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Indiana está entre nosotros

Sábado, 18/06/2011 (3)

Siguiendo sus indicaciones acabamos en un claro entre casas, el cemento ya acabó antes. No sabemos muy bien por donde seguir y la primera opción no es la buena, acabamos en la valla de una casa. Al volver vemos a una señora en la puerta de otra de las casas que nos indica un pequeño camino entre su casa y la de al lado. El suelo es de tierra y no tiene más de un metro de ancho, pero tampoco sabemos cómo salir de aquí y ella nos lo ha indicado con su mejor voluntad.

El camino rodea su casa. Detrás de su casa encontramos el baori (pozo escalonado) Katan, del siglo XI. Un sitio que nos hace sentirnos arqueólogos que han descubierto algo que llevaba siglos sin que nadie supiera que estaba ahí. Se organiza en terrazas excavadas, como una pirámide invertida. Las paredes son de piedra roja y está lleno de esculturas por todas partes. Está complemente abandonado pero eso le añade más encanto aún. Vemos animales corriendo entre las terrazas y árboles y ramas que impiden llegar a las escaleras para entrar. Hemos subido unas escaleras, hasta la puerta de atrás de la casa de la señora, para tener una vista más completa. De todas maneras no llegamos a ver la parte más baja del pozo, suponemos que habrá todavía agua, hay un muro que llega hasta el pecho para impedir que la gente se caiga… y ni desde más arriba se puede ver todo.

El impresionante baori de Osiyan

Espectacular y olvidado

Rodeamos el pozo-templo buscando una manera de ver más, pero no es posible, hemos estado lo más cerca que se podía, además de que hemos subido a la entrada de la casa de la mujer. Al pasar de nuevo por su puerta se lo agradecemos uniendo las manos y bajando la cabeza.

Camino de la estación, ahora es como si todo fuera más fácil de encontrar, vemos otros cuantos templos. De uno de ellos sale un jabalí. Lo de ver vacas sueltas por la calle ya es una costumbre. Las vacas no se consideran animales peligrosos pero los jabalíes son otra cosa. Con cuidado para no molestar y no llamar su atención nos alejamos. Por otra parte el resto de templos están en muy mal estado de conservación, tan abandonados como el baori Katan, pero sin un muro ni árboles que impidan que los animales y la gente entre y los estropee aún más.

Llegamos al mismo cruce de carreteras en que nos ha dejado el autobús y preguntamos si para volver hay que cogerlo también allí. Está el mismo que antes nos indicó cómo llegar a Sachiya Mata, nos pregunta si no queremos alojamiento. No, nos vamos en cuanto llegue el autobús. Nos pregunta dónde hemos dormido en Jodhpur. Le decimos que no hemos dormido en Jodhpur, que hemos venido de Jaisalmer en el tren nocturno. Se ríe diciendo que podíamos haber parado allí por la noche, que el tren tenía parada en Osiyan antes de llegar a Jodhpur. Ya lo sabíamos, pero llegaba aquí a las 3.15… En cualquier caso nos comenta que el autobús de vuelta a Jodhpur llegará en diez minutos. Tiempo suficiente para comprar otra botella de agua y visitar los dos templos que vimos antes al llegar.

El autobús viene lleno de gente. Estábamos hablando con este hombre cuando llegó, hubo que cortar la conversación. Nos dijo que ése nos valía, pero lo dijo de una manera que nos hizo pensar que nos iba a dejar en cualquier otro sitio de Jodhpur. Nos lo confirma el que vende los billetes. Como en casi todos los países que hemos visitado, hay un conductor y uno que va vendiendo billetes y gritando el destino. Nos dejarán a unos 500 metros de la estación. Habrá que ver si han dado una medida correcta o algo para que nos quedásemos tranquilos.

Los autobuses tienen una mampara de cristal que separa donde está el conductor y un asiento perpendicular a él, paralelo a la carretera, del resto. Y, como buena ex–colonia del Imperio Británico, conducen por la izquierda, hasta esta mañana no nos habíamos dado mucha cuenta porque siempre habíamos ido en tuctuc, que aunque van por la izquierda no desaprovechan la ocasión de meterse por el carril contrario o por donde sea necesario para ganar un poco de tiempo. Tanto el que hemos cogido esta mañana como este tienen dos filas de asientos, la de la izquierda con dos y la de la derecha con tres asientos.

Al montar nos da la impresión de que el que vende billetes está pidiendo a la gente que se levante para que nos sentemos nosotros. Tampoco se trata de eso. Es probable que estemos pagando más, pero no por eso vamos a hacer que la gente se levante. Nos quedamos de pie.

Una o dos paradas después se baja uno y le dejan el sitio a Sara. El autobús tiene una televisión y están poniendo una película de Bollywood, de acción. Al poco queda otro sitio libre y me lo dejan a mí. Sigo cansado y en cuanto me siento empiezo a dar cabezazos. Alguno que otro le tocó a mi compañero de asiento, ni las carreteras ni el autobús son lo que se dice buenos y las curvas y los baches me han lanzado un par de veces contra él.

Otra hora y media después el de los billetes nos dice que hemos llegado a Jodhpur. Es posible que hayamos llegado si tú lo dices, pero no tenemos ni idea de dónde estamos. Nos dice que siguiendo la calle en la que estamos en cinco minutos estaremos allí.

Sara ha sacado la guía. No me parece que sirva de nada, porque es prácticamente imposible que «descubra» donde estamos sin una referencia. Le digo que sigamos las indicaciones y ya iremos preguntado. «Bus station» lo entienden todos.

Un poco más lejos de lo que nos habían dicho, pero a una distancia de paseo llegamos. Preguntamos por los horarios de los autobuses a Ranakpur y nos dicen que hay uno a las doce de la mañana. Son las 11.15, podemos cogerlo. Ahora toca coger un tuctuc a la estación de tren, coger a los Symbios (confiando en que las ratas no hayan olido el fuet y hayan decidido que bien merecía la pena escalar hasta ellos para comerlo), volver a la de autobús y salir para Ranakpur.

El tuctuc nos pasa por delante del centro comercial con la cafetería de antes de ayer y ganas tenemos de decirle al conductor que pare. Pero no hay tiempo.

Las mochilas siguen en el mismo sitio y en perfecto estado. Como en el mismo estado está la estación, a esta hora ya hay un montón de gente tirada por el suelo.

Vuelta a la de autobús. Podríamos haber bajado andando, lo hicimos el otro día, pero ya nos dimos cuenta de que estaba bastante lejos y no estamos para excesos. Me ha sentado muy bien el sueñecito en el autobús de vuelta desde Osiyan, a pesar de los cabezazos, y ya no estoy tan hecho polvo, pero no hay que forzar innecesariamente.

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