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Sudando en el palacio real

Miércoles, 23/06/2011 (3)

Desde aquí veíamos el Chandra Mahal destacando con su color amarillo. Todavía nos faltaba para llegar, pero es el más alto, siete pisos. De todas formas no podríamos entrar, es la residencia actual del marajá y no forma parte de la visita. En lo alto del edificio, si ondea la bandera del marajá es que está en el palacio, si no está, ondea la de la marajaní.

Todavía no habíamos encontrado un sitio fresco y seguíamos buscando entrando en todos los edificios. Otro intento en el Diwan-i-Am, la sala de audiencias públicas. Aquí tampoco lo encontramos, pero sí la galería de arte en que se ha convertido, con manuscritos en sanscrito. Y otra demostración del lujo, un salón con piedras semipreciosas en el techo y alfombras del siglo XVII en las paredes. Por si hacía poco calor ponemos alfombras en las paredes. Casi es peor estar aquí dentro que en la calle y no estuvimos mucho tiempo admirándolo, eso sí, seguro que dejamos bastantes gotas de sudor en el suelo para demostrar que pasamos por allí.

En un patio lateral está la colección de carruajes, Bagghi-Khana. Siendo un patio está abierto. Estando abierto no hay sombra. No habiendo sombra el calor era excesivo. No había mucho turista en el palacio y menos aún en las zonas abiertas. Como en Udaipur, sólo en las paredes que daban algo de sombra.

Hay que acabar como sea y lo siguiente, girando el patio principal en sentido anti horario, es otro patio, Pitam Niwas Chowk. Aquí no había nadie, completamente vacío. Pero había que ver las puertas. El patio tiene cuatro puertas que representan las cuatro estaciones: el pavo real el otoño; la flor de loto el verano; la puerta verde la primavera; y la puerta rosa el invierno. Sara me espera a la sombra mientras me acerco a cada una de las puertas. Ya verá las fotos en la habitación con el ventilador.

Queda la armería para acabar. Poco a poco cogíamos velocidad porque el calor seguía dando fuerte. En el interior del edificio había una buena cantidad de armas, obviamente, pero también de ¡ventiladores! Así que disfrutamos un rato de la colección, una de las mejores de la India. Es increíble lo que el hombre es capaz de inventar para hacer daño…

Un poco recuperados volvimos al fuego exterior. La zona del palacio de Jaipur tiene mucho que visitar, muchas construidas por su fundador como el Jantar Mantar, el observatorio de Jai Singh II, de 1728. El nombre deriva del sanscrito Yanta Mantr, que significa instrumentos de cálculo.

Antes de entrar había algo más urgente: encontrar agua. Había tiendas de recuerdos y de postales, pero no veíamos agua por ninguna parte. Casi nos sentíamos como viajeros del desierto a punto de ver espejismos, pero en nuestros espejismos en lugar de un oasis buscábamos una botella de agua fría. Al pasar por delante de la taquilla del observatorio compramos la entrada, pero no fue hasta comprar una botella cuando entramos en el edificio. Estaba claro que no encontraríamos mucha sombra allí dentro.

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