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Camino de Taskent

Sábado 26/02/2011 (1)

El avión sale a las 4:25 de la mañana y eso implica estar en el aeropuerto a eso de las dos de la mañana. Para llegar a esa hora nos sirve el metro, cogiendo el último que sale de Nuevos Ministerios a la una y media llegaremos a la terminal cuatro, que es de la que salen los vuelos de Uzbekistan Airways, a eso de las dos menos poco o nada.

Cumpliendo con los objetivos de tiempo marcados llegamos a la estación. Llegamos nosotros y otro que se ha dormido en el metro y que al despertar alucina porque es el último metro y no puede volver… y eso que todavía la noche es joven.

Por primera vez, y mira que hemos cogido ya vuelos facturando, llegamos al mostrador en cuestión y hay tanta gente facturando como auxiliares: dos. Sólo hay dos personas facturando para el vuelo a Taskent (Toshkent o Ташкент en uzbeco y ruso respectivamente). A estas horas están trabajando en las cintas de transporte de equipaje y las tienen paradas, así que las mochilas, una vez que les han puesto la etiqueta, se las lleva un tipo en un carrito andando a una velocidad que menos mal que hemos llegado con un par de horas de antelación porque si no no habría tenido tiempo de llevar las mochilas a donde fuera.

No es mala idea volar a estas horas, para pasar el control de equipajes tampoco hay nadie. Como en la facturación hay más de seguridad y guardias civiles que gente cruzando el detector de metales. El vuelo sale de la satélite y hay que coger el tren interno.

Cuando llegamos a la estación del tren tampoco hay nadie, pero con nosotros van los dos que estaban facturando y una tercera que se ha incorporado. Al ver que llega gente abren las puertas del tren y casi antes de montar ya se están cerrando. Sólo vamos nosotros cinco y los otros nos preguntan, como preocupados porque no saben a dónde van, si nosotros también vamos a Taskent. No parece que el vuelo vaya a estar muy lleno. Ahora entendemos porqué no tenía ninguna prisa la de la compañía aérea en vendernos el billete, ella ya sabía que no habría problemas de plazas. Por otra parte, después de lo que nos costó comprarlos, tenemos un billete y una reserva cada uno, si todo el mundo ha hecho lo mismo no es de extrañar que vaya medio vacío.

Al llegar a la puerta de embarque ya somos diez esperando para el vuelo. Impresionante. El avión está allí ya aparcado y parece grandecito… sobre todo teniendo en cuenta que vamos a ir diez. Antes de que llegue nadie más llega la tripulación. Otra vez igual, casi más azafatas que pasajeros.  Cuando llega la de la compañía les comenta a otros dos, los únicos españoles, que unos diez se bajarán en Ginebra. El vuelo hace escala «técnica» allí. No hay que cambiar, pero se puede comprar el billete Madrid-Ginebra o Ginebra-Taskent.

Embarque abierto y no montamos ni veinte, y eso teniendo en cuenta que al final han llegado unos pocos que han entrado directamente en primera y en business.

No sabemos si hemos despegado a tiempo, porque nada más montar en el avión, a eso de las cuatro menos cuarto, nos hemos quedado dormidos. Tan dormidos que ni hemos oído las instrucciones de seguridad. Me despertó la azafata para preguntarme si quería comer algo. No es que no esté siempre dispuesto a comer, pero estaba totalmente dormido… un poco de consideración mujer. Ya que me ha despertado hago yo lo propio con Sara y nos comemos un sándwich de pavo y otro de queso. Nada más acabarlo recogen el plástico del envase, pero nosotros ya estábamos otra vez dormidos.

Nos enteramos de que llegamos a Ginebra por el golpe de las ruedas al aterrizar. Hemos visto que, como está prácticamente todo el avión vacío, la gente se tumba en la fila central de asientos (cuatro asientos, es un Airbus 310). Las azafatas pasan de la gente completamente, todos los que estaban tumbados han aterrizado tumbados, sin cinturón de seguridad ni nada, y los que no estaban tumbados teníamos el respaldo del asiento todo lo para atrás que se puede.

