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Cementerio Shah-i-Zinda

  

Sábado, 05/03/2011 (2)

Encontramos una puerta de madera con un cartel que reza “La puerta del paraíso está abierta a todos los creyentes” (en inglés) y entramos. Es la tumba en la que se supone que está el primo del profeta. No somos creyentes en general, pero hemos visitado muchos de los lugares más sagrados de las principales religiones monoteístas. Desde Roma a Santiago pasando por Turín, con su sábana, y Jerusalén, con la iglesia del Santo Sepulcro y resto de lugares sacros de la zona, incluido Betania, para la católica. La misma Jerusalén con la mezquita de la roca, Estambul con Santa Sofía y la mezquita Azul y muchas otras mezquitas en Siria, Jordania y Egipto para la musulmana. El templo de David y el muro de las lamentaciones, también en Jerusalén, para la judía. Y las iglesias de Moscú, San Petersburgo y Atenas y los monasterios Moldavos en Rumanía para la ortodoxa. De las demás también hemos visto bastante: los templos budistas de Nepal, Japón y Bután, y los sintoístas también de Japón. Vamos, que nos hemos ganado el cielo de mil formas. Y teniendo en cuenta que para todas, las demás son falsas y sus seguidores pecadores, también nos hemos ganado el infierno (o lo que tenga cada una) de otras mil maneras.

El mausoleo está totalmente decorado con azulejos y al fondo a la derecha de la piedra – lápida que marca la posible ubicación de la tumba, porque tampoco se sabe dónde está exactamente, hay una pequeña sala del tamaño de un armario en la que la gente entra y deja dinero como ofrenda. Lo curioso es que en esa sala lo único que hay es el sitio donde dejan el dinero y un aparato de aire acondicionado, que parece que le están agradeciendo al inventor del aparato.

Después de ver bastantes de estos mausoleos monumentales llegamos al cementerio. Resulta que sí que están conectados, pero teniendo en cuenta que somos los únicos turistas que hay en la ciudad damos un poco la nota para intentar colarnos en ningún sitio. Además todo el mundo aquí viste muy serio y la cazadora roja de Sara y la amarilla mía dan bastante el cante.

No tenemos muy claro la religión a la que pertenecen los que están aquí enterrados. Los cementerios musulmanes que hemos visitado en otros países no se parecen a estos en nada. Allí son piedras verticales con textos en árabe y aquí son lápidas de mármol con la foto de los muertos grabada. Ya nos dijo Bakhtiyar que la mayoría de la población es musulmana pero no demasiado estricta y el cementerio lo corrobora, como el hecho de que casi todas las mezquitas sean ahora museos y tiendas de recuerdos.

El mapa de la guía acaba aquí, pero con una flecha indican que más para allá está el museo de Afrasiab (la antigua Samarcanda) y el observatorio de Ulugh Beg. Todavía en el plano hay una mezquita más. Según la placa conmemorativa fue restaurada en 2006, pero aquí sigue habiendo un camión moviendo piedras y un montón de obreros trabajando. De todas formas la señora que la cuida nos ve de lejos y nos llama para que la visitemos.

Le preguntamos si hay que pagar pero ella sigue avanzando para que la sigamos. Esta táctica de meterte en el sitio y luego decirte que ya que estás allí tienes que pagar ya nos la han enseñado más de una vez y todavía no hemos picado, así que no será tampoco ahora. Paramos y le volvemos a preguntar. Nos dice que la entrada son 5.000 som y que podemos hacer todas las fotos que queramos. Por entrar en el mausoleo de Tamerlán pagamos 6.600 y es una visita obligada. Esta mezquita está donde el viento coge carrerilla, vamos, lo último del mapa, y es infinitamente más pequeña. Nos parece un robo, pero tampoco pretendemos ponernos a regatear por la entrada a un lugar sagrado. De cualquier forma no vamos a pagar y nos damos la vuelta.

La señora se da cuenta que somos los únicos turistas que ha visto en lo que va de año y que le queda mucho para volver a ver otros y nos grita que nos hace un descuento especial y nos deja la entrada por 3.000. Nos parece de mal gusto regatear por un lugar santo y ya hemos visto un montón de mezquitas.

  

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