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Volviendo al tren

Viernes, 17/06/2011 (y 7)

En su tienda no hay nadie, a estas horas tampoco esperábamos otra cosa, pero lo que tampoco tiene él es la llave. Habla con uno para que vaya a buscar al jefe. Mientras tanto Maik nos pregunta cuánto nos cuesta la excursión. Nos dice que lo primero que le dijo Rahul es que no nos dijera cuánto pagaba, pero que da lo mismo. Nos dice que él paga 750 rupias, justo la mitad que nosotros, el precio unitario es el mismo, pero a él le ha dicho que las cervezas a parte. A nosotros no hacía más que decirnos que la cerveza estaba incluida… pero porque nosotros le hemos dicho, todas las veces, que no bebemos. El precio de la cerveza es 75 rupias y a nuestro amigo alemán le pareció bien porque era bastante más barata que en su hotel.

Nuestra intención es llegar a 1.200 rupias, que el único gasto extra que ha tenido por ser tres es el camello, pero el coste del coche, la gasolina, el conductor… es el mismo y hay que repartirlo. El jefe tarda en llegar y se nos está haciendo tarde para cenar y coger el tren. Ya hemos quedado con Maik en que iremos a cenar con él siempre y cuando vayamos solos, que llevamos con Rahul desde las 7.30 de la mañana y es suficiente. Lo entiende, él lleva menos tiempo, pero le ha pillado con las cervezas y está más pesado.

Sara se va a hablar con Rahul. Le ofrece los 1.200 en billetes, tendremos que cambiar otra vez mañana. No está por la labor en la rebaja, la cerveza le ha envalentonado. Quiere los 1.500. Ahí no vamos a llegar nunca, y, para apretar, le decimos que 1.300 con tarjeta o 1.200 en metálico. La cosa se está alargando y, aunque estamos tentados de dejarle allí, acabamos dándole 1.300 en metálico y se contenta.

Llega el turno de Maik. Rahul le pide los 750 más 75 por la primera cerveza en el pueblo y 200 por la segunda en el desierto. Maik le dice que ni hablar, que habían cerrado el precio de la bebida y no entiende el motivo por el que ahora cuesta el doble. Rahul le dice que en el desierto la bebida es más cara. Maik le dice que se lo tenía que haber dicho antes y le da dinero (no sabemos cuanto). Rahul, demasiado envalentonado por la cerveza, le dice que si le está llamando embustero, que no necesita su dinero para nada y se lo tira. Nosotros lo habríamos cogido y nos hubiéramos ido más felices que unas perdices, pero el alemán es menos rápido. Lo coge y le dice a Rahul que así no se hacen las cosas y le vuelve a dar el dinero y se despiden.

Buscamos un restaurante en la guía, cualquier cosa menos preguntarle. Se nos acerca para indicarnos uno cercano y, bastante cortantes, le decimos que ya le hemos pagado y que nos deje en paz. Empezamos a andar sin rumbo fijo porque los restaurantes de la guía están bastante alejados del fuerte. Por otra parte no sabemos dónde estamos porque nos ha dejado en la puerta de su tienda y no está marcada en el mapa. Esta mañana nos trajo él, como a muchos otros sitios, y luego nos acompañó al fuerte.

Delante del fuerte, después de preguntar a la gente en la calle, nos paramos bajo una farola a mirar el mapa. Le estamos diciendo a Maik que en cualquier momento volverá a aparecer Rahul. Se ha pasado todo el día apareciendo a nuestro lado. Antes de acabar la frase lo tenemos pegado ofreciéndose a llevarnos a un restaurante. ¡No hay manera de que nos deje en paz!

Maik dice que sabe llegar a su hotel andando, ha estado aquí un par de días y se lo conoce mejor. Vamos hacia allá y ya encontraremos un restaurante en algún sitio, sino, en su mismo hotel.

Encontramos uno que, como casi todos, está en la azotea de un edificio. No hay casi ninguno con aire acondicionado y lo que hacen es ponerlos arriba del todo, de noche se agradece, pero de día con el Sol será todavía peor.

Pedimos pollo asado con patatas (estilo occidental), un arroz con pollo y verduras (teóricamente poco picante, porque casi todos los clientes son extranjeros y lo que hacen es poner las especias en la mesa para que se las eche el que quiera) y una especie de kebab (que cuando llega en el plato parece cualquier cosa menos eso, son como pequeñas albóndigas de carne aplastada). Maik pide al azar sobre la carta, un plato de muflón con una crema y otra cosa que no recuerdo.

