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Ni un autobús más

Domingo, 19/06/2011 (y 4)

Son más de las diez de la noche cuando nos dejan en la parada. Cinco horas y media metidos esa tartana nos han quitado las ganas de volver a coger un autobús indio. Haremos todo lo posible por movernos en tren el resto del viaje.

La única cosa productiva que hemos hecho en el autobús, además de comprar agua, ha sido mirar en la guía los hoteles de la ciudad y decidirnos por el Hotel Udai Niwas. Según la guía está bien. Bien situado, en el centro cerca del templo de Jagdish, y con una terraza con una gran vista de la ciudad. En la guía pone que es la más alta de la zona. Nada más salir de la estación buscamos un tuctuc para ir hasta allí. Me ha parecido verlo desde el autobús, pero me he confundido con los nombres.

Cuando llegamos a la entrada del hotel el conductor nos dice que un poco más abajo hay un hotel más bonito, qué curioso que éste no te guste y nos quieras llevar a otro. También nos pregunta si tenemos reserva. Al decirle que no nos dice que nos espera para llevarnos al otro si hace falta. De lo que no estamos seguros es de que esté abierto. El cierre que hay a pie de calle está echado y no sabemos si habrá otra manera de entrar. Nos señala una escalera y una puerta abierta. No creemos que haga falta que espere, pero allá él. Nosotros le pagamos y que haga lo que quiera.

Las escaleras de la calle acaban en la puerta. Pero aquí hay otro tramo de escaleras todavía más empinado. Esperemos que el hotel esté bien, porque bajar otra vez por aquí… Al final de la escalera hay una sala con colchones en el suelo y un tipo tirado en uno de ellos. Esto nos recuerda al sitio que recomendaba la guía de Jordania en Amán y del que salimos corriendo y asqueados nada más ver una de las habitaciones. El tío del colchón se levanta y nos pide que le sigamos. Esto debe ser una entrada lateral. Al doblar una esquina llegamos a la recepción del hotel, con mucha mejor pinta. Incluso hay un par de occidentales navegando en dos ordenadores.

Aquí también hay dos tipos de habitaciones: con y sin aire acondicionado, 800 y 400 rupias. Empezamos la visita por la de sin que lo que tiene es un ventilador de techo. La habitación está muy bien y sabemos que por la noche apagaríamos el aire, como ayer, así que nos quedamos aquí sin llegar a ver siquiera la otra.

Nos ha preguntado cuántas noches vamos a estar. No lo sabemos. Mínimo una y todo depende de si conseguimos un billete de tren para ir a Ajmer. Porque después de la odisea en autobús de hoy ni nos planteamos volver a coger uno si no es absolutamente necesario. De todas formas este hombre nos ha dicho que ya haremos el registro en el hotel mañana por la mañana y pagaremos. Mejor, porque no nos quedan rupias para pagar nada.

Bajamos a comprar agua, un par de botellas. Hemos descubierto que muchas de las marcas de agua que se venden en la India no son aguas minerales, son aguas filtradas y purificadas. No debe haber muchos manantiales en este país y lo que hacen es preparar el agua normal para que los turistas la puedan beber sin que sus estómagos sufran. Ya hemos empezado también a comprar botellas de litro y medio, incluso de dos litros. Seguimos teniendo que beberla rápido porque se calienta, pero no hay problemas.

A la ducha. En el autobús hemos sudado como si estuviéramos en una sauna. Como ayer, la ducha está en el centro del baño y todo el suelo es el plato con un sumidero. Más relajados nos ponemos a cenar, hoy toca paté de pollo.

Por primera vez en lo que va de viaje esta noche dormiremos ocho horas que ya va tocando.

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