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Katmandú, la Durbar Square con guía

  

Domingo 21/03/2.010 (1)

Según el papel del pasillo se cortaba la corriente a las seis y es cierto que ya no está cargando el móvil ni se enciende la bombilla cuando la vuelvo a encajar. Bajamos a desayunar. El desayuno es buffet en el jardín. Podemos elegir entre una especie de fiambre como frito (que no sabemos qué era), tomates a la plancha, verduras a la plancha, algo que parecía puré de patata pero con mala pinta, queso en lonchas, mermelada, miel, pancake, pan de molde para tostar, bollos, algo entre queso y yogurt, cereales y un mostrador en el que podías pedir tortilla, revuelto o huevos fritos que te hacían en el momento, como en Tanzania. Para beber leche, café o té. El agua salía de un bidón de fuente pero estaba vacío y tampoco estamos seguros de que fuera mineral.

Prachanda nos cobra. Le pagamos la mitad ahora y la otra mitad a la vuelta. Tenemos que coger muchos vuelos y encontrar a muchos guías, así que de esta manera él se esforzará (que no dudamos de que lo haría igualmente, que nos ha solucionado todo el viaje con un montón de cambios en tres días) y siempre podremos pedir cuentas si algo sale mal. Carmela sabe de qué hablamos. Necesita un número ISIN de su banco para poder hacer efectivo el recibo de la tarjeta. Lo ha hecho con el método tradicional de poner un papel sobre la tarjeta y grabar los números. Como tarda en conseguir el número nos dice que nos podemos ir con el guía y que luego nos dará nuestra copia. Por si acaso le hacemos una foto para que conste que ya hemos pagado una parte.

Montamos en el coche con el conductor y el guía. Nos pregunta de donde venimos y al decirle que de España nos dice que él habla español, que también hace de guía para grupos de españoles. Prachanda le había dicho que éramos italianos (toda la negociación por correo electrónico la llevó Sara con su cuenta de Tiscali), pero nos había oído hablar en español. Nos pregunta qué preferimos si inglés o español… obviamente español.

Nos explica que Katmandú está formado por tres distritos. Hace años cada distrito era un reino independiente. Al final se unieron quedando sólo Katmandú, aunque en la guía siga diciendo que son tres ciudades distintas. El país también era un reino pero en la actualidad es una república. De hecho, el primer ministro ha muerto estos días y el caos de tráfico, que no creemos que normalmente esto sea tranquilo porque se les ve muy acostumbrados al claxon, ha empeorado por las procesiones. Según Paras, nuestro guía, la ciudad (con los tres distritos) cuenta con tres millones de habitantes, el 10% de todo el país (30 millones de habitantes).

La primera parada del día es la plaza Durbar de Katmandú, de la antigua Kantipur. Durante siglos fue el centro de la ciudad y el sitio donde las dinastías reales decidieron la política del país. Es patrimonio de la humanidad, aunque por entre los templos siguen pasando los coches, las motos, las bicis y los rickshaw con el mismo caos que en todas partes. El sitio es impresionante. Casi todo se levantó en el siglo XVIII aunque mucho tuvo que ser restaurado debido a un terremoto en 1.934. Katmandú se llamó durante años la ciudad de los templos. Todos los que no estaban en las plazas han sufrido por la construcción de casas y ya quedan menos, las plazas han sido consideradas patrimonio de la humanidad y, a pesar de que su estado de conservación deja bastante que desear, los templos siguen aquí.

El primero que visitamos es el de la diosa viviente (Kumari Bahal). La residencia de la una niña que se considera la representación de la diosa Taleju. La leyenda cuenta que el rey que mandó construir este templo jugaba a las cartas con la diosa hasta que un día dejó de hacerlo. El rey tuvo un sueño en el que la diosa le decía que buscara su reencarnación en la forma de una niña. La niña debe cumplir 32 condiciones que van desde su virginidad (las eligen con tres años, así que…) hasta la perfección de su belleza, incluyendo sus dientes, y que no tenga heridas por las que haya sangrado. La niña, perteneciente a la casta Sakhya, permanece en el templo alejada de sus padres hasta su pubertad, momento en el que eligen a otra diosa viviente. La niña se elige entre los budistas aunque el templo es hindú. Durante su estancia tampoco toca el suelo, siendo traslada en una carroza ceremonial en las fiestas. Y sólo dos veces al día se asoma al balcón, momento en el que no se le pueden hacer fotos. Las antiguas diosas vuelven a la vida normal junto con sus padres. Hasta hace años les era muy difícil casarse porque existía la superstición de que los maridos morían en tres meses, ahora ya se ha superado. En casi todas las ciudades de Nepal existen templos como este, pero sólo aquí la niña vive todo el tiempo, en los demás sólo va en los festivales.

Nepal Durbar Square Katmandu Kumari Ghar Ventanas

Nepal Durbar Square Katmandu Kumari Ghar

Todo el templo está lleno de tallas en la madera que forma sus columnas y sus balcones, un trabajo muy fino que data del siglo XVIII. Mientras estamos el guía pregunta cuándo va a salir y le dicen que en unos 20 minutos, de manera que volveremos luego.

Nos acercamos a Kasthamandap, de donde la ciudad tomó su nombre. Es un templo del siglo XIV que se construyó según la leyenda con la madera de un sólo árbol. El tamaño del templo lleva a pensar en el tamaño del árbol. Está dedicado al culto de una de las reencarnaciones de Shiva, Goraknath. El hinduismo cuenta con tres dioses principales Brahma, Vishnu y Shiva, siendo el primero el creador, el segundo el protector y el tercero el destructor. Cada uno cuenta con gran cantidad de reencarnaciones y vehículos.

Uno de los vehículos de Vishnu es un hombre alado, el águila garuda. Puede verse frente al templo Trailokya Moham Narayan, de 1.680, lo que indica que es un templo dedicado a Vishnu. Los vehículos de los dioses se colocan mirando a la puerta principal del templo, dando la espalda a la calle. En el caso de Shiva el vehículo es un toro.

En otro de los templos Shiva-Parvati se pueden ver las imágenes del dios Shiva y su esposa Parvati asomados a la ventana. En el centro de la plaza se alza el templo Maju Deval también dedicado a Shiva. Es el más alto de la plaza, elevándose sobre una base cuadrangular con un tramo de escaleras.

Desde arriba se observa una panorámica completa de la plaza y sus templos. Frente a éste se halla el palacio de Gaddhi Baithak del siglo XX. Uno de los reyes nepalíes visitó Inglaterra y le gustó el estilo trayéndolo a la capital.
En una plaza aledaña, en el sector norte, encontramos la imagen típica del hinduismo: vacas andando libremente por la calle.

Nepal Katmandu Durbar Square

Es el templo Jagannatha (1.563), sus vigas de madera, al igual que las de Maju Deval, están talladas con figuras eróticas. La plaza también está llena de palomas que son tratados como animales sagrados.

En una esquina de esta plaza está la entrada al antiguo palacio real de Hanuman Dhoka, hoy convertido en museo. En su entrada hay dos leones cabalgados por Shiva uno y Parvati la otra. En su interior, en el patio se encuentra Nasal Chowk donde los reyes shah celebraban sus coronaciones. Al lado de la entrada hay una estatua de un Hanuman cubierto por una capa roja que tiene los ojos tapados escandalizado por las tallas eróticas del Jagannatha.

Detrás del palacio se encuentra el templo de Mukhi Hanuman que sólo se abre una vez al año. Es uno de los más altos, con cinco tejados. Unos monjes limpiaban la parte inferior mientras estábamos en la plaza.

Hay muchos más templos en la plaza lo que la convierte en un sitio espectacular. El hecho de que sean monumento nacional pero que formen parte de la ciudad, con su tráfico y como sitio al que los nepalíes vienen a pasar el día le da un aire místico a la vez que turístico. Eso sí, la contaminación (al igual que en el resto de la ciudad) acabará por destruirlos. Es tanta que la gente camina con mascarillas.

 

  

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