Nos queda poco menos de una hora y media para la salida del tren y en la carta pone que les tienes que dar unos 45 minutos desde que pides hasta que lo tienen preparado. Mucho tiempo es ése, les decimos que tenemos que coger un tren y que se den prisa. Tampoco hay nadie más en el restaurante, no sabemos si es pronto, tarde o que no va la gente, así que no deberían tener muchos problemas. Nosotros, por si acaso, controlaremos el reloj porque lo que no vamos es a perder el tren. En la entrada había un montón de tuctuc, cogeremos uno a la estación. Por lo visto los precios de los tuctuc por la noche son más elevados, tienen tarifa nocturna.

Menos la comida estilo occidental todo lo demás pica que enciende. ¿Qué le pondrán ellos a su comida que dicen que esto no pica?

Maik nos dice que mañana se vuelve a Berlín. Ha viajado con todas sus cosas y a primera hora saldrá con el chofer a Jodhpur. Allí cogerá el avión a Bombai y desde allí a Berlín. No ha visto Mehrangarh en Jodhpur y no tendrá tiempo de verlo. Una lástima. A cambio nos dice que el palacio del fuerte era muy bonito por dentro, y nosotros no entramos. Está encantado con lo barato que es todo, más ahora viendo que los precios del restaurante son bastante más baratos que los de su hotel, y a nosotros nos parecen claramente de turista. No tenemos muy claro en qué hotel está, tampoco hemos mirado hoteles aquí ya que no nos íbamos a quedar, pero nos dice que es como un palacio y que la habitación cuesta 50 euros la noche. En India no sería de extrañar que más que ser «como» un palacio, fuera de verdad un antiguo palacio transformado en hotel, incluso los marajás han transformado en hoteles de gran lujo algunos de sus palacios.

A las 22.20 salimos del restaurante. En todos los viajes tenemos la experiencia de encontrar a gente y cambiar correos electrónicos con ellos. Luego jamás escribimos, ni nosotros ni ellos. Esta vez ni hemos hecho el amago de darle el correo, tampoco él. Es evidente que ya hemos pasado todos por lo mismo. Le deseamos un buen viaje de vuelta y él unas buenas vacaciones.

Sólo queda un tuctuc en la plaza, y cuando nos acercamos está arrancando para irse. Nos pide 40 rupias por llevarnos a la estación. Nos parece justo y no estamos en posición de regatear: no hay más tuctuc y tampoco tenemos mucho tiempo para andar jugando.

A las 22.35 estamos en la estación. Tenemos tiempo de comprar otra botella más de agua. En la cena pedimos tres. Cuando las trajeron Sara dijo que tres iban a ser demasiadas, que podíamos pedir dos y luego ya veríamos. Le dije que dejara las tres que iban a durar muy poco. Tan poco duraron que tuvo que acabar pidiéndole un poco a Maik. Debería beber más ya que está menos acostumbrado al calor… pero al llevar más días en el país lo mismo ya se ha hecho. Y de lavarnos los dientes, en el mismo sitio del andén donde lo hicimos esta mañana, ¡hace ya casi 19 horas!

El tren ya está en la estación, pero el vagón del aire acondicionado, el nuestro, tiene un candado en cada puerta. Diez minutos antes de las once lo abren y entramos. Ya hemos confirmado antes que es el tren que va a Jodhpur, que no queremos acabar en Bikaner o en Bombay sin enterarnos.

Nuestras literas son como esta noche, la de arriba del todo y la de en medio, pero en diagonal. De nuevo me subo a la de arriba y dejo la intermedia a Sara. Y, como ayer, subo con la botella de agua para beber y la vacía…

Mientras nos estamos colocando traen las sábanas, las mantas y las almohadas. Las sábanas están húmedas y las mantas tienen pinta de haber vivido mucho, como ayer. De todas formas, visto que esta noche hemos acabado usándolas… Es más, como las han ido trayendo por tiempos y la almohada ha sido lo último, Sara, que ya lleva un rato dormida, ha cogido una como almohada y la otra para taparse.

Hoy, la pregunta de moda en el tren es «¿Jodhpur?» y, por ahora, todos dicen que sí.

El revisor también dice que sí, no nos ha dicho que nos hayamos confundido de tren que no es poco. Lo que no acabamos de entender es que parece que no va «del todo» a Jodhpur. Medio entendemos que la última estación no es de la que salimos ayer por la noche, sino otra estación de la ciudad que está a poca distancia. Según el mapa de la guía no hay tantas estaciones de tren en Jodhpur, así que suponemos que el tren parará en la otra, la que está al lado de la estación de autobuses. Pues mejor, un tuctuc que nos ahorramos, como no hay consigna no merece la pena sacar las mochilas de donde están. Ya iremos a por ellas cuando volvamos de Osiyan antes de salir para Ranakpur. Eso sí, habrá que seguir cargando a Okihita un día más.

Con el traqueteo del tren tardamos nada y menos en dormirnos. Como teníamos previsto lo de dar vueltas en la cama no es para nosotros, según nos tumbamos así nos dormimos y no sé si nos despertaremos en otra posición.

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