sigue estando allí.

Calles y plazas que parecen un decorado de película de época, fuentes históricas de lo más curiosas, los puentes que cruzan el Aar… por no hablar de las vistas desde todos sus miradores, compiten por protagonizar las mejores fotografías de la capital de Suiza. ¿Capital? Sí, fue elegida ciudad federal de Suiza en 1848. Pero eso es “lo nuevo”, casi todo lo que hay que ver en Berna es más antiguo. No te vayas a creer que es así de bonita por ser capital… Eso sí, si te alejas un poco del casco histórico, también hay sitio para la arquitectura y el arte contemporáneo, ¡y hasta para subir al monte!
Desempolva tu alemán, el idioma de la ciudad y del cantón; coge tu bidón de agua –el agua de todas las fuentes de la ciudad, incluso las históricas, es potable–; y prepárate para disfrutar de Berna… ¡y contar osos! El oso es el símbolo de la capital suiza y lo encontrarás en las banderas, en las fuentes, en las fachadas de los edificios… ¡y en las tiendas de souvenirs!
1. La Zytglogge: la Torre del Reloj de Berna y su carrusel
Comenzamos nuestra lista de lugares que ver en Berna por uno de sus símbolos más reconocidos: la Torre del Reloj. La Zytglogge marcaba el límite de la primera ciudad y hoy es el edificio más antiguo de Berna: se levantó a principios del siglo XIII.

Tras un incendio a principios del siglo XV, recibió su nombre con la instalación de un reloj astronómico y una campana. La Zytglogge, «campanario de la hora» o «campanario del reloj», marca la vida de los berneses desde entonces. Fue en 1530 cuando Kasper Bruner fabricó su mecanismo en una forja en la misma torre. Y ahí sigue, con casi todas sus piezas originales excepto las cuerdas que se cambian cada 6-8 años.
No esperes al último momento: tienes que llegar a la Zytglogge unos cinco minutos antes de la hora en punto e ir moviéndote para verlo todo en movimiento.

Unos 3-4 minutos antes, el gallo abre las alas y, con una reverencia, saluda a la hora que acaba de terminar. Después, los osos vestidos como guardias medievales se ponen en movimiento con el jefe a caballo. Vuelve a cantar el gallo, avisando a Cronos de que tiene que dar la vuelta a su reloj de arena al tiempo que mueve su cetro para dar la orden de que suenen las campanas. En ese momento, tendrás que alejarte de la torre para alcanzar a ver su parte superior donde el campanero golpea la campana con un mazo. Acabamos con el movimiento del león y el tercer canto del gallo que saluda a la nueva hora. ¡Todo un show renacentista!
La visita al interior de la Zytglogge
Además de ver la Zytglogge con su reloj astronómico desde fuera, también es posible hacer una visita a su interior. No hay mejor lugar para ver todos los detalles de las figuras de los osos –nos recordó mucho a la visita al interior de la Torre del Reloj de Praga–.
Alucinamos con las piezas originales y con la maestría con la que los engranajes mueven los distintos mecanismos. Sí, mecanismos, porque hay muchísimos. Obviamente, el del reloj, pero luego hay otro para mover las alas del gallo, para activar las figuras de los osos, dar la vuelta al reloj de arena… Incluso hay un fuelle para el canto del gallo. Todo artesanal y manual, controlado a base de piñones, poleas y pesos desde hace más de 500 años.
¿Sabías que…?
Para que el reloj de la Zytglogge funcione perfectamente –como un reloj suizo–, una persona sube cada día hasta su mecanismo para darle cuerda. Nos explicaron que con cada “giro de cuerda” el reloj aguanta 29 horas, pero no se juega con la puntualidad y se sube cada 24.
Como plus, las vistas del casco histórico desde sus ventanas son muy bonitas. Solo se puede subir con visitas guiadas –en alemán, francés o inglés–, tienes información de precios y horarios en la web de turismo de Berna.
2. La calle principal de la ciudad vieja de Berna: soportales y fuentes
La calle que une la Zytglogge con el vértice de la península que forma el meandro del río Aar es la calle principal de la ciudad vieja desde su fundación. Comenzando por el río, recibe el nombre de Gerechtigkeitsgasse y Kramgasse –donde está la casa de Einstein, Einstein Haus–, hasta la Zytglogge.

