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Atravesando el desierto

Martes, 01/03/2011 (y 3)

Según las cuentas de kilómetros se debería tardar menos de siete horas en llegar hasta Bujará, pero con lo que no contábamos era con el estado de las carreteras. Horrible es decir poco. Durante un buen trecho vamos por algo que parece un proyecto de carretera pero que no son más que piedras compactas llenas de socavones. Después pasamos a otra zona en la que el desierto está cubriendo la carretera y se circula casi sobre la arena.

Al poco de salir nos preguntó por nuestro hotel en Bujará y le dijimos que no teníamos. En la guía habíamos visto uno que recomendaban, el Amelia Boutique Hotel, pero nos dice que no le gusta. Al preguntarle que por qué nos dice que el dueño no es un buen hombre, que él conoce otros sitios. Uno llamado Fatima Ibragim, al que llama para preguntar el precio. Nos dice que 30$ la noche, como el de hoy. Haciendo cuentas y pensando que estaremos dos noches en Bujará decidimos que vamos a pagar en som, con el cambio oficial: 100.000 som las dos noches. Le preguntamos si es negociable y nos dice que sólo estaba la dueña que no habla inglés, pero que le ha dicho que nos lleve y lo hablamos allí.

Como antes de ayer ha parado a comprar una Coca-Cola de litro. Esta vez no ha bajado del coche y hemos visto que pagaba tres mil som. Lo mismo mil por el agua era el precio normal.

Lo malo de estar dentro del coche es que con la calefacción puesta y el sol dando de pleno en la ventanilla ya puede hacer fuera un frío pelón (que lo hace porque vemos los ríos congelados) que dentro te cueces. Nos vamos quitando capa tras capa pero nos arrepentimos de no habernos quitado las mallas en el hotel antes de montar. La garganta se va secando, y eso que incluso en las zonas de saltos me voy quedando dormido por momentos. Sara abre la botella de agua. ¡Maldición! Al abrirla ha sonado como cuando Bakhtiyar abre su Coca-Cola. Es agua con gas. A pesar de que no nos gusta necesitamos meter algo líquido en la garganta así que adelante.

En un momento pone el intermitente en mitad de la nada. La carretera es una línea recta con desierto a ambos lados. Nos dice que es «pipi time«. Vaya. Así que era eso lo que tenía que haber dicho yo el otro día en el campamento en lugar de explicar lo de que al baño puedes ir y sentarte o quedarte de pie… Cuando para salimos los tres aunque sea sólo a estirar las piernas y descubrimos que hace una temperatura muy agradable. Cierto es que llevamos la camiseta térmica y las mallas debajo de los pantalones, pero no necesitamos ni la sudadera ni la cazadora ni el gorro ni la braga. Vamos, temperatura ideal.

Baches y saltos después llegamos, tras unas cuatro horas, a una zona medio decente y Bakhtiyar le pisa para recuperar el tiempo. Seis horas y cuarenta y cinco minutos después de salir de Jiva llegamos al hotel Fatima que no tiene ni cartel de hotel en la puerta. Ya nos tememos lo peor. Esperamos que al abrir la puerta salga una mancha de moho por el techo a saludarnos como en el que nos recomendó el taxista de Damasco en Aman. Pero no. Sale una chica joven a recibirnos en inglés que nos lleva a una habitación para que la veamos antes de hablar del precio. La verdad es que está muy bien y hace mucho calor dentro, no como en el de Jiva que había calefacción pero todavía le faltaban unos grados con el frío que llevábamos en los huesos.

El precio es el que nos había dicho antes, 30$ la noche. Nos dice que en temporada alta son 40$ o 45$, pero que ahora son 30$, 15 cada uno. Le preguntamos por el precio para dos noches y, riendo, nos dice que 60$. No estamos negociando bien, ¿eh? No vamos a dar nuestro brazo a torcer y le decimos que vale, pero que vamos a pagar en som. Bakhtiyar también sabe que no tenemos 60$, nos llevó a sacar dinero del banco y sabe que sólo nos quedan 50$. Lo que pasa es que pretende utilizar el cambio del mercado negro si pagamos en su moneda. Hasta ahí podía llegar la broma. Para eso los hemos cambiado, para tratar de recuperar dinero. Le decimos nuestra oferta: 100.000 som (60$ oficiales, 47$ del mercado negro), o nos vamos. Tiene que preguntar, es lo que tiene no ser la dueña.

