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Un lujo leonés

Preferimos viajar cuatro veces al año por más de un continente, durmiendo en albergues y viajando en autobuses a un viaje de lujo que acabe con todo el presupuesto. De todas formas hay veces que, incluso «a las malas», el presupuesto crece hasta estropear el resto de viajes (ya nos pasó con el viaje a Nepal y Bután del año pasado).

Evidentemente, como a cualquier persona, no nos molesta disfrutar de los lujos. Ya gozamos de un hotel sin estrellas, a diferencia de los habituales es porque tenía demasiadas. El Intercontinental del aeropuerto, en Sudáfrica, al que llegamos después de una decepcionante excursión por el norte del país, Limpopo. Allí encontramos una piscina en la séptima planta y la cama más mullida en la que hemos estado nunca. El detalle de que fuéramos llenos de polvo y suciedad después de un día metidos en un Volkswagen Polo no fue impedimento para que nos cogieran las mochilas y nos las llevaran en carrito hasta nuestra habitación. Eso sí, después de cobrar la cantidad indecente de dinero que costaba y dejar reservado un tanto más. No debían fiarse de nosotros en cualquier caso.

Tuvieron que pasar más de dos años hasta que nuestros huesos volvieron a encontrar estos lujos. Fue en mayo de este 2011.

Un regalo de Reyes o de cumpleaños o de vete a saber qué, que se fue retrasando en el tiempo hasta que se hizo real (el resto de viajes, una operación, el clima…). El regalo consistía en un fin de semana en el Parador de León, el Monasterio de San Marcos. Un edificio del siglo XVI que se alza sobre otro de tiempos del rey Alfonso VI. Por si esto fuera poco, el resto del regalo incluía degustar un típico cocido maragato, en el propio parador.

En esta ocasión llegábamos más limpios y arreglados. No hubo que dejar señal ninguna, pero tampoco nos cogieron la mochila (sólo Okihita para el fin de semana). Eso sí, la noche la pasaríamos de lujo, pero no llegamos hasta allí en limusina. En tren desde Madrid y desde la estación caminando bajo una amenaza de lluvia que no llegó a descargar.

Como el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, otro de los edificios convertidos en Parador.es, se trataba de un hospital para peregrinos del Camino. Un alojamiento para pobres y enfermos que con el paso de los siglos se ha convertido en un alojamiento casi de capricho, aunque encontramos a más de un peregrino que hacía noche allí (peregrinos de pedigrí, que cuando yo lo hice no pasé de una pensión una noche que encontramos todos los albergues llenos). Aunque en este caso, dejó de ser para pobres en el siglo XVI cuando fue derribado y reconstruido, con una donación de Fernando el Católico, como convento. Una de las obras culminantes del Renacimiento español.

El tamaño del edificio original permite que, en la actualidad, sea parador (desde 1964), iglesia consagrada (desde 1541) y museo de la ciudad (desde 1869). Pasear por la zona del parador se convierte en una experiencia que tuvimos que disfrutar en solitario, hay recorridos guiados pero descansan el domingo. ¿Alguien puede entender qué sentido tiene que no haya el domingo? Precisamente el domingo. El claustro te convierte en un monje que disfruta de la contemplación y del cuidado jardín. En la segunda planta del claustro encontramos una sala-biblioteca con cómodos asientos de cuero que te llevaban más cerca en el tiempo pero sin llegar al presente Ikea de muebles funcionales y «cómodos».

La historia que hay entre sus muros no se observa con el paseo. No se ven rastros de sus muchos usos durante estos cinco siglos. Desde convento a parador ha pasado por cárcel, instituto, escuela de veterinaria… Volviendo durante una temporada a ser hospital, aunque penitenciario, y siendo usado como campo de concentración de prisioneros republicanos durante la Guerra Civil.

Y, ¿qué decir del cocido? Delicioso y generoso. La máxima del cocido maragato es «De sobrar, que sobre sopa«. Se sirve al revés, empezando por la ración (la carne del cocido: cerdo, pollo y vaca), siguiendo por los garbanzos (con patatas y repollo) y acabando por la sopa. De postre, natillas.

 

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Comentarios

  • Xana
    2 diciembre, 2011 a las 11:41

    Y que rico está. Gracias por enseñar un trocito de mi ciudad.

  • conxa
    2 diciembre, 2011 a las 11:48

    vosotros quereis que de un ataque o o qué???

    Tres entradas y cada uno de un sitio, Leon y su cocido,Noruega, JApon….de verdad de verdad que me encanta como os habeis organizado la vida, me muero de envidia….

  • JAAC
    2 diciembre, 2011 a las 12:55

    Muchas gracias a ti Xana por cuidarnos esa fantástica ciudad 🙂

    El cocido maragato es una delicia y, no sé los demás, pero el del parador es impresionante y está basante bien de precio (calidad y cantidad)

    Bienvenida al blog 🙂

  • JAAC
    2 diciembre, 2011 a las 12:56

    Hola Conxa!
    Un cambio en el blog, para hacerlo más ameno y que la gente no deje de pasar porque esté dos meses hablando de India 🙂
    Vete preparando, porque seguiré cambiando de destino 😀
    De todas formas, el viaje a Japón es muy antiguo, de 2006. En esa época ni saltaba! 😉