Con cada ampliación del casco histórico, el Altstadt, la calle también se ha ampliado y cambia de nombre. Marktgasse hasta la Torre de la Prisión, donde se colocaron las murallas a mediados del siglo XIII, y Spitalgasse hasta la Torre de San Cristóbal, del siglo XIV, donde se encuentra la actual estación de trenes.
El tramo que tienes que visitar en Berna definitivamente es la Marktgasse, con sus casas históricas –fíjate en las entradas a los sótanos convertidos en negocios de todo tipo– y sus soportales. Aunque los soportales se extienden por los cuatro tramos casi sin interrupción creando una galería cubierta de unos 6 km –nos pareció estar en Bolonia por un momento–. Vamos, que deberías recorrerla entera.

Más allá de los edificios y los soportales, alucinamos con las fuentes históricas en toda la calle. Desde la del Gaitero, cerca de la estación de trenes, hasta la de la Justicia, junto al río, pasando por la de Anna Seiler, la del Tirador, la de los Zähringer –con los osos de Berna– o la de Sansón.
Las paralelas a la calle principal
El casco histórico de Berna está formado por calles paralelas y perpendiculares. A la que paseas por la calle principal, asómate a las paralelas. Te mencionamos, junto a ellas, algunos de sus edificios más conocidos o que más nos gustaron:
- Herrengasse, en el número 23 está la Haus Wattenwyl;
- Junkerngasse, con la Beatrice von Wattenwyl-Haus en el número 59, la Zeerlederhaus en el 51, la cancillería de Berna –Erlacherhof– en el 47 y la Geisterhaus, en el 54;
- Rathausgasse, con la Rathausplatz donde está el ayuntamiento –Rathaus– de Berna.
3. La plaza del Granero y la fuente del Ogro
Junto a la Torre del Reloj y a las primeras murallas de Berna, estaba el foso. Tras el incendio que arrasó media ciudad en 1405, se cubrió y se convirtió en una plaza. Una plaza sin nombre hasta el siglo XVIII que hoy es la plaza del Granero, Kornhausplatz.

En mitad de la plaza está la fuente del Ogro, en alemán Kindlifresserbrunnen –fuente del devorador de niños pequeños– de mediados del siglo XVI. El nombre no puede ser más descriptivo: un ogro devorando a un niño pequeño desnudo junto a un saco lleno de más niños… Ojo, que la fuente es la original creada por Hans Gieng entre 1545 y 1546. Sí, lleva más de medio siglo en el mismo sitio.
Detrás de la fuente, el edificio del granero –Kornhaus, de ahí el nombre de la plaza– de principios del siglo XVIII. En él se conservaba vino en las bodegas y grano en la planta de arriba como reservas para épocas de guerra o malas cosechas. Hoy es un centro cultural, un café y un restaurante, el Kornhauskeller –muy recomendable, lo decimos con conocimiento de causa–. Aunque no entres a comer, pasa para ver la gran sala y el gigantesco tonel de 53.000 litros que hay en su interior.

Al norte de la plaza del Granero está el Teatro de la Ópera con una enorme escultura de una colorida jirafa en su puerta.
4. Los frescos de la iglesia Francesa de Berna
Detrás del Kornhaus, camino de la estación de tren, está la iglesia Francesa. La mencionamos por eso ahora, no porque sea la única iglesia que ver en Berna, ni siquiera la más importante. Lo que sí es la iglesia Francesa es la más antigua de la ciudad, construida en 1314 como católica y transformada en protestante en 1528, cuando la pintaron por completo de blanco.
¿Sabías que…?
Desde 1623 se celebran misas en francés en la nave de la izquierda de la iglesia. Por si te estabas preguntabas el porqué del nombre.

