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A comer

  

Jueves, 03/03/2011 (y 5)

Cuando llegamos vemos que están haciendo algo con el aparato de aire acondicionado y que nuestra habitación está abierta. Suponemos que será el marido de la señora que está tratando de arreglar el cacharro. Subimos y parece que está funcionando. De cualquier forma bajamos a buscarla para el tema del registro. Ahora la administración, un cuarto al lado de la cocina, sí está abierta y nos hace el registro en menos de cinco minutos. Al darle los pasaportes he mirado que no tuviéramos ningún papel dentro y he encontrado los registros del Emir. Al final nos los había hecho y metido en los pasaportes. Los saco antes de dárselos a esta mujer. Cuando nos devuelve los pasaportes nos pide el dinero. Nos parece correcto.

Le preguntamos a la señora por el precio para ir a Shakhrisyabz. Nos dice que ahora mismo no lo sabe, porque no es la temporada turística. No me digas, no me había dado cuenta de que éramos los únicos turistas occidentales de toda la ciudad. Los demás turistas que no son occidentales son directamente de Uzbekistán. El año pasado, en temporada alta, nos dice que costaba unos 60$ todo el día. Más del doble de lo que nos pidieron. En dólares uno nos pidió 25. Dice que buscará tarjetas de taxistas y que les llamará. Luego nos confirmará el precio.

El aire sigue sin funcionar muy bien y se han llevado el mando mientras lo arreglaban, así que no podemos subirlo. Sara sale a buscarlo y después de coger uno vuelve diciendo que hay otra habitación, con dos camas en lugar de una de matrimonio, en la que sí que se está caliente. Nos han ofrecido cambiar sin problemas y está claro que es mejor no pasar frío. Cogemos todo y nos vamos para allá.

Hoy toca probar la cocina local. En la guía hemos visto un sitio local donde preparan plov. El que comimos en el campamento estaba muy bueno y no nos importaría repetir. Como no hemos comido nada en todo el día tampoco pensamos salir a cenar muy tarde, más bien hacer una merienda-cena. El mapa de la guía ya sabemos que no da mucho de sí, pero trataremos de orientarnos. El restaurante está algo alejado, pero después de la que hemos montado para llegar al hostal por el camino más corto nada se nos resistirá.

No se nos resiste, pero casi nos perdemos. Al llegar al final de la calle en la que se supone que está y no haber encontrado nada volvemos a mirar en la guía. Leemos, a buenas horas, que pone comida en el horario, así que lo mismo ahora está cerrado. De todas formas queremos encontrarlo porque vamos a estar tres días aquí y ya vendremos otro día a comer.

Desandando el camino vemos un cartel en cirílico que tiene escrito lo que deberíamos buscar según la guía, pero en la guía lo pone en alfabeto latino. Al pararnos a “traducir”, uno desde dentro nos hace una señal para que entremos. Bueno, ya que hemos llegado hasta aquí, un paso más. Nos recuerda mucho al sitio de Cuzco: mesas corridas medio al aire libre con un tejado de planchas y sólo locales.

Cuando nos ven entrar empiezan a gritarse entre ellos. Parece que están llamando a alguno que hable inglés. Sale uno de la cocina y nos pregunta qué queremos. Preguntamos por el plov y nos dice que se ha acabado. Lo tienen sólo por la mañana. Nos muestra una especie de pinchos morunos: shashlik (шашлик). No sabemos qué pedir porque nos dice que tienen muchas más cosas, pero no nos suena ninguna.

Nos acercamos a la barra y nos muestra el cartel con los precios, eso está bien, pero todo está escrito en cirílico. En la guía hay una sección con nombres de platos típicos, pero ninguno de los que está aquí está en la guía. Es más, el chico que habla inglés mira la guía y nos dice que de eso no tienen. Le preguntamos por algo que lleve carne y nos recomienda un par de platos lagman (лагман) y mantu (манту). Pues venga, la aventura es la aventura. Pedimos el primero, que hemos entendido que es algo parecido a una sopa y el segundo. Cuando le decimos que uno del segundo nos dice que eso es poco, que se piden más. De acuerdo, trae dos. Y también pan, faltaría. El pan aquí es más alto y tiene un hueco en el centro hasta dejarlo como una lámina.

