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La casa de Ana Frank en Amsterdam

  

“Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo.” Así comienza el famoso diario de Ana Frank, Annelies Marie Frank. Una niña alemana, judía y, tal vez, la autora de la crónica más conocida sobre la vida durante la Segunda Guerra Mundial. Su casa es uno de esos lugares que me puso la piel de gallina. Un lugar donde la vida se quedó congelada el 4 de agosto de 1944 y donde todavía se siente el grito por la libertad de una niña judía de 14 años nacida en 1929. Sin duda, la visita a la casa de Ana Frank es uno de las cosas que hay que ver en Amsterdam obligatoriamente.

Holanda Amsterdam Estatua Ana Frank Westermarkt

Dónde está la casa de atrás, el escondite de Ana Frank en Amsterdam

Vaya por delante que el edificio en el que se encontraba la “casa de atrás” o el “escondite”, como llama Ana Frank a su refugio, estuvo a punto de ser derribado tras la Segunda Guerra Mundial. Finalmente el sitio fue declarado histórico y, gracias a eso, hoy podemos visitarlo.

Ana Frank nació en una familia judía acaudalada de Frankfurt, en Alemania. Otto Frank, su padre, en vista del desarrollo del nazismo en Alemania y de las persecuciones contra los judíos, trató de huir, junto con su familia, en más de una ocasión. Antes de comenzar la guerra, emigró a Amsterdam, donde fundó su empresa. Con la invasión alemana de Países Bajos, intentó huir a Estados Unidos o Gran Bretaña, sin éxito. Al no conseguirlo, decidió preparar un refugio para su familia en el que esperar que todo pasara.

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Fachada

El escondite se preparó en la parte de atrás del edificio que alojaba las oficinas de la empresa, Opekta, en la calle Prinsengracht 263, junto a uno de los famosos canales de Amsterdam.

Si en 1942 el lugar pasaba desapercibido entre el resto de oficinas de empresas y algunas casas particulares, hoy es fácilmente reconocible por la cola de visitantes que esperan pacientemente el momento de entrar a visitarlo. No hay pérdida.

El interior del escondite, de la estantería móvil al desván

“Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero escondite. Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta que da acceso a la Casa de atrás colocáramos una estantería, ya que los alemanes están registrando muchas casas en busca de bicicletas escondidas. Pero se trata naturalmente de una estantería giratoria, que se abre como una puerta.”

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Estanteria

© Anne Frank House / Photographer: Cris Toala Olivares

La casa de atrás era mucho más grande de lo que cabría esperar. Lo cierto es que, cuando la visitamos, conocíamos las medidas de todas las habitaciones, pero no deja de sorprender todo el espacio del que disponían. Olvídate de la idea de un cuarto ínfimo, sin ventanas ni ventilación, en el que apenas poder moverse. Otto Frank preparó su escondite a conciencia: dormitorios, salón, desván, ventanas… incluso un cuarto de baño.

“Como escondite, la Casa de atrás es ideal; aunque hay humedad y está toda inclinada, estoy segura de que en todo Ámsterdam, y quizás hasta en toda Holanda, no hay otro escondite tan confortable como el que hemos instalado aquí.”

Evidentemente, nada de eso compensa la pérdida de libertad: la familia Frank, la familia van Pelsvan Daan en el diario– y el Dr. Friederich Pfeffer –el sr. Dussel en el diario– pasaron dos años encerrados en ella.

Nada más superar esa “estantería giratoria”, está la escalera para subir a la planta superior, pero también un pequeño pasillo que lleva hasta las dos habitaciones del escondite y el baño. Las habitaciones estaban ocupadas inicialmente por los padres de Ana, Otto y Edith, una y la otra por Ana y su hermana, Margot. La llegada del Dr. Pfeffer trastocó esta organización: Margot pasó a compartir habitación con sus padres y Ana con el nuevo “inquilino”.

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Habitacion

© Anne Frank House / Photographer: Cris Toala Olivares

En la superior, está el salón comedor que hacía también las veces de dormitorio de los van Pels y una escalera de mano que llevaba hasta el desván utilizado como despensa. En el cuarto en el que está la escalera de mano, Peter, el hijo de los van Pels, organizó su habitación.

No busques muebles. Con el asalto de la Gestapo la casa fue vaciada: sólo se conservaron algunas fotografías colocadas en las paredes. Cuando Otto Frank regresó, decidió que no se reconstruyera el escondite con copias de los muebles, sino que se dejara vacío para representar el propio vacío que él sentía por la pérdida de sus seres queridos. Fue el único de los ocho ocupantes de la casa que sobrevivió a los campos de concentración.

La vida en la casa de atrás, un poco de historia

Como puedes imaginar, a pesar del espacio con el que contaban los habitantes de la casa de atrás, la vida no era fácil. La parte “de delante” del edificio albergaba las oficinas de la empresa Opekta así que, durante las horas de trabajo, no podían hacer ningún ruido. Esto incluía abrir los grifos, tirar de la cadena o incluso andar por ciertos lugares.

Por si el silencio y el encierro fueran poco, no escasearon las discusiones y enfados entre los ocho. El propio Otto Frank diría después: “Pensamos que la convivencia con la familia de mi socio haría menos monótona nuestra estancia en el refugio, pero no nos imaginamos las dificultades que acarrearían la diversidad de caracteres y de opiniones.” Y eso sin contar con la llegada inesperada del Dr. Pfeffer, cuatro meses después de que los Frank se trasladaran a la casa de atrás.

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Fotos

© Anne Frank House / Photographer: Cris Toala Olivares

¿Cómo pudieron sobrevivir escondidos durante dos años? Contaban con la ayuda de cuatro empleados –Víctor Kugler, Johannes Kleiman, Miep Gies y Bep Voskuijl– que arriesgaron sus vidas conociendo el secreto y proveyéndoles de alimentos, ropas y hasta de libros con los que matar las horas de encierro y silencio.

Ana y su familia entraron en el escondite a principios de julio de 1942. Una semana después llegan los van Pels y, a mediados de noviembre, el Dr. Pfeffer. Todo acabó el 4 de agosto de 1944 cuando la Gestapo asaltó la casa de atrás y detuvo a todos sus ocupantes. Enviados a distintos campos de concentración, sólo Otto Frank pudo volver a la casa. Ana y su hermana Margot murieron de tifus en el campo de Bergen Belsen en febrero de 1945.

El diario de Ana Frank, libro de lectura obligada antes de la visita al escondite

Toda esta información no se obtuvo simplemente entrando en la casa tras la Segunda Guerra Mundial. La historia de Ana Frank se conoce porque fue ella misma la que la escribió. Si todavía no has leído su libro, el diario de Ana Frank, te recomendamos que lo hagas. No encontrarás una obra cumbre de la literatura universal –recuerda que era una niña que escribía en su diario–, pero su contenido te dejará tan tocado como un paseo por Auschwitz.

De hecho, nosotros visitamos la casa de Ana Frank en nuestro segundo viaje a Amsterdam. ¿Cómo puede ser que digamos que es una visita obligatoria en la ciudad y que la hiciéramos en el segundo viaje a Amsterdam? Porque, la primera vez, todavía no habíamos leído el diario. Cuando volvimos, años después, tras haberlo leído, nos colocamos en esa cola de gente que cada día espera entrar en la casa.

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Diario Original

© Anne Frank House / Photographer: Cris Toala Olivares

Los cuadernos originales se encuentran en el museo. Antes ellos la emoción es todavía más intensa. Miep Gies y Bep Voskuijl los encontraron en el escondite después del arresto y decidieron guardarlos.

El diario de Ana Frank ha sido traducidos a más de 70 idiomas y, en 2017, se cumplen 70 años de su publicación, en 1947. Fue Otto quien, al publicarlo, decidió cumplir el sueño de Ana que quería ser escritora o periodista.

Información práctica: horarios, precios, reservas, duración…

La casa de atrás se transformó en museo en 1960 –gracias al trabajo de la Fundación de Ana Frank– y, desde entonces, son millones las personas que han pasado por la estantería puerta y conocido el refugio de Ana y su familia. Además de la propia casa, el museo cuenta con salas donde se exponen los cuadernos originales, ediciones traducidas del diario y se explica la historia de la familia Frank y la vida de los judíos en Amsterdam durante la ocupación nazi.

El museo abre todos los días del año desde las 9:00 hasta las 19:00 de noviembre a marzo –los sábados hasta las 21:00– y hasta las 22:00 el resto del año. Atento que hay una particularidad: entre las 9:00 y las 15:30 sólo pueden entrar al museo las personas que hayan hecho una reserva previa.

Holanda Amsterdam Casa Ana Frank Ediciones Diario

© Anne Frank House / Photographer: Cris Toala Olivares

A partir de las 15:30 se puede comprar la entrada en taquilla, pero prepárate para hacer cola desde mucho antes. Por cierto, la cola se “cierra” cuando se considera que ya no habrá tiempo para más visitas, cosa que puede ser incluso dos horas antes del cierre del museo. Esto es lo habitual pero, dado que hay trabajos de renovación del edificio desde el 16 de octubre de 2017, está cerrado el acceso a todo aquel que no tenga entrada reservada con antelación.

El precio de las entradas a la casa de Ana Frank es de 9 euros. La reserva online con horario tiene un coste extra de 0,50 euros y se puede hacer desde dos meses antes de la fecha a reservar. El museo sigue siendo propiedad de la Fundación Ana Frank, fundación sin ánimo de lucro entre cuyos objetivos están la gestión de la casa y la difusión de la historia y los ideales de Ana Frank.

Más información en la página oficial de la casa museo.

En el interior del museo está prohibido hacer fotografías, por eso las fotos del museo que ilustran este artículo son de propiedad de Anne Frank House.

Sobre la autenticidad del diario de Ana Frank: ¿puede ser falso?

¿Es real el diario de Ana Frank? ¿Pudo una niña describir con tanta precisión la vida dentro del escondite? ¿Cómo pudieron sobrevivir los diarios originales a la llegada de la Gestapo? Son éstas y muchas más las preguntas que se plantean respecto a su autenticidad. Las pruebas llevadas a cabo sobre los diarios indican que fueron escritos por una única persona y que la letra se corresponde con la de Ana –a partir de cartas escritas a amigas antes de la guerra–. Pero, ¿qué importaría que no lo fuera? Sabemos que no fue la única familia que vivió escondida y que acabó sus días en los campos de concentración alemanes. Sabemos que es algo que pasó. No dejemos que las dudas que gente interesada se encarga de sembrar le quiten un ápice de valor al hecho en sí.

Por otra parte, la incorporación como co-autor del diario de Ana Frank de su padre, Otto, llevada a cabo a finales de 2015, no ayuda. No ayuda porque, aparentemente, se hizo para que los derechos del libro no caducarán en Europa –por ley, 70 años después de la muerte del autor– y se pudieran seguir cobrando hasta 2050 –Otto Frank murió en 1980–. ¿Hacer negocio con el sufrimiento? De nuevo, no dejemos que esto permita que el contenido deje de ser lo más importante.

Todavía hoy en día se investiga quién o quiénes delataron a los habitantes de la casa de atrás ante la Gestapo. Pero de lo que no cabe duda es de que la vida de Ana Frank y sus compañeros de escondite consiguió, y consigue, que millones de personas sepan lo que ese periodo de tiempo supuso. Tanto si eres de los que ha leído el diario como si no, la casa de Ana Frank de Amsterdam te revolverá por dentro haciendo que te plantees el encierro que sufrieron los ocho habitantes de la casa de atrás y su triste final en campos de concentración por el simple hecho de ser judíos –como otro lo hicieron por ser rusos, gitanos, homosexuales… –. Una vez más: la maldad humana nos golpea con fuerza.

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