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Bután (II)

  

Martes 23/03/2.010 (2)

Creo que es el primer avión en el que no hay instrucciones de seguridad sobre cómo ponerse el chaleco salvavidas en el que monto. Está claro que entre Katmandú y Paro no hay un miserable charco en el que pueda hundirse el A319. Es un avión bastante grande para la gente que pensábamos que vendría. En una hora estamos en Bután, después de haber comido un pequeño bollo y un croissant con queso fundido, y de rellenar la hoja de inmigración para el país. Por el camino hemos visto el Everest y gran parte de los Himalayas. Nos ha pasado como en Japón, tanto en Katmandú como aquí hay una bruma que impide ver las montañas, pero lo hemos visto desde el avión, como el Fuji desde el tren.

Una vez en el aeropuerto, al que hemos llegado en un autobús que ha tardado un minuto en hacer el trayecto, nos encontramos con el mostrador de inmigración. El trámite es muy lento. No están tan retrasados como en Nepal, que no tienen ni un ordenador en toda la zona de control de pasaportes, pero tardan una vida con cada uno.

El aeropuerto no tiene una zona de espera. Al igual que en Katmandú los agentes de viaje esperan fuera, la puerta es directamente a la calle. Lo que tampoco tiene este aeropuerto es un baño y la maniobra agresiva que ha tenido que hacer el piloto para aterrizar requería de uno. Teniendo en cuenta que Paro está a unos 2.000 metros de altitud y que está rodeado de los Himalayas la maniobra de aproximación se convierte en arte.

Aquí nos espera Kuenzang que será nuestro guía y Rinchen que será nuestro conductor. Con esto el éxito encontrando a quien nos espera al bajar del avión supera al fracaso. El programa de hoy consistía en llegada al aeropuerto y traslado a Thimphu, pero Kuenzang nos dice que ha hecho un pequeño cambio. Como el 26 volveremos a Paro para la visita y para el festival ha decidido aprovechar el día de hoy para visitar el Museo Nacional de Bután en Paro, Ta-dzong, de manera que podamos ver más festival el 26.

Nada más montarnos en el coche nos hace entrega de unos pañuelos con los ocho símbolos del budismo y el logo de la agencia con los que nos da la bienvenida a Bután. También nos dice que tenemos botellas de agua en los asientos para que bebamos cuando queramos. En esta parte del viaje está todo incluido.

En Katmandú no recibimos el típico sms de bienvenida al país en el que indican el precio de las llamadas y el servicio de información, pero había señal. Aquí no es posible que recibamos el sms porque no hay señal en nuestros móviles.

Las casas que se ven desde el coche son como las imágenes del Potala tibetano. Casas blancas tradicionales con ventanas y techos a dos aguas de madera. En la calle principal de Paro todas las casas son así, nos dice que en las calles interiores hay algunas de hormigón, pero siguen siendo minoría. Estas casas están en perfecto estado porque las pintan y arreglan cada poco tiempo.