Visto lo visto decidimos que no vamos a ser los únicos que estemos sentados y nos tumbados. Son las 6:15 y los que bajaban en Ginebra salen del avión. A los demás no nos dicen nada así que a dormir se ha dicho. Durmiendo estaba cuando el avión iba a despegar. En realidad durmiendo estaba yo, hasta que Sara ha llegado a decirme que despegábamos y que me sentara y me pusiera el cinturón de seguridad, las azafatas siguen a su ritmo.

Nada más apagarse la luz de los cinturones (antes ya había gente danzando por el avión buscando su postura más cómoda), Sara se vuelve a su «cama» y nos ponemos otra vez a dormir. No sé qué le he hecho a Sara hoy, pero vuelve a despertarme al rato para decirme que están repartiendo comida. Bueno, ya que estamos nos comemos el pollo con salsa mejicana y poco más, porque el resto de la bandeja no me da ninguna confianza.

Como no podía ser de otra manera, después de eso volvemos a tumbarnos y a dormir otro par de horas. A las doce, hora española, ya no hay más sueño. Están poniendo una película que ya hemos visto («Killers» con Ashton Kutcher y Katherine Heigl) pero cuando hay escenas violentas (que son muchas) o las cortan directamente o las cambian por imágenes de nubes o montañas desde el avión. Sara le echa un vistazo a la guía, pero yo estoy con ganas de no hacer nada, la tarde-noche de ayer fue muy estresante porque me daba la impresión de que tenía muchas cosas que hacer y que no llegaba, así que quiero relajarme un poco más.

Mientras ella sigue con la guía yo me vuelvo a tumbar, esta vez en la misma fila de asientos porque ella se ha sentado, hasta que vuelven a pasar con la comida. Esta gente no puede dejarnos tranquilos ni un momento, ni que fuéramos un pavo de navidad al que hubiera que cebar. Eso sí,  las azafatas se han recorrido todo el avión bajando las persianas y parece que es de noche, pero no te dejan dormir. Después llegan con los papeles de inmigración. Nos dan dos a cada uno pero no nos dicen nada de nada. Rellenamos uno, un poco al azar porque no sabíamos qué poner en varias casillas, y el otro lo dejamos. Pero los otros dos españoles nos comentan que son uno para la entrada y otro para la salida y que hay que rellenarlos. Ellos trabajan aquí, incluso tienen un apartamento. Nos cuentan que todo es mucho más barato comprándolo aquí y que tenemos que huir de los bancos y los hoteles para cambiar dinero, que en el «mercado negro» te dan un 30% más de su moneda. Ya lo habíamos leído en la guía, pero es que lo del mercado negro es fácil de decir, pero ¿dónde demonios está? Según ellos si le decimos al taxista que, en teoría, el albergue ha mandado a buscarnos que queremos cambiar, nos llevará al señor «mercado negro» y se quedará con una comisión. Pues sí que es fácil encontrarle… ya veremos.

Con media hora de retraso llegamos a Taskent, a las seis hora local. Los españoles nos dicen que nos preparemos para una hora y media o dos de trámites antes de entrar en el país. Ellos salen por otro sitio, si no nos ayudarían a coger un taxi en la salida.

Ciertamente salen por otro sitio, cuando el avión aterriza dicen por megafonía que ya pueden salir los pasajeros de primera y business y otros tres nombres: estos dos y otro tipo. Nos despedimos de ellos y quedamos en que ya les contaremos qué tal el martes, porque volvemos en el mismo vuelo a Madrid.

Los trámites para entrar en el país nos llevan la friolera de 15 minutos escasos entre control de pasaportes, recogida de mochilas y control de inmigración. No sé por dónde habrán salido ellos pero no creo que se pueda hacer más rápido.

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Comentarios

  • conxa
    10 marzo, 2011 a las 10:19

    que gustazo eso de poder tumbarte y dormir.
    me ha hecho gracia eso de «no se que le he hecho a sara yo hoy» jajaja despertarle tu primero!!!

    De momento va muy bien el viaje,es ameno leerte.

  • JAAC
    10 marzo, 2011 a las 10:45

    Pues mira, ahora que lo dices sí que es cierto que fui yo el primero en despertar al otro… pero es que me habían despertado a mí la azafata!! jajaja

    Nos contaron luego que las azafatas en el vuelo del viernes no van muy felices porque están volviendo a su país. En el vuelo del martes van encantadas porque se quedan en España hasta el viernes.

    Me alegro de que te guste 🙂