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De vuelta a la capital

  

Domingo, 06/03/2011 (5)

El tren no es como el Sharq del otro día. Éste tiene compartimentos. También estamos en el vagón número tres, debe ser el que le dan a los turistas. En nuestro compartimento viajan una madre con dos niñas pequeñas y otro que, oyendo un poco lo que dicen y entendiendo lo justo, va a otra universidad privada de Taskent.

Las niñas llevan, cada una, una bolsa de los gusanitos que hemos visto esta mañana en Urgut y no paran de comerlos. Con estas guarrerías no nos extraña que luego tengan toda la boca llena de dientes de oro. La madre ya tiene unos cuantos. Cuando paran de gusanitos comen otras cosas por el estilo. Eso sí, la madre también les ha hecho comer unas lonchas de su mortadela con su pan, una mandarina (Sara ha salivado) y una manzana a cada una.

Nosotros pasamos la primera hora y media durmiendo. Esto tarda tres y media, así que empezamos a aburrirnos. Decidimos tratar de dormir en el Hotel Rovshan y si no, ir directamente al Gulnara, el otro hostal barato de la ciudad. No estamos por la labor de volver a Mirzo después de lo del cambio. Ha sido uno de los sitios más caros y tampoco nos parece elegante ponernos a regatear la segunda vez que vamos. Para pasar las horas que quedan abrimos la mesa del compartimento y nos ponemos a jugar a las cartas.

Llegamos a Taskent con más de media hora de retraso. En la guía hablan de un par de hoteles, uno dentro de la estación y otro fuera, que son lo mejor que se puede encontrar por poco precio. Lo que pasa es que les quitaron la licencia para alojar a extranjeros a mediados de 2010 y no saben si la recuperarán algún día. Por intentarlo no va a quedar y son nuestra primera opción.

No sabemos si habrán recuperado o no la licencia, pero no hay manera de encontrarlos. En la calle no parece que haya mucha gente esperando para llevarnos a ningún hotel, casi ni taxis. Pero en cuanto llegamos al asfalto, la estación tiene una entrada peatonal muy grande, ya llegan los taxistas. Uno más insistente que los demás puede que se lo lleve. Le indicamos la dirección del Rovshan y nos dice “ok”. Aquí todos dicen eso pero ninguno dice el precio, sólo que le sigas y montes. Tras insistirle nos pide 5.000. Ni borracho. Le decimos que 3.000. Se ríe y niega con la cabeza. Ahora somos nosotros los que nos vamos, pero para otro lado. Sigue insistiendo pero no baja de 5.000. Como ve que seguimos andando sin problemas nos indica que ni sus 5.000, ni nuestros 3.000, 4.000. De acuerdo, nosotros seguimos andando, porque tres o nada.

Cuando dice “ok, ok” damos por sentado que acepta nuestra oferta. Nos pide que le acompañemos al coche que tiene alejado de la estación. No es un taxista oficial y en la estación hay policías. Metemos los Symbios en el maletero y cuando estamos dentro vuelve a decir que 5.000. Ya ha arrancado, pero le va a dar igual. Le decimos claramente que tres o nada. Sigue con sus cinco, incluso cambia a tres, pero a tres dólares cada uno. Para antes de entrar en la carretera. Sara abre la puerta y le hace gestos de que abra el maletero. El tipo recula y nos dice otra vez “ok, ok”.

Según Sara estamos yendo más lejos de lo que deberíamos. El hotel está más cerca de la estación según la guía. De cualquier forma, dé la vuelta que dé, cuando lleguemos al hotel le voy a dar 3.000 y ni uno más. No da ninguna vuelta y nos lleva directos al hotel, Taskent es mucho más grande que el resto de ciudades y las distancias en el mapa parecen más pequeñas.

Al salir y coger las mochilas le doy los 3.000. Me mira, sonríe y hace un gesto como de que por eso no le merece la pena, que la “bencine” (gasolina) es muy cara. Pues tú verás. Me guardo los 3.000 y voy a la puerta del hotel. Sara ya ha entrado. El tipo se da cuenta de que se queda sin nada y me llama otra vez. Le vuelvo a ofrecer los mismos billetes y él vuelve a hacer el paripé. Me canso. Le dejo los billetes encima del coche y que haga lo que quiera. No va a ver ni uno más de los nuestros.

Cuando entro en el hotel Sara me dice que la tarifa por noche son 100.000 som. Según ellos unos 50 dólares. Unos dólares con un cambio muy bueno, porque al oficial 50 dólares son poco más de 80.000. No hay margen para el regateo. Es a lo que nos arriesgábamos en la capital. Los hoteles tienen los precios fijos y los que trabajan aquí no tienen margen, son sólo empleados. No es como en el resto de ciudades que hemos hablado con el dueño.

Pues nada. Son las nueve y media. Estamos en Taskent. Y no tenemos donde dormir. Esperamos a que se vaya el tipo que nos ha traído de la estación y salimos a la calle. Vamos andando a la calle principal y desde allí trataremos de ir al Gulnara. El otro hostal de la ciudad de precio bajo.

Debido a unos problemas de Blogger y a que he estado un par de días en Barcelona se
ha retrasado la publicación de esta entrada.

  

2 comentarios

  1. conxa
    16 mayo, 2011 en 15:51 — Responder

    de nuevo estoy atrasada, a ver cuando puedo dedicarme una tarde a tu blog….. ya lo sabrás. Las fotos si las he visto.

  2. JAAC
    19 mayo, 2011 en 09:35 — Responder

    No te preocupes Conxa, que esto seguirá aquí mucho tiempo, no hay prisa 😉

    He leído que has estado enferma… lo importante es recuperarse, que leer viajes es totalmente prescindible, pero la salud no.

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