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No puede ser tan difícil encontrar un taxi

Sábado, 05/03/2011 (4)

Salimos por arriba y llegamos al restaurante. Con todo el tiempo que hemos perdido en las paradas de autobuses y en el mercado, el plov kaput. Nos quedamos otra vez sin comer plov. No vemos al chico que nos ayudó antes de ayer con la elección de comida y no sabemos qué son las demás cosas. Según nos vamos vemos a uno sacar una especie de hojaldre de dentro de un horno. No tiene mala pinta y el que está nos ofrece. Aceptamos barco y le decimos que una, pero él entiende que una cada uno. Coge una botella rellena de un líquido rojizo y nos pregunta si queremos salsa. Pues ni idea, porque tampoco sabemos qué es eso, pero en vista de que parece lo habitual le decimos que sí.

En este punto tanto Sara como yo pensábamos que el hojaldre no estaría relleno con nada. Sobre la salsa Sara pensaba que sería algo dulce y yo que sería algo muy picante. Nos sentamos a comerlo y nos llevamos una sorpresa, ninguno había acertado. El hojaldre está relleno de carne y cebolla frita y la salsa es de tomate y no pica. Está muy bueno. Todavía no hemos comido nada en este país que no nos haya gustado. Mientras estamos sentados comiendo vemos al chico del otro día. Nos reconoce, tampoco debe ser tan difícil en vista de la cantidad de turistas que hay en el restaurante, y nos saluda. Nos levantamos sin saber dónde hay que pagar porque hay varios sitios en los que hacen comida y no sabemos si cobran todo en el mismo o cada uno en uno.

El que nos dio antes la comida está contando dinero, así que le pagaremos a él. Nos muestra dos billetes de mil. El chico que está al lado nos dice que son 1.200, es más, nos coge los dos mil y él mismo coge el cambio de entre los billetes del otro. Muy majo, nos ha ahorrado 800, porque está claro que el otro nos quería liar. A ver si conseguimos comer aquí el plov mañana antes de irnos a Taskent. Le pedimos que nos escriba lo que hemos comido: samsa (самса).

Volvemos al mercado a hacer unas fotos y enfilamos por la avenida Taskent tan triste como siempre. Hoy hay algunas tiendas abiertas, pero con las luces apagadas y un aspecto de abandono considerable. Entre dos de los edificios de este «centro comercial» hay una puerta que da al barrio judío.  En la guía cuentan que de cara al turismo han ocultado con puertas varias zonas de Samarcanda para que no las vean los turistas, en el barrio en el que está nuestro hostal también hay un muro alrededor del mausoleo de Tamerlán recién construido para ocultar el barrio, también han quitado estatuas de Troski, Lenin y demás.

 

Tampoco está tan mal, nuestro atajo está mucho peor. Buscamos un par de mezquitas y una sinagoga, pero no encontramos nada. En un cruce se nos acercan varios a preguntarnos, sin interés económico, de donde somos y qué nos está pareciendo Samarcanda. Uno nos mete dentro de una casa y nos muestra un horno tradicional. No habla inglés y con los gestos no está claro qué nos quiere decir. Por suerte llega el dueño y nos dice que es un horno de pan, que allí es donde lo hace.

Salimos del barrio por la misma entrada porque no parece fácil hacerlo de otra manera, es como el barrio judío de Jerusalén que tenía una entrada y una salida. Sara encuentra la oficina postal que está muy escondida. Compramos los sellos y nos dan nuestra primera moneda (en Jiva nos habían dado una de cien pero no como cambio). Sara ve que además de la moneda de 50, la que nos ha dado, tiene otras y le pide que le cambie un billete de cien en monedas.

Como no está nada claro lo del autobús volvemos a la parada de la plaza otra vez. De nuevo sin éxito. Cuando le preguntamos al que baja a pregonar las paradas nos dice que no y no da más explicación. Vamos a la acera de enfrente. Según el mapa para ir a Urgut es en el otro sentido. Mismo resultado. Nos dice que no y se va. Pero dos que se han bajado nos señalan avenida Registán arriba y nos dicen Afrosiab. De acuerdo, parece que esto confirma lo que nos han dicho cerca del restaurante, que ya es casi la antigua ciudad (Afrasiab), pero ellas señalaban justo en dirección contraria…

Nos acercamos a la parada de taxis compartidos de la que salimos ayer. No está nuestro amigo, pero se acerca otro. Urgut, sólo ida, ellos siempre ofrecen ida y vuelta y es lo único que se entiende por los gestos. Nos da un precio de 40.000. ¿Estás loco? Esto escrito en la guía porque los números no los manejamos. En la guía escribimos 15.000 y le decimos Shakhrisyabz. Nos hace gestos de que no y pone cara de que imposible. Ha entendido que también queremos ir allí y que le damos 15.000. Otro que está por allí también lo ha oído y pone cara de que estamos locos. No queremos ir, ya fuimos ayer, y es esto lo que hemos pagado. Le escribimos 90 km al lado de 15.000 y 37 km al lado de sus 40.000 y le hacemos un gesto de que no.

En ese momento llega el japonés con el que compartimos el taxi para ir a la estación de tren en Bujará.Nos dice que él ha tratado de ir a Shakhrisyabz esta mañana pero que no ha podido. No había más gente y le pedían demasiado. Esto confirma lo que yo pensaba, que harán poco negocio poniendo esos precios para los turistas que se acerquen. No sabe si lo volverá a intentar mañana o si irá a Urgut por el mercado él también. Si supiéramos donde para el autobús te lo diríamos. También, si el tipo éste no se hubiera vuelto loco pidiendo el dineral que ha pedido podríamos negociar un precio para los tres. Pero así es todo imposible. Nos despedimos deseándole buena suerte.

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