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Camino de la cuna de Tamerlán

  

Viernes, 04/03/2011 (1)

Hoy no hay prisa. El despertador ha sonado a las ocho. La idea es desayunar y caminar hasta la parada de los taxis compartidos para ir a Shakhrisyabz. No hay mucho más que hacer. Mañana estaremos todo el día en Samarcanda y hay que dejar algo que visitar.

A las ocho y media estamos desayunando. Ayer, al salir de nuestro restaurante de confianza nos preguntaron de dónde éramos. Al decir que de España, dijeron José Armando y Esmeralda. Hoy durante el desayuno nos enteramos de a qué se referían. En la sala hay una televisión de plasma bien grande y están poniendo un culebrón, debe ser venezolano o similar, y, aunque está doblado al uzbeco, uno de los protagonistas se llama José Armando, el otro José Rodolfo y la protagonista femenina, y la serie, Esmeralda. Ya se podían haber inventado también unos nombres al tiempo que doblaban la serie, porque queda la mar de ridículo oír un Esmeralda entre tanto uzbeco.

Al entrar hemos visto que también tenían preparado para cuatro, como en Jiva, y nos ha sorprendido que aquí hubiera dos turistas más. Al poco ha entrado una señora que nos ha saludado en inglés aunque no sabríamos decir su origen. Miraba con bastante interés y como si entendiera el culebrón. Después ha bajado un hombre con unos rasgos claramente mogoles. La mujer nos ha preguntado, como ya es costumbre, de dónde somos. Al decir que de España y que hacemos turismo nos ha dicho que no hemos elegido la mejor época del año para venir. Mucho mejor mayo. No hace mucho calor, obviamente nada de frío, y está todo verde. Además de que es cuando vienen los turistas. Ellos dos son uzbecos, de Taskent. Se nota que el hecho de hablar el mismo idioma ayuda, porque les han traído más “especie” de mortadela y queso que a nosotros, además de un plato con tortitas que a nuestro lado de la mesa no han venido.

A las nueve y cinco ya estamos en la parada de taxis. Nada más girar desde la calle principal vemos venir a nuestro amigo de ayer. Se acuerda de nosotros. Tampoco es que esto tenga mucho mérito teniendo en cuenta que aquí tampoco hemos visto más turistas. Nos vuelve a pedir los 20.000 por ir a Shakhrisyabz. Hoy ni si quiera comenta la posibilidad de ir con nosotros y esperarnos y tal. Mejor, porque hemos pensado que con llegar por 15.000 nos va bien y luego nos buscaremos la vida para volver, que todavía no hemos montado en marshrustka. Regateamos a los 15.000 y aunque primero pasamos por 18.000 al final acepta.

Perfecto, nos metemos en el coche y nos parece que todo va estupendamente. Pero no nos vamos. Da la vuelta y aparca de culo, para el motor y se baja. Además nos ha dicho que nos pongamos uno delante. En la acera de enfrente hay una señora uzbeca, de las más delgadas que hemos visto hasta ahora, que también va a Shakhrisyabz, o de camino, y que se monta en el taxi con nosotros. No hay problema tres es un número aceptable y es lo que tienen los taxis compartidos. Pero lo que queremos es irnos ya.

La búsqueda del cuarto pasajero, porque de aquí no nos vamos hasta que seamos cuatro, se dilata. Parece que no hay muchos que quieran ir hoy. Puede que la nieve que está cayendo influya. Salimos del taxi y le decimos que cuándo nos vamos. Él no entiende ni papa y allí que se vuelve a liar porque los demás taxistas también quieren su parte. Todos ofrecen algo. Lo normal: llevarnos por 20.000. Les decimos que no, que el otro nos ha dicho 15.000 y que así está bien. Otro nos dice que por 15.000 nos lleva a Kitob y desde allí cojamos una marshrustka por 500 som cada uno. Que te hemos dicho que no, que éste nos lleva por 15.000 a Shakhrisyabz, así que no molestes.

Sigue pasando el tiempo y nosotros seguimos allí. Otro vuelve con el cuento de que por 50.000 nos lleva y nos trae esperándonos y que salimos ya. Claro y por un poco más te compro el coche. Que no. Ya estamos yéndonos de allí, siempre existe la posibilidad de ir mañana y hoy visitar Samarcanda. A ver si mañana están más receptivos. Nos dice que venga, que 15.000 también él y que nos vamos.

Nos montamos en el otro coche al mismo tiempo que otro pasajero. Está claro que esto también es un taxi compartido. No nos va mal si es que salimos ya. Pero no salimos tampoco. Llega uno con un carro con cajas y el taxista de antes y el de ahora poco menos que se pelean (sólo algún agarrón que otro) porque meta la mercancía en su coche. Gana el nuevo taxista. Con esto pensamos que entre los tres y la mercancía saldremos. Pero tampoco salimos.

Veo que en el taxi original sigue la señora sentada y hay una pareja medio despidiéndose. Si se montan los dos vamos mal porque faltará uno en cada coche, pero la despedida me da esperanzas. Efectivamente, sólo monta la chica y el chico le paga al conductor. Allí ya están dos y faltan otros dos. Le miro al tío y al darse cuenta me hace el gesto con la mano de que vayamos. Dicho y hecho. Se lo digo a Sara y nos vamos otra vez al taxi original. Ya somos cuatro y ya nos vamos.

Al final hemos tenido que esperar de todas formas a que se llenara el taxi, pero no se puede decir que nos hayamos estado quietos.

  

3 comentarios

  1. conxa
    13 abril, 2011 en 09:26 — Responder

    jajaja que movida con el taxi, que me cambio,que vuelvo….

    el caso es que al final salisteis…ayyy que paciencia hay que tener.

  2. conxa
    13 abril, 2011 en 09:29 — Responder

    esperaaaaa ¡Esmeralda! esa novela la harían en España hace mas de veinte años!!!
    Era el principio de las telenovelas venezolanas y eso jajajja

    Y que cuiden mas al turismo de interior…creo que pasa en todas partes menos en España (al menos hasta hace poco)

  3. JAAC
    14 abril, 2011 en 09:07 — Responder

    Intentando ganar tiempo lo único que conseguimos fue “ocuparlo” porque hubo que esperar igual a que el taxi se llenara 😉

    A mí no me sonaba de nada el culebrón (bien es cierto que no me suena ninguno… ;-))

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