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¡Despierta!

Sábado, 18/06/2011 (1)

Esto parece un déjà vu de lo de ayer.

Medio dormidos volvemos a oír como alguien grita algo. La hora cuadra. Son las cinco de la mañana, así que deberíamos haber llegado ya a Jodhpur. Ahora habrá que enterarse de dónde estamos, puede que sea la estación que nos viene bien o lo mismo hay más en la ciudad. Yo estoy medio dormido todavía, además de tremendamente cansado. Es como si mi cuerpo no se hubiera despertado del todo y menos aún mi cabeza.

La estación es la que pensábamos. Estamos al lado de los autobuses así que tendremos que esperar allí. El tipo de la oficina de turismo nos dijo antes de ayer (¿ya han pasado dos días? ¿sólo dos días?) que el primer autobús a Osiyan salía a las 7.00.

Por si acaso, nada más llegar a la estación, está realmente cerca y no tardamos ni cinco minutos andando, preguntamos por el destino que nos interesa. Nos señalan la otra parte de la estación. Deben haberse dado cuenta de que todavía no estamos al 100% y uno nos lleva hasta la dársena en cuestión. Habla un poco de inglés y nos dice que llegará en un momento. ¿Un momento? Se supone que falta una hora y tres cuartos…

No sabemos si será el autobús que nos interesa pero sí que llega uno a la dársena en quince minutos. De nuevo convertimos el nombre de nuestro destino en pregunta y comenzamos con el interrogatorio: “¿Osiyan?”. El conductor nos dice que sí y que el billete se lo compremos directamente a él. Son 25 rupias por cabeza. Lo que no tenemos tan claro es cuánto tardará en salir. Nuestra experiencia en Asia es que no salen hasta que no se llenan, pero aquí no hay bastante gente y este autobús es bastante grande. Lo mismo sí que sale a las siete al final.

Resulta que no. Tiene horario de salida y a las 5.45 ya estamos en marcha y fuera de la parada. A esta hora hasta se puede decir que se va bien en el autobús, no hace mucho calor y hay sitio para estar tranquilos. Lo del sitio, y lo del calor, se van perdiendo por el camino. En cada parada, y no parecen paradas «oficiales» sino más bien de «aquí te pillo aquí te paro», va subiendo gente hasta casi llenar el autobús. Y la temperatura, no sólo por la gente, va subiendo. En muchas de las paradas también suben niños con botellas de agua para venderlas.

El trayecto de 65 kilómetros necesita una hora y media para completarse. Ya nos vamos haciendo una idea de que la velocidad en las carreteras no es el punto fuerte del país. Será mejor tratar de coger siempre un tren, van más rápidos y son más cómodos. El problema es que hay muchísimos indios y siempre están llenos. Nos han dicho que hay que comprar los billetes con un par de días, como poco, de antelación y eso, con nuestro estilo de viaje, es prácticamente imposible: no sabemos dónde estaremos mañana, como para saber a dónde querremos ir pasado.

A la hora y media el autobús pasa cerca de un par de templos blancos. Como ya nos pasó con los de Jaisalmer, nos recuerdan en la forma a las imágenes que hemos visto de Angkor Wat. La misma forma techo montaña. Osiyan es un oasis en el desierto de Thar. Desierto que visitamos ayer con los camellos y en el que también está Jaisalmer.

La ciudad cuenta con más de 16 templos entre jainistas e hinduistas (védicos). Vivió su época de esplendor entre los siglos VII y XI. El templo principal está en el centro de la ciudad. Se trata de Sachiya Mata, dedicado a la diosa Sachi Mata, la madre de la verdad, novena y última reencarnación de la diosa Durga. Construido entre los siglos IX y X. Sati Mata también conocida como Indrani, la diosa consorte de Indra, el rey de los dioses y dios principal de la religión védica

Somos los únicos turistas que hay aquí a estas horas. Es más, la ciudad está casi abandonada, el clima es muy duro y son pocos los que siguen viviendo en ella. La ciudad es un gran centro de peregrinación para los jainistas, especialmente la comunidad Oswal. Eran una comunidad comercial rica que donó su dinero para la construcción de algunos de los templos.

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