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Plaza Registán, Samarcanda (II)

  

Jueves, 03/03/2011 (4)

Mirando de frente, a la izquierda está la madraza de Ulugh Beg, madraza construida durante el reinado del nieto de Tamerlán en 1420. Para su construcción se necesitaron sólo tres años. Aquí, Ulugh Beg estudió matemáticas, teología, astronomía y filosofía. Ahora mismo la mezquita no se visita, pero sí la madraza con su patio y sus salas (ahora tiendas de recuerdos). Es la original de la plaza ya que las otras dos se construyeron un par de siglos después. En el interior de la madraza hay una escultura que representa a varios sabios en una discusión científica, incluso con un globo terráqueo. Mientras estamos allí se nos acerca un policía para “ofrecernos” subir a uno de los minaretes. Según él se disfruta de un panorama precioso. No está muy claro cómo de precioso será el panorama cuando alrededor no hay nada digno de mención y la plaza está a un nivel bastante más bajo que la avenida Registan que está al lado. En cualquier caso nos lo ofrece como si fuera de contrabando y al decir que no nos interesa ni nos da un precio, que seguro que cuesta. Luego vimos en la guía que alrededor de 10.000 o más por persona.

Las otras dos madrazas que “cierran” la plaza son copias de la original realizadas unos doscientos años después para tratar de devolver el esplendor a la zona.

En el centro, la madraza de Tilla-Kari de 1660. El nombre significa “cubierta de oro”. La mezquita está decorada con oro para simbolizar la riqueza de la ciudad en el tiempo que fue construida. La cúpula interior no es tal, es un techo plano con un dibujo que engaña al ojo con la perspectiva, un trampantojo, y también está decorado con hojas de oro. La mezquita es más pequeña puesto que, como todas, está orientada a la Meca, y ésta está hacia la mezquita de Ulugh Beg. En su interior hay también una exposición de fotos en la que se ve el estado de las mezquitas a lo largo de los años y sus trabajos de restauración. Su construcción tomó 14 años.

La última, a la derecha, es la madraza de Sher Dor, la madraza del león, de 1636. El nombre se debe al dibujo de dos leones en el frontal de entrada. Eso sí, los leones parecen tigres, con sus rayas y todo, además de estar bastante deformes. Es lo que tiene el hecho de que aquí nunca haya habido leones. En cualquier caso, el dibujo de los “leones” es una clara violación de los principios islámicos que prohíben representar seres vivos. Para la construcción de ésta se necesitaron 17 años.

En una de las mezquitas compramos un par de postales. No compramos más, porque con todas las entradas que hemos pagado nos hemos quedado sin dinero en el bolsillo. No tenemos ni un som después de las postales. En el hostal todavía nos quedan tres fajos de cien mil en billetes de mil esperándonos.

Como mañana queremos ir a Shakhrisyabz vamos a la zona de la que salen los taxis compartidos. Un simpático uzbeco nos indica donde está la parada, porque no están donde marca el mapa, y nos dice que les gusta mucho el dinero. Que nos pedirán mucho, pero que tenemos que regatear hasta unos 15.000. Según él son 7.000 cada uno, así que 7.000 y 7.000, pues 15.000. Inglés hablas, pero las matemáticas te fallan un poco.

Nada más ver a dos pardillos occidentales, que se nos ve a la legua porque somos los únicos que no llevamos un abrigo negro, marrón o gris oscuro, se nos acerca un taxista para ver qué queremos. No somos capaces de pronunciar Shakhrisyabz (sigo sin serlo) pero el tipo, que no habla inglés, es lo bastante avispado como para saber a dónde queremos ir. Nos pide 10.000 cada uno. Nos parece bien, es un buen precio de salida y ya llegaremos mañana a los 15.000 que nos ha dicho el otro. Le decimos que es mañana, que no se emocione.

Al lado de la parada de los taxis vemos un supermercado de lo más occidental, Registon SuperMarketi. Tan occidental es que tiene puestos los precios de todas las cosas, con sus pasillos, sus lineales, hasta carros y cestas hay a la entrada. En lo que falla es en la puerta de entrada y de salida. La de salida no funciona, y la de entrada tampoco, pero hay un tío sentado al lado que cuando ve que alguien quiere entrar o salir tira para abrir. Sin palabras.

A la salida nos vuelve a asaltar el taxista seguido por varios de sus compañeros. Nos pregunta el hotel en el que estamos alojados y nos dice que si a las nueve nos va bien. Resulta que viene a buscarnos y todo, aunque el hostal no está tan lejos. Otro nos ofrece viaje de ida y vuelta más visitas en la ciudad por 60.000. Tú estás loco, si nos han dicho que por 15.000 vamos, ya nos buscaremos la manera de volver por otros 15.000. Como ven que no estamos por la labor rebajan hasta 50.000. Si es que nos da igual, que es mañana y que sólo queremos ir. Siguen empeñados y parece que nos tengamos que decidir ahora mismo. A este paso lo que decidiremos es no ir. Aprovechando que ellos también parece que manejan la técnica de darse la vuelta como si nada les importara cuando el precio no se ajusta, nos vamos de allí.

A eso de las cinco menos algo volvemos al hostal. Sara ataca de nuevo con sus caminos alternativos para llegar. Según el mapa dar toda la vuelta es un poco absurdo y se puede llegar mucho más rápidamente siguiendo unas calles más pequeñas. Tampoco serán tan pequeñas cuando salen en el mapa de la Lonely Planet. De todas formas, lo que si están es bastante abandonadas como en el resto de ciudades del país: barro, piedras sueltas, tierra… En cuanto sale uno de las calles principales se encuentra con esto. Nos medio perdemos un par de veces, porque vemos un hotel que no está donde debería según la guía, y luego porque nos parece que meternos por ahí sólo va a servir para llenarnos de barro. De cualquier manera acabamos llegando. Cierto es que hemos tardado más que si hubiéramos venido por el lado largo, pero así sabemos cómo venir por aquí y ya ganaremos tiempo, que vamos a estar tres días en Samarcanda.

  

3 comentarios

  1. conxa
    8 abril, 2011 en 17:19 — Responder

    curioso lo del super.

  2. conxa
    8 abril, 2011 en 17:21 — Responder

    Creo que ya me he puesto al día.

  3. JAAC
    11 abril, 2011 en 15:12 — Responder

    Es una de esas cosas que das por sentadas pero que luego ves que no están en todas partes. Encontrar un supermercado con los precios marcados y cajeras es un éxito 😉

    Vaya paliza que te metiste el viernes Conxa… espero que te gustara al menos.

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