No somos capaces de imaginar la sorpresa que se llevarían en 1904 cuando descubrieron los frescos medievales en el coro alto, tapados por una capa de pintura blanca –esa que cubrió toda la iglesia en la Reforma–. Y es que lo normal era destruirlas. Una Anunciación, dos escenas con milagros de Santo Domingo y dos “árboles genealógicos”: uno con los 12 reyes de Israel y otro con 25 hermanos dominicos. Todos de finales del siglo XV y perfectamente conservados durante casi 400 años. ¡No entendemos por qué esta iglesia no aparece en ningún listado de lugares que ver en Berna!
5. Las plazas del Orfanato, del Oso y Federal
Poco antes de llegar a la estación de trenes, la calle principal del Altstadt, se cruza con tres plazas contiguas: Waisenhausplatz –la plaza del Orfanato–, Bärenplatz –la plaza del Oso– y Bundesplatz –la plaza Federal–.

El nombre de la primera se debe a un orfanato que estuvo en funcionamiento desde finales del siglo XVIII hasta poco antes de la Segunda Guerra Mundial, ahí se encuentra también la Torre de los Holandeses. La plaza del Oso, con la Torre de la Prisión, es un homenaje al símbolo de la ciudad, que encontrarás en todas partes, incluso en la bandera del cantón. Y la plaza Federal está frente al Bundeshaus, la sede del Parlamento y del gobierno suizo.
Los martes y los sábados se monta un mercado de comida y flores en estas tres plazas contiguas.
6. La catedral de Berna y su plaza
Llega el momento de entrar en la Catedral de San Vicente de Berna –ojo, que está dedicada a San Vicente de Huesca o de Zaragoza–. Es la tercera iglesia más antigua de la ciudad, su construcción comenzó en 1421 y las obras se alargaron durante muuuucho tiempo. Tanto que, sin haberla acabado, llegó la Reforma y, con ella, la destrucción de todas las figuras y de más de veinte altares en su interior…

Lo que no se destruyó fue la escena del Juicio Final en el pórtico, de finales del siglo XV. ¿Por qué? Porque había bueno y malo a los dos lados: un Papa en el paraíso y otro desnudo boca abajo en el infierno, por ejemplo. Nos quedamos un rato mirándola, y estamos seguros de que nos dejamos cosas por descubrir: está lleno de detalles. Piensa que hay nada menos que ¡234 figuras! Nosotros volvimos varias veces, ¿cuántas lo harás tú?
Rincón Salta Conmigo
Varias de las 234 figuras del portal de la catedral son una copia de principios del siglo XX. Las estatuas originales se encuentran en el Museo de Historia, que también está entre nuestros lugares que ver en Berna.
En el interior “sobrevivieron” también las vidrieras y la bóveda del coro: ¡levanta la cabeza!
Frente a la catedral está la Münsterplatz –plaza de la catedral– con la imponente Tscharnerhaus, del siglo XVIII.
Las vistas desde la aguja de la catedral
Solo te vamos a decir una cosa: la Catedral de Berna es el edificio religioso más alto de Suiza, gracias a su torre de más de cien metros, completada a finales del siglo XIX . ¿Cómo crees que serán las vistas desde allí? Pues ya te lo decimos: una pasada. Aunque a nosotros el tiempo no nos acompañó tanto y no pudimos ver los Alpes.

