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Jodhpur

Jueves, 16/06/2011 (4)

Salimos de la fortaleza a las 17.30, no nos han echado así que suponemos que a las cinco cierran las puertas pero dan tiempo a los que están dentro para salir. Ahora toca buscar otro tuctuc que nos lleve a la ciudad de vuelta. No tenemos nada que hacer hasta las once, que es cuando sale nuestro tren, y pensamos en acercarnos a la ciudad vieja. Según el mapa, el punto más fácilmente reconocible de esta ciudad vieja es la torre del reloj. Allá que vamos.

Los conductores nos piden 100 rupias por un recorrido de no más de kilómetro y medio. La teoría dice que hay que pagar entre 5 y 15 rupias por kilómetro… y eso siendo turista. Estos piensan que van a hacer el día y, teniendo en cuenta, que no hemos encontrado tantos turistas (no llega al nivel de Uzbekistán que estábamos solos, pero no habremos visto más de seis u ocho) más les valdría poner un precio más sensato si no quieren acabar bajando a un local que les dé 5 rupias.

No están muy dispuestos a rebajar y empezamos a bajar la colina tranquilamente, otra cosa no, pero prisa menos. Cuando le hemos dicho a uno que le dábamos 40 nos ha dicho que por ese precio nos lleva a una colina que hay frente al fuerte para que hagamos fotos. Ahí vamos andando. Se nos acerca uno y nos rebaja hasta 40 rupias a la torre del reloj. Sigue siendo mucho, pero lo aceptamos porque no estamos acostumbrados a este calor.

Éste también nos ofrece ir a la colina a hacer la foto. En la colina se encuentra el Jaswant Thada, un monumento de mármol blanco construido en honor de Jaswant Singh II por Sadar Singh en 1899. Se trata de un lugar de cremación tradicional de los gobernantes de Jodhpur.


Después de las fotos vamos a la torre. El conductor no tiene cambio de 100 y yo no tengo nada más pequeño. Se lleva el billete para cambiar y vuelve con diez billetes de diez rupias. Al darle sus cuatro billetes nos dice que quiere más. Su motivo es que nos llevó al Jaswant Thada. Por eso te damos las gracias, pero no han sido ni 200 metros lo que has hecho. Encima Sara ha perdido una de las piernas del pantalón, las había atado a la cinta del bolso, pero una se ha soltado y no sabemos donde.

Nos metemos en el mercado de la ciudad, el mercado Sadar. Callejuelas y pequeñas tiendas entre las que compramos otra botella de agua. Vemos claro que habrá dos constantes en el viaje: sudar sin parar y comprar botellas de agua una detrás de otra. El problema de las botellas es que hay que bebérselas nada más comprarlas. Diez minutos después de sacarlas de la nevera el agua está como si saliera de un calentador, casi no vale ni para lavarse las manos.

Según el mapa la estación de autobuses no está muy lejos. Pasado mañana, cuando volvamos, queremos acercarnos a Osiyan y habrá que coger un autobús, son 65 kilómetros. No está tan cerca como parecía y nos vamos cruzando con basura y vacas. En Nepal ya nos encontramos con algunas vacas por la calle, pero aquí es exagerado. Jodhpur está lleno de vacas por todas las calles, y donde no hay vacas hay perros… y donde no humanos que tampoco es que se preocupen mucho de mantener la ciudad limpia. Incluso caminando por las calles principales ya hemos sufrido nuestra primera amenaza de arcada.

Antes de llegar a la estación encontramos la oficina de turismo. Hay un hombre que está sentado en la puerta tranquilamente que entra cuando nos ve llegar. No se está mal dentro, no hay aire acondicionado pero hay un ventilador y como está en una especie de parque vallado no hay mal olor que no es poco. El de la oficina nos cuenta que a Osiyan hay autobuses sin problemas y nos pregunta el motivo por el que vamos a Jaisalmer, el tren de esta noche nos lleva allí. Que si queremos ver el desierto lo podríamos ver en Osiyan y que en Jaisalmer hace mucho calor. Miedo nos das, si un tipo de Jodhpur nos dice que allí hace mucho calor va a ser insoportable. El otro sitio por el que queremos preguntar es por Ranakpur. Será el destino después de Jodhpur, la siguiente parada. El de la oficina nos dice que hay varios autobuses al día, a las doce, a las tres y a las siete. Lo malo es que ahora, como hay pocos turistas, nos dice que no hay autobuses a Ranakpur con aire acondicionado, que son todos sin y de los que paran en todas las ciudades intermedias. Hay que hacer lo que hay que hacer. El de las tres de la tarde será casi seguro el que cojamos.

Al salir seguimos caminando hacia la estación de autobuses. Queremos saber dónde está para cuando nos haga falta. Según el mapa está al lado de la segunda estación de tren de la ciudad. Necesitamos preguntar cuatro o cinco veces más por la estación antes de conseguir llegar. Y no es que todo el mundo hable inglés, más bien al contrario, pero «bus station» lo entienden casi todos. Para llegar hay que pasar por debajo de una carretera elevada y eso es todavía peor que lo que hemos sufrido hasta ahora.

Y la estación, aunque está mejor que la de tren, tampoco es algo que esperáramos encontrar, aunque nos vamos haciendo a la idea. Aquí lo que no hay es consigna, así que pasado mañana habrá que dejar las mochilas en la estación de tren en lugar de traerlas aquí. Lo que sí que hay es una sala de espera con ventiladores.

Cuando consideramos que estamos preparados salimos hacia la estación de tren. Por el camino pasamos delante de un centro comercial con McDonald’s y tiendas de ropa. No tenemos hambre, aunque hace ya un montón que no comemos, pero con el calor nos vale con el agua. En la entrada hay un guardia de seguridad y un arco detector de metales. Eso es buena señal, lo mismo hasta hay aire acondicionado y todo. Entramos y esto es el paraíso.

Hasta los baños están más o menos bien. Hay una cafetería en la que entramos. El tipo que está aquí trabajando tiene que pagar por trabajar. Limpio, aire acondicionado, relajado, si no paga trabajará gratis. Hay un grupo de mujeres sentadas y mientras nos decidimos vemos que le llevan a una una copa con helado, nata, chocolate… y le decimos al camarero que nos traiga dos de esas. Las demás bebidas que hemos visto llevan hielo y lo primero que nos dijeron en el centro de vacunación internacional es que no bebiéramos agua del grifo, ni para lavarnos los dientes, ni para hielos.

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