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Volviendo a casa

  

Martes, 08/03/2011 (1)

El día de la mujer. En Uzbekistán y por lo que oímos en todos los países que antes formaban parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, es uno de los días grandes, una gran fiesta en la que casi nadie trabaja. Todos llevan las primeras flores a sus madres y esposas. Ayer ya vimos flores frescas. Hasta ahora todas, incluso los ramos de novia, eran de plástico.

A las seis y media suena el despertador. Vestirse y guardar a Sungin que se estaba cargando para usarlo en el avión nos lleva poco más de diez minutos. A las siete menos cuarto estamos saliendo. Abrimos el cerrojo y un pasador más que el otro día no estaba. No me gusta la idea de dejarles la casa abierta, desde fuera no se puede cerrar, pero vemos en la ventana de la cocina que está la mujer que nos saluda con la mano y con una sonrisa. Perfecto, ya cerrará ella o quién sea, pero por lo menos ya saben que está abierto.

Nada más salir a la calle y antes de mover siquiera el brazo, un Matiz nos da las luces. Ahora sí que movemos el brazo y nos para al lado. Ayer habíamos escrito aeropuerto en uzbeco, según la guía, en un papel por si no entendían airport. Sara le dice lo de la guía y el tipo no se entera. Tampoco entiende lo que lee. Le dice airport y entonces sí que lo pilla aeroporti. Sara le dice que 5.000 y el tío dice que sí a la primera. Ya lleva a una pasajera así que nos metemos a presión con las mochilas.

La mujer se baja al final de la calle y nosotros seguimos algo más cómodos. La verdad es que no sabemos en qué idioma se dirá lo que ponía la guía como uzbeco, porque en el cartel que hay en el edificio del aeropuerto pone aeroporti. Hemos llegado tres horas antes. Como no sabíamos cuánto nos iba a costar encontrar a alguien que nos trajera por el dinero que queríamos hemos salido con tiempo por si había que regatear.

No parece que los controladores de la torre de Taskent tengan mucho estrés, hay, con suerte, un avión cada tres horas. Justo cuando llegamos nosotros está saliendo el que va a Moscú y ya hasta las 10:10, que sale el nuestro, no hay nada. Después, el siguiente es a las 12:50 a Praga. Por la cantidad de gente que hay esperando tampoco parece que se vaya a llenar, ni aunque todos fueran a coger este vuelo.

A eso de las ocho aparecen nuestros amigos catalanes. Hemos tratado de cambiar en el sitio oficial pero nos han pedido un certificado de cambio anterior. Sólo te devuelven tus euros, dólares o lo que sea si les enseñas un papel que demuestre que los cambiaste antes en otro sitio oficial a som. Nosotros no lo tenemos, nos los cambió el señor “mercado negro”, así que no hay nada que hacer. Los catalanes son nuestra esperanza para no quedarnos con 51.000 som, que no valen para nada. En realidad casi no llegan ni a 20 euros con el cambio del mercado negro.

No se puede decir que sean muy rápidos con el embarque. Por suerte somos como quince o veinte en la cola así que no habrá problemas. Nos dicen que cuando el vuelo se llena en verano hay que llegar con mucha más antelación porque si vas con sólo dos horas es posible que lo pierdas. No les da tiempo a facturar a todo el mundo.

Una vez facturado llega el control de aduanas y después el de pasaportes. En el de aduanas no hay nadie y vamos directos a las garitas de pasaportes. Nos dicen que no, que hay que pasar el otro primero y que nos esperemos a que lleguen. Aquí nos encontramos con otro español que también trabaja en Uzbekistán. Un valenciano que vuelve a casa para Fallas. Otra opción para cambiar los som.

Cuando pasamos el control y vamos a las garitas de la policía todos nos van diciendo que nos vayamos a otra. Está claro que no se sienten muy cómodos tratando con extranjeros y lo quieren evitar a toda costa. Sólo hay dos que nos “acepten” de todos los que están allí.

Todavía no pone la puerta de embarque pero nos indican que será al fondo. No deberían tener ninguna duda si no hay más que este vuelo en las próximas cinco horas. Al llegar al control de equipaje de mano, esto de los controles no acaba nunca, también tenemos que esperar. Aquí les preguntamos a los catalanes si nos cogen los som que nos quedan al cambio que ellos quieran. Con su cambio son 18 euros. Nos preguntan si tenemos cambio de 50 y les decimos que sí, nos quedamos con los billetes pequeños de euro cuando cambiamos en Urgench. Al final nos dan 20 euros porque no quiere monedas. No monedas de euro, pero cuando le decimos que aquí sí que hay monedas de som aunque es complicado verlas, nos dice que una de aquí sí que querrían. Nos sobran unas pocas así que se las damos. Esto que hemos hecho es por supuesto completamente ilegal. No se puede cambiar dinero entre particulares.

En cada uno de los controles van poniendo distintos sellos en los billetes del avión y en los pasaportes. No tenemos muy claro qué tinta usan porque tenemos las manos y la hoja contigua totalmente azules.

En la sala de espera hay un montón de televisiones LG en las que están poniendo un partido de voleibol de la liga europea, el Dinamo de Moscú contra el Cuneo, desde Moscú. Aunque facturamos los primeros, pasamos la aduana con tiempo, los pasaportes y el equipaje de mano, antes de darnos cuenta ya es el embarque. Tanto control y tener que esperar a que llegue el controlador en todos hace que se pierda mucho tiempo.

Subimos en el autobús que nos lleva al avión y en total no llegamos ni a treinta pasajeros. De ellos, seis viajamos juntos en el vuelo desde Madrid: los catalanes, la madre con el hijo que estaban facturando cuando llegamos a Barajas y nosotros. El avión hoy también irá medio vacío.

Nos han dicho que el negocio lo hacen en verano, que va completo. Ahora lo deben mantener porque el vuelo de los martes desde Madrid tiene mucha ocupación. Por lo visto tiene una coincidencia con uno a Pakistán y va lleno de pakistaníes e indios. De algún lado tenía que sacar el dinero la compañía. Nosotros pensábamos que directamente del gobierno, porque lo que es con los billetes que venda en los vuelos que cogemos nosotros sería complicado. Probablemente en Ginebra se suba bastante gente para ir a Madrid, aunque habiendo lowcost tampoco estamos muy seguros.

Que ellos no cojan el avión para Madrid se debe a las complicaciones que les pone su gobierno y, seguramente el nuestro, para salir y entrar, porque nos han dicho que el billete por el que nosotros hemos pagado 450 euros comprado aquí cuesta unos 210-230. Sí que es barato volar aquí, porque los internos eran como 30 euros también. A nosotros ya nos parecía bien 450 con lo que nos costó que no fueran 700…

  

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