La sopa está muy buena y lo otro es algo que me parece que comimos en Bután. Una especie de pasta fresca con carne dentro. Eso sí, en Bután estaba peor, que esto está muy bueno. Entre las dos cosas y el pan no vamos mal, pero ya que estamos le pedimos uno de los pinchos de la entrada. Tarda tanto en traérnoslo que pensamos que se ha olvidado, pero al final lo trae.

A la hora de pagar me acerco para hacer una foto al cartel con los precios. En realidad me interesa más el nombre que el precio y aunque esté en cirílico ya lo traduciremos. Llega nuestro amigo que habla inglés y me empieza a decir el precio. Me pregunta si tengo una calculadora. Saco el móvil y en ese momento, según Sara, es como si me hubiera puesto a vender billetes de tren: un tumulto de gente a mi alrededor mirando el aparato.

Las tres cosas y el pan han salido por 6.000 som, con el cambio del señor “mercado negro” un par de euros. Y en los hostales, el de Bujará y el de esta mañana, nos pedían 5.000 a cada uno por el desayuno. Sara le pregunta por el plov y le dice que tienen hasta las dos. Volveremos otro día porque lo de hoy nos ha gustado mucho.

A la vuelta no sabemos si comprar agua en el supermercado, hemos visto que abría hasta las diez, o volver rápido que empieza a hacer frío. Nos decidimos por la velocidad y además por las calles secundarias con la linterna en mano.

Después de estar un rato en la habitación con el diario y recordando la buena comida que hemos tenido nos damos cuenta de que con la poca agua que nos queda no vamos a tener para la noche. La comida estaba bastante especiada y se va notando. Nos planteamos ir al SuperMarketi pero no estamos muy convencidos de ir por el “atajo”.

Iremos por el camino largo. Sólo llevaremos 2.000 som. La verdad es que no hemos tenido sensación de peligro, por robo o similar, en ningún momento, pero el camino rápido está completamente oscuro y la calle sin asfaltar llena de agujeros. Ni con la linterna iríamos tranquilos y tampoco daremos tanta vuelta.

Ciertamente tardamos muy poco más, porque por la parte de arriba también se puede ir más directo. Esta mañana dimos más vuelta para ir a ver la estatua de Timur y por eso parecía que era mucho más.

Compramos un par de botellas y de vuelta a la habitación. Por cierto, el portero automático que abre la puerta cuando te acercas sigue estando ahí sentado.

Mientras acabamos con el diario cae una de las dos botellas de agua. Hemos hecho bien yendo a por ellas. Mañana por la mañana, después de desayunar, iremos a buscar un taxi compartido que nos lleve a Shakhrisyabz.

Como siempre en nuestros viajes los primeros días gastamos “mucho” y luego, según vas viendo el nivel del país y que tu dinero se va reduciendo, cada vez apretamos más.

  

2 comentarios

  1. conxa
    13 abril, 2011 en 09:25 — Responder

    ya me explicaras que haces con el palito……

    Me ha gustado esta merienda cena un montón, estas cosas si las echo de menos….. es lo que mas me gusta de los viajes…

  2. JAAC
    14 abril, 2011 en 09:06 — Responder

    Con el palito trato de cortar la carne 🙂 no había cuchillos y el “pincho de carne picada” venía en enganchado en eso 😉

    Hombre, la comida de los sitios forma parte del viaje y es una parte importante… pero de ahí a que sea lo que más nos gusta 🙂 con lo poco que comemos cuando estamos por ahí! jajajaja

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