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Ocupando el tiempo

Miércoles, 23/06/2011 (6)

La primera parada es la casa de los elefantes. A decir verdad pensaba que sería otra cosa. Algún tipo de templo, palacio o haveli con estatuas de elefantes o algo parecido. Pero se trata realmente de la casa de los elefantes. Mahavaton Ka Mohalla, en el centro histórico de la ciudad. Nos lleva a un lugar donde están los elefantes, concretamente elefantas, todas hembras, que trabajan en la rampa del Fuerte de Amber. Desde aquí caminan todos los días hasta el Fuerte de Amber (unos once kilómetros) para que los turistas vagos no tengan que subir hasta la entrada por la rampa o las escaleras. La vida media de estos animales, al menos aquí, es de unos 22 años, entre veinte y treinta años menos que en libertad y su hábitat natural. Si ya hemos leído que los elefantes sufren con ese trabajo y con el clima de esta zona, demasiado seco para ellos que necesitan litros y litros de agua al día (unos 250) no sólo para beber sino también para mantener fresca su piel, y cálido, lo que les provoca quemaduras en la piel y en las patas, verlos aquí, rodeados de paja, con los ojos tristes y con las patas sujetas por gruesas cadenas no ayuda mucho. Es muy triste. Después de verles en los parques naturales de África esto es un castigo.

El conductor se sorprende de que no lo disfrutemos. No debe ser muy habitual que los turistas sientan más pena por los animales que emoción por estar a su lado. Declinamos su invitación a montar, invitación que estamos seguros de que tendría un coste posterior en forma de propina a los «cuidadores», y le decimos que nos vayamos al siguiente sitio.

El palacio de agua está muy cerca, al otro lado de la calle principal, la avenida que une Jaipur con Amber. Se trata del Jal Mahal. Es un palacio de estilo rajputa construido en 1799 por Madho Singh I. Estaba obsesionado con el Lake Palace de Udaipur, donde pasó su infancia, y ordenó a los arquitectos que se basaran en aquél para su construcción. Se encuentra en mitad del lago Man Sagar y, cuando el agua lo permite, parece flotar. A pesar de que todavía no es época de monzón el lago tiene bastante agua y la imagen es la que debe ser. Menos impresionante, obviamente, que su «inspirador» pero muy bonito.

Por último, antes del cine, nos lleva a una fábrica de textiles. Como en todas las tiendas de todo el mundo lo primero que nos dicen y nos repiten es que no hay ningún compromiso de comprar nada y, como en casi todas, nos ofrecen algo de beber, té, que declinamos. Nos enseñan cómo trabajan las telas. Lo hacen a mano, es así como «imprimen» los colores. Fabrican distintos moldes como los usados en las imprentas y los mojan en los tintes naturales (espinacas para el verde, chile para el rojo, etc.) como los tampones de los sellos. Después los colocan manualmente sobre la tela y presionan para que el dibujo quede fijado. A continuación cogen otro de los moldes y lo mojan en otro color, lo colocan con cuidado sobre el dibujo anterior y es así como van añadiendo los distintos colores. Cada uno de los moldes se utiliza para pintar un trozo del dibujo, cada molde pinta con un color. Llegan a utilizar hasta cuatro moldes para cuatro colores. En un momento ha hecho un dibujo bastante trabajado de un elefante. Después de eso dejan la tela en un baño de agua con sal para fijar el color, color que cambia en ese proceso, y luego la lavan y está lista para aguantar toda la vida sin perder intensidad.

La parte interesante acaba aquí. Ahora empieza la parte agotadora. A pesar de que regateo y no me gusta comprar lo que no quiero llevo mal que nos hagan una exhibición de todas las cosas que tienen en la tienda, sacándolas de sus bolsas y estirándolas, para no comprar nada. ¡Si ni me gusta ir a las tiendas pequeñas de ropa porque me siento culpable si le hago abrir dos camisas y luego no compro ninguna! Pero a todo se hace uno. Aquí no es que nos enseñen un par de camisas. Lo que nos enseñan son colchas y fundas de edredón. Todas, las quince o veinte distintas, enormes. Las hay de retales de vestidos, según ellos muy antiguos, de seda, de algodón, de lana… lisas, con dibujos geométricos, con dibujos más elaborados y otras en las que los dibujos son también retales. Éstas suelen mostrar elefantes en distintos colores: verdes, amarillos, naranjas… Una nos gusta bastante. Más para poner en la pared que para poner en la cama, pero las paredes de una casa pequeña son pequeñas y además con las estanterías más pequeñas todavía. Le preguntamos si tiene una como ésa pero mucho más pequeña y nos empiezan a sacar otro montón más pequeñas, pero ninguna igual.

Llevamos aquí casi media hora entre que nos sacan unas y otras y, a pesar de mi reticencia, nos vamos a ir sin llevarnos nada. El de la tienda nos ofrece un suculento descuento y nos dice que las pequeñas también son bonitas. Y tiene razón, pero nos había gustado la otra. Más descuento si cabe, pero sigue siendo que no. Para que nos deje en paz, le decimos que nos lo pensaremos y que, lo mismo, al día siguiente volvemos. Nos da su tarjeta y nos susurra que mañana el descuento seguirá vigente.

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