Nosotros mientras miramos otras opciones en la guía y buscamos el nombre de otro hotel que hemos visto al llegar que está al lado por ver si lo recomiendan. La chica se ha dado cuenta de que hablamos español y nos dice que ella habla un poco.

De un poco nada, ya podríamos hablar nosotros así uzbeco. Al salir de la oficina ya sólo nos habla en español. Nos dice que nos lo puede dejar en 120.000 las dos noches con desayuno. Le decimos que si es que el desayuno no estaba ya incluido (que había dicho que sí) y nos dice que nos la puede dejar en cien mil pero sin desayuno. Pues vale, sin desayuno, que para eso llevamos el chocolate y ya está bien de meterse huevos fritos grasientos por la mañana.

Recogemos las mochilas y las capas de ropa que nos hemos ido quitando del coche y nos despedimos de Bakhtiyar. Está reventado después de la paliza conduciendo que se ha pegado. Al despedirse parece más crío de lo que debe ser (le echamos unos 23 años o menos). Nos dice que lo mismo nos encontramos en otra ocasión, que ya tenemos su teléfono y que sale en la guía. Además nos dice que lo mismo podemos hablar de él a los amigos o familiares. Le digo que sí, que hablaré de él en el blog y que diremos que nos ha tratado muy bien, cosa que es verdad. [Bakhtiyar Rakhamov 517 51 33]. Además no fuma, que estar tantas horas en un coche con las ventanillas cerradas y la calefacción puesta con alguien que fume tiene que ser horrible.

Nos hacemos una foto de despedida y le preguntamos si se va a ir directo a su casa ahora. Nos dice que no, cosa que nos tranquiliza porque ya le notamos cansado. Va a llenar el depósito del coche, comer algo y dormir un poco. La carretera está peor de lo que esperaba. Nos ha dicho que en diciembre estaba relativamente bien. Le habían comentado que estaba muy mal pero no creía que tanto, y por la noche tiene que ser todavía peor. Los 400 km de desierto sin una luz tienen que dejarte para el arrastre.

Entregamos nuestros pasaportes en la recepción para el registro y subimos a la habitación. Por tener, tiene hasta televisión. Aunque no la hemos encendido. Comemos un poco de fuet con crackers y un par de cuadraditos de chocolate. Acabamos el diario y decidimos que vamos a visitar mañana en Bujará.

Aquí no es como en Jiva que había una entrada única y luego podías entrar en todo, aunque no mereciera la pena. Aquí cada cosa tiene su entrada y, aunque barata, queremos saber dónde nos metemos para no perder mucho tiempo. La idea es coger el tren a Samarcanda pasado mañana a las ocho que hay uno rápido: dos horas y tres cuartos.

Se está demasiado bien, calentito, en la habitación como para bajar a por los pasaportes. Ya los recogeremos mañana al salir, al mismo tiempo que preguntamos dónde estamos. Este hotel no está en la guía y no tenemos ni idea de dónde estamos, necesitamos que nos lo indiquen en el mapa.

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Comentarios

  • conxa
    8 abril, 2011 a las 16:45

    hablando en español, menuda sorpresa. Tiene cara de buena gente Bakhtiyar.

    Eso de no saber donde estais….

    voy a ver que pasó.

  • JAAC
    11 abril, 2011 a las 15:20

    Bathtiyar era un tipo muy majo, eso sí, se llevó en tres días de trabajo el sueldo de un mes de muchos uzbecos 🙂

    Pues sí, sorprendente que la gente hable español en un lugar tan alejado y tan poco conocido aquí :-O

  • Flaminia
    9 agosto, 2017 a las 21:47

    Hola,
    El conductor, ¿de qué ciudad a qué ciudad os llevó y cuánto os cobró?
    Gracias

    • 14 agosto, 2017 a las 16:35

      Hola Flaminia y bienvenida al blog 🙂
      Nuestro conductor nos llevó de Jiva a Bujará por 90 euros el coche completo. Antes nos había llevado desde Urgench al campamento de yurtas de Ayaz Kala (quedándose una noche allí y visitando unos cuantos castillos) y acabando en Jiva por 100 euros.
      Tampoco había muchas opciones de regatear… sólo había dos o tres taxistas en el aeropuerto de Urgench cuando llegamos (febrero) y éste era el único que hablaba inglés.
      Buen viaje 🙂