5% de descuento en tu seguro IATI por ser lector de SaltaConmigo.com

Taj Mahal

Sábado, 25/06/2011 (1)

Todo parecía ir bien cuando salimos del hotel poco después de las 7.15. A pesar de que el de recepción también intentó liarnos llamando a un tuctuc de su confianza salimos sin retrasarnos y solos. En la calle hay muchos esperando y ya negociaremos con el que sea.

El conductor no ha puesto muy buena cara cuando le hemos preguntado si se puede pagar la entrada con tarjeta. Nuestra intención era pagar con tarjeta, una de las maravillas del mundo debería poderse pagar así, pero nos ha dicho que no. Sólo aceptan metálico y, obviamente, rupias. Ya estábamos de camino al monumento y nos ha dicho que a estas horas va a ser difícil encontrar una oficina de cambio abierta. La India es barata, pero el pago de la habitación por adelantado ayer nos ha dejado sin dinero para la entrada al Taj Mahal. Las oficinas abiertas no estarán allí, así que tiene que dar la vuelta hacia el hotel. Pasamos por delante de varias pero, como él ha dicho, están todas cerradas. Por fin vemos una tienda de recuerdos con un cartel de cambio en la puerta. La tienda ya está abierta.

El que está dentro te puede vender casi cualquier cosa, pero no cambiarte dinero. Es el jefe el que tiene la llave de la caja y él sólo tiene unas pocas rupias para el cambio. No importa, sólo necesitamos lo justo para pagar la entrada. De todas formas hay que esperar porque con lo que tiene ni para eso llega, hace falta la llave. Mientras tanto, ya que no podemos hacer otra cosa tratamos de conseguir un cambio mejor. Con lo justo salimos otra vez, esta definitiva, hacia el Taj Mahal.

Alrededor del mausoleo, literalmente la corona de Mahal, hay una zona de exclusión de tráfico de 500 metros para preservarlo de la contaminación. Hay un negocio de cochecitos eléctricos, ciclorickshaws… para que los que no quieran andar esa distancia no tengan que hacerlo y que puedan pagar por ello. Aunque es relativamente normal en ciudades tampoco es posible sobrevolarlo, exclusión aérea. Nuestro conductor nos deja cerca de la puerta oeste y comenzamos a caminar hasta llegar al jardín, Chowk-i Jilo Khana.

A esta hora todavía no hay muchos turistas y casi todos los que están en la cola de la entrada son indios. Como en otros países el precio es distinto para locales y para extranjeros, 750 rupias frente a las 20 para indios. Junto con la entrada te dan una botella de medio litro y unos patucos para cubrir la suela de los zapatos, no se puede entrar calzado al edificio. A la entrada hay que pasar por un detector de metales, como habíamos visto hasta ahora, separados hombres y mujeres. Al pasar el detector paran a Sara que lleva un paquete de crackers en el bolso. No se puede entrar con comida. Cada día de este viaje hemos tomado la pastilla de malarone a una hora, hoy no será distinto. Antes de entrar, ya que no podemos pasar con comida, nos la comemos y tomamos la pastilla.

Sha Jahan lo mandó construir en honor de su segunda mujer, Mumtaz Mahal, joya del palacio, que murió al dar a luz a su decimocuarto hijo en 1631 con 39 años. Fueron necesarios 23 años para su construcción y 20.000 obreros. A los dos años de finalizar la obra, el Sha cayó en desgracia siendo finalmente arrestado por su propio hijo, Auranzeg. Vivió arrestado en el Fuerte de Agra, desde donde podía ver su obra, hasta 1666, año en el que murió. Posteriormente se convirtió en el único elemento asimétrico del monumento, fue enterrado a la izquierda de su amada.

La entrada es lo que se espera, atravesar la puerta y ver cómo aparece es impresionante. La puerta, Darwaza-i-Rauza, de arenisca roja tiene casi 30 metros de altura con inscripciones del Corán y tapa por completo la imagen del monumento. Al cruzarla, además del magnífico edificio, se abre el jardín ornamental interior, con el esquema clásico mogol del charbagh. Un cuadrado con una cruz hecha con canales de agua que dan lugar a un estanque de mármol central que representa el lago celestial de la abundancia del Corán.

Cada paso que se avanza requiere una fotografía. No estaba previsto visitarlo, pero tampoco lo estaba hacer un safari en Ranthambore y, al igual que aquello, ha merecido la pena. Pero, después de haber visto el Taj Mahal una y mil veces en fotografías, documentales, películas… la verdad es que no sorprende, ni impresiona tanto. A diferencia del Tesoro en Petra, a pesar de ser una maravilla, no sobrecoge. Es como si ya lo hubiera vivido.

 

 

Debido a su inmenso dolor se rodeó de los mejores artesanos del mundo, desde Europa hasta Asia. Cuenta la leyenda que tras la muerte de su esposa encaneció de un día para otro… aunque también hay otras leyendas que dicen que mandó cortar las manos del arquitecto y cosas similares a los obreros especializados, desde manos hasta ojos, que no se creen ciertas.