Eso sí, los 312 peldaños de su escalera de caracol para llegar hasta el mirador superior, a 64 metros, no son un camino de rosas. Aunque, en nuestra opinión, es peor la bajada, que acabas casi mareado de tanta vuelta.
La entrada a la catedral es gratuita –echa un vistazo aquí a los horarios–, pero la subida a la torre es de pago –aquí los precios–.
7. Las vistas desde el Rosengarten al atardecer, el mejor mirador de Berna
Después de subir a lo alto de la torre de la catedral, toca hablar de las mejores vistas de Berna, las que se tienen desde el Rosengarten, mejor aún al atardecer. Desde ahí pudimos ver por completo el meandro que rodea el casco histórico de la ciudad, sus torres, los tejados… No te puedes ir de Berna sin llevarte esa imagen en la retina y, seguramente, en tu móvil.

Más miradores de la ciudad
Las vistas desde la torre de la catedral y desde el Rosengarten no son las únicas. Toma nota que hay muchos más miradores en Berna.
Empezamos por las vistas desde tres puentes: el Kornhausbrücke –junto a la plaza del Granero, al norte del meandro–, el Kirchenfeldbrücke –al otro lado del meandro, al sur– y el Nydeggbrücke –el puente que atraviesa el meandro en la punta del casco antiguo, al este–. Tampoco te pierdas, ya que estás, las vistas del propio Kirchenfeldbrücke con sus arcadas de hierro desde la Aarstrasse.

También te tienes que acercar a la Münsterplatform con su mirador al río Aar. En sus alrededores hay siete grandes escaleras, con 1.000 peldaños en total, camino del barrio bajo. No hace falta que hagas el esfuerzo, también hay un ascensor. Aunque ya te decimos que tampoco merece mucho la pena el paseo.
Un mirador menos habitual, al que los berneses se acercan a tumbarse al sol y a tomar algo en el bar cuando hace buen tiempo, es el del parque Grosse Schanze. No verás mucho del casco histórico, pero, si el día está despejado, podrás asomarte a los Alpes.
8. El puente de la puerta baja: el más antiguo de Berna
El último lugar que ver en Berna dentro de su casco histórico solo tiene una pata en el Altstadt. Es el puente de la puerta inferior, Untertorbrücke, el más antiguo de la ciudad. Se levantó entre 1461 y 1489 y, hasta el siglo XIX, era el único puente fijo que atravesaba el Aar en la ciudad. La mejor vista la tendrás desde el cercano Nydeggbrücke.

Al final del puente, ya en el barrio de Schosshalde, está otra de las torres de entrada de la muralla de Berna, la torre de la puerta inferior o Untertorturm.
No lo consideramos en absoluto un lugar que visitar en Berna, pero no podemos dejar de mencionar el cercano BärenPark, del que seguro que has oído hablar. Sí, hay un parque en el que viven osos pardos en cautividad… Sabemos que los osos son el símbolo de Berna y nos encanta verlos en banderas, relieves, obras de arte y hasta recuerdos. Pero, ¿qué necesidad hay de que siga habiendo animales en cautividad en la capital de un país tan civilizado en el siglo XXI? Ninguna, creemos nosotros. Pero allí siguen. Te dejamos los argumentos en contra de ello de una fundación suiza, la Fundación Franz Weber –dale al Google Translate–.
9. El Museo de Historia de Berna y el Museo Einstein
No íbamos a dejar de mencionar un museo entre nuestros lugares que visitar en Berna. Vale, en realidad son dos, pero están en el mismo edificio. Y sí, salimos del centro histórico de la ciudad.

Empezamos con el Museo de Historia de Berna, Bernische Historische Museum. Solo te recordamos que muchas de las estatuas del portal de la catedral están aquí. Y, además, también estarás frente algunas de las fuentes históricas conservadas en el museo –recuerda que la del Oso está de verdad en la calle–. En nuestra opinión, a pesar de que también está el Kunstmuseum, el Museo de Bellas Artes, es el museo que ver en Berna. ¿Quieres más? Danzas macabras, tapices, habitaciones persas, sarcófagos egipcios…

En las plantas superiores, una moderna estructura de espejo, cristal y metal es la entrada al Museo Einstein. El físico vivió en Berna entre 1902 y 1909. ¿Dan siete años para un museo? La verdad es que no se habla solo del tiempo que pasó en la ciudad y es bastante entretenido, una forma de conocer a la persona más allá del científico y del personaje. También se puede visitar la Einstein Haus, en el número 49 de Kramgasse.
10. El Centro Paul Klee
Seguimos fuera del casco histórico de Berna y seguimos con museos. Con uno dedicado a un único artista, Paul Klee. Nacido en la cercana comuna de Münchenbuchsee, vivió en Berna toda su vida.

