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Bután (IX)

Miércoles, 24/03/2010 (y 5)

Antes de volver al hotel a hablar del programa de mañana nuestro guía nos ofrece una hora de paseo por la ciudad. Tampoco hay mucho que ver así que vamos entrando en las tiendas de recuerdos. Hay más de las que podríamos pensar viendo los pocos turistas que hay por la calle en la supuesta temporada alta. Los precios en todas son similares, no llegan al nivel del collar de ayer de mil euros, pero todo es realmente caro. Kuenzang nos ha dicho que los precios son fijos, que no hay regateo en el país. Nos sentamos en una plaza y dejamos pasar el tiempo viendo a la gente pasar.

Camino del hotel Kuenzang ve una competición de arco en un parque. El tiro con arco es el deporte nacional. Cada vez hay menos que lo practican con el arco tradicional, pero sigue siendo el más popular. Nos acercamos a verlo. Al acercarnos pasamos por otro campo de tiro y tenemos que esperar a que cambie el arquero y haya un hueco por el que correr. Es una especie de competición amistosa entre dos grupos. No entendemos cómo son capaces de tirar, la diana está a 155 metros y nosotros prácticamente ni la vemos desde el otro lado. Utilizan el arco moderno que aporta más velocidad a la flecha con menos fuerza.

Mientras estamos allí se acerca uno de los tiradores, el que más banderas lleva colgadas del cinturón de su traje tradicional (las banderas significan aciertos en la diana). Nos saluda en inglés y nos pregunta de dónde somos. Nos explica que la competición y la fiesta (hay unos bailarines también) es para celebrar su victoria en las primeras elecciones democráticas del país, en 2.008. Esta mañana conocimos al primer ministro y por la tarde al líder de su partido. Es del partido socialista de Bután. Nos intenta mostrar cómo tiran sus compañeros pero para nosotros es imposible ver la flecha una vez que sale del arco. El resto de arqueros son miembros, uno de ellos es el representante de la ciudad en el parlamento (esta mañana vimos al representante del pueblo en el parlamento) y seguidores de su partido.

Kuenzang practicó arco cuando era joven (como si ahora no lo fuera) pero con el tradicional porque dice que el moderno es demasiado caro. Según él, un arco de este estilo puede llegar a costar más de 13.000 rupias. La verdad es que no nos parece tan caro después de ver el collar de 600.000 en la tienda ayer. Por otra parte cuando damos propinas o similar (en el Chorten o en correos a un hombre que pedía al que di cinco rupias) nos miran como si fuera una miseria. Si 13.000 por un arco hacen que sea un deporte de élite, dos rupias por una foto tampoco parece tan poco dinero.

Le preguntamos a Kuenzang si es normal lo de encontrarse con los políticos y que te hablen por la calle y nos dice que no es del todo extraño, pero que a él no le había pasado nunca. Vamos que los ha visto en mítines, como al rey, pero nunca ha hablado con ellos. El otro día nos preguntó si era fácil encontrarse con los jugadores de fútbol en España y le dijimos que no, que se movían en ambientes mucho más caros y exclusivos. Visto lo que hacen aquí los políticos no nos extraña que nos preguntara.

En el hotel hablamos del programa. Como mañana será un día de viaje tendremos que madrugar. Para ellos madrugar es salir a las ocho de la mañana. Nosotros le decimos que si hace falta salir antes no hay ningún problema que podemos madrugar cuanto quiera. Son las cinco de la tarde y ya estamos en el hotel sin más que hacer que cenar… Según él, aunque no está incluida la visita al templo del hombre loco es una visita interesante. Nos lo ofrece porque cree que tendremos tiempo, sobre todo si madrugamos (¿a las ocho?). Para llegar allí habrá que hacer un pequeño trek de media hora, para el que nos recomienda ponernos calzado adecuado.

Ya está todo, la cena será en el sitio del desayuno y la sirven desde las siete hasta las nueve. Descansaremos un poco en la habitación y luego bajaremos a dar una vuelta hasta el puente tradicional. El guía nos advierte de que no nos alejemos mucho del hotel. Aunque es seguro el problema es que hay muchos perros sueltos que podrían mordernos, tal vez sería buena idea que no los dejaseis sueltos.

Nos dormimos y casi se hace de noche para la foto del puente. Por si fuera poco nos equivocamos cuando vamos para allá y tenemos que dar la vuelta perdiendo la poca luz que había para hacerla. La cosa quedó muy oscura, pero ningún perro nos devoró.

En la habitación miramos la televisión local. Casi todos los canales son indios, aunque también está el discovery channel, national geographic y más de documentales y series en inglés. Lo más curioso es ver la publicidad local, aunque los documentales son francamente interesantes. Los anuncios más sorprendentes para nosotros son unos que venden “clareante” para la piel. Una crema que te baja dos tonos el color de la cara, lo mismo que anuncian los dentífricos para poner los dientes más blancos, pero con la cara.

A las ocho bajamos a cenar con la esperanza de que, al haber parte continental en el desayuno, podamos comer algo continental también en la cena. Comer la comida del país forma parte del viaje, pero desde la cena en Katmandú no hemos dejado de comer básicamente lo mismo para comer y cenar. Al entrar miramos los carteles que hay en las fuentes, todo parece comida butanesa. De cualquier manera no nos dejan ni acércanos, nos dicen que nos sentemos que nos servirán en la mesa… mala señal, eso significa que no nos van a dejar elegir y que traerán otra vez un montón de sus platos. Platos que, en realidad, ellos no comen. En la cena de ayer sólo comieron el arroz y algo de pollo y verduras.

Como me temía empezamos por una sopa. No tenemos ni idea de qué está hecha, pero no está mal. Tiene un montón de cebolla crujiente dentro y dos trozos de algo parecido a pan de molde. Después comienza la fiesta.

Esta vez el arroz ya viene condimentado y con verduras. Sara lo prueba y decide no seguir comiéndolo porque dice que además de que está demasiado especiado está tan pasado que parece una pasta. También hay huevos cocidos rebozados, que no están mal, con un montón de salsa… Si no hay pan ¿para qué tanta salsa en los platos? Sobre todo hoy que ni siquiera hay arroz cocido con el que mojarlo. Una especie de empanadillas hechas con rodajas de berenjena. Pollo frito, seco como un trozo de madera. Pasta india con verdura. Col cocida y ensalada. También han traído sandía, mandarina y otra fruta (que no ha triunfado) cortada. Resulta que eso no es el postre.

Cuando el camarero llega a recoger nos dice que deberíamos haber comido más… Te tenía que llevar yo a un sitio de comida continental a ver cuánto comías después de cuatro días sin cambiar de menú. El postre nos dice que nos va a gustar. Arroz cocido con leche, según él un postre indio. Esta gente está demasiado influenciada por la India, entre la pasta que no conocen otra más que esa y que piensan que los indios han inventado el arroz con leche… Como el arroz que había en el menú éste es una pasta, pero se deja comer.

Después de que Kuenzang nos dijera que teníamos que dejar propina cuando la gente nos ayudaba, se chivaron los del hotel de que no les dimos propina cuando nos subieron las mochilas, decidimos dejar 20 rupias para el camarero que se ha portado muy bien con nosotros. Mañana bajaremos nosotros mismos las mochilas, no somos unos viejos inútiles que no pueden con su equipaje. Me siento demasiado protegido, entre que no podemos subir las mochilas y que cada vez que salgo o entro en el coche Rinchen me abre la puerta y me la cierra… No estamos acostumbrados a esto.

Otra vez a la habitación, ver un poco la televisión y preparar las mochilas, que mañana hay que “madrugar” y dejar el hotel.

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