Recorremos los jardines buscando ángulos para las fotos. Tenemos tiempo de sobra y, ya que todavía no hay mucha gente, queremos aprovechar para recorrer hasta el último rincón. De hecho cruzamos varias veces los canales por los puentes de madera y hacemos una parada en la plataforma central de la cruz que forman. La entrada con cámara de vídeo supone un recargo en la entrada, pero no hay problema por una cámara de fotos compacta, por mucho que haga vídeo.

El mausoleo propiamente dicho está al norte del jardín, situado sobre una plataforma de mármol. Aquí es donde hay que ponerse los patucos puesto que no se puede pisar el mármol con el calzado de calle.

Todo el mundo lo conoce, mármol blanco semitraslúcido con motivos florales grabados y piedras semipreciosas incrustadas. Acercarse y descubrir los detalles es casi como ver que los edificios en las calles de Nueva York tienen las escaleras de incendios que hemos visto en las películas toda la vida, confirmar que es como debía o que todo lo que has visto era verdad y no un decorado.

El mausoleo es un cubo con un pishtaq en cada cara y una cúpula central en forma de cebolla de 35 metros de altura. Sobre la cúpula se yergue una aguja metálica dorada, finial, de 17 metros de altura que termina con una luna creciente con sus puntas apuntando al cielo, típicamente islámico. La forma de la aguja, que continua sobre la luna, y la posición de la misma hacen aparecer la forma de un tridente, típicamente hindú, símbolo de Shiva. En las esquinas del edificio se alzan cuatro pequeñas cúpulas réplicas de la central. Los minaretes, cuatro para enfatizar la simetría, tienen 40 metros de altura y, están construidos con una cierta inclinación hacia el exterior para que, en caso de terremoto o derrumbe, no cayeran sobre el edificio principal.

En el interior hay un buen número de cámaras. No es que sea un laberinto pero hay que encontrar el camino correcto para llegar a la sala central. Justo debajo de la cúpula principal se encuentra el cenotafio de Mumtaz Mahal, y a su lado el de Sha Jahan (rompiendo la simetría). Como en todos las mausoleos que hemos visitado, las auténticas tumbas están en una sala inferior que no se puede visitar. A pesar de que Auranzeg, su hijo, se reveló contra él, celebró una pequeña ceremonia en su honor en el momento de su enterramiento.

Por la parte de detrás, al norte del conjunto, discurre el río Yamuna. A los lados del mausoleo se alzan dos edificios. A la izquierda una mezquita y a la derecha, únicamente por simetría, el jawab (literalmente respuesta) que es posible que sirviera de alojamiento para los peregrinos.

Esperamos hasta las nueve para entrar en el museo. En su interior hay dibujos de la construcción, pinturas en miniaturas y platos esmaltados con celadón. Estos platos, en teoría, deberían cambiar de color e incluso romperse si se servía comida envenenada sobre ellos. La verdad es que no merece mucho la pena entrar y si no fuera porque el tiempo que hemos esperado lo hemos hecho viendo una maravilla preciosa habría sido frustrante. Después de lo que hemos visto en India, encontrar este remanso de paz en una ciudad, con un jardín hasta con ardillas es sorprendente. Es como Ranakpur, pero en una ciudad de más de un millón y medio de habitantes.

A la salida del Taj Mahal volvemos a caminar hasta la plaza para coger un tuctuc. Este paseo está literalmente tomado por vendedores de todas las edades y de todos los objetos imaginables que puedan tener la forma del mausoleo o su diseño grabado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

  • 28 noviembre, 2011 a las 20:41

    Pues si que os costó encontrar el cambio, si es que normal toda la noche por la calle, que luego abren los negocios bien entrada la mañana xDDD

    Veo que en vuestra visita había bastante gente.

  • JAAC
    12 diciembre, 2011 a las 21:02

    La verdad es que no lo esperábamos. Acostumbrados a encontrar siempre un tuctuc en la puerta y a todo el mundo dispuesto a hacer negocio pensábamos que encontrar una oficina de cambio sería más sencillo.
    En realidad esperábamos poder pagar con tarjeta (como sitio tan turístico que es), pero cuando no dijeron que no, sabiendo que recomiendan ir al amanecer no esperábamos tantas dificultades.

    Había más gente al salir, a las nueve, en cuanto abrieron el museo. Cuando llegamos estaba muy tranquilo.

  • 23 mayo, 2012 a las 16:51

    Pero por muchos contratiempos, que magnífica edificación que es!!
    Sudos!!

    • 23 mayo, 2012 a las 21:22

      Eso es cierto, no se puede negar su espectacularidad y belleza. Aunque con eso de esperar tanto del lugar y después de ver las maravillas que habíamos visto durante ese viaje nos supo a poco 😮