Más allá de las más de 4.000 obras del artista que conserva el Centro Paul Klee –no se exponen todas al mismo tiempo, se van rotando y solo puedes ver unas pocas–, de los talleres y de las actividades que tienen lugar en su salón de actos, tienes que acercarte para alucinar con el edificio obra del arquitecto Renzo Piano.
+1 El Gurten, el monte de Berna: vistas, rutas y tobogán alpino
Como toda ciudad suiza que se precie, Berna también tiene un monte cerca al que subir para acercarse a la naturaleza. Es el +1 de nuestro listado, el monte Gurten. También, como todo buen monte suizo, puedes llegar hasta su cima en transporte público desde el centro de la ciudad con facilidad, en este caso en unos tres cuartos de hora –el tranvía 9 pasa junto a la fuente del Ogro y llega hasta el funicular que sube a la cima–.

Rutas de senderismo por el bosque, vistas desde lo alto de la Gurten-Aussichtsturm, la torre de observación del Gurten, y un tobogán alpino que nos quedamos con las ganas de probar porque había llovido un poco esa mañana y no funciona si hay lluvia o riesgo de lluvia.
Qué ver en Berna en un día… o dos o tres
Si solo vas a pasar un día en Berna, no te puedes perder la Torre del Reloj con el movimiento de su carrusel y tienes que recorrer la calle principal del Altstadt fijándote en sus fuentes. Acércate al pórtico de la catedral para ver el Juicio Final y disfruta del atardecer desde el Rosengarten.

En dos días, tendrás tiempo de visitar el Museo de Historia de Berna y/o el Centro Paul Klee, de asomarte al resto de miradores de la ciudad y hasta de subir al monte Gurten.
Con tres días, puedes dejarte llevar por las calles del casco histórico descubriendo las estatuas de los antiguos gremios en los edificios de la calle principal. O salir de la ciudad y, por ejemplo, visitar una fábrica de Emmental.
Mapa con los lugares que ver en Berna
Casi todos los lugares que ver en Berna de los que te hemos hablado están en el casco histórico, pero, aún así, nunca está de más tener un mapa para saber dónde está cada uno y dónde estás tú.
Dónde dormir en Berna: el hotel Ibis Styles Bern City
Un poco alejado del centro, pero perfectamente comunicado con un montón de líneas de tranvía, el Ibis Styles Bern City fue nuestra base para visitar Berna. Y tenemos que decir que es uno de los Ibis más bonitos y modernos en los que hemos estado. Habitaciones grandes y muy cómodas, perfectamente insonorizadas y equipadas. La guinda del pastel es un desayuno buenísimo en el que no faltan los quesos suizos.

Por supuesto, hay muchísimos hoteles en Berna si estás buscando otra zona u otro tipo de alojamiento.
Cómo moverse por Berna
A pesar de que la mayoría del tiempo vas a estar andando, siempre es bueno saber que el transporte público en Berna es gratis si duermes en un hotel de la ciudad. Al hacer el registro, te darán el código de tu Bern Ticket con el que montar en tranvías, autobuses y hasta en el funicular para subir al monte Gurten cuantas veces quieras mientras dure tu estancia.
Si estás de paso, te diremos que el transporte urbano es gratis con el Swiss Travel Pass. Eso sí, para el funicular al Gurten solo tendrás un descuento.

La capital de Suiza te espera llena de lugares que te van a robar mil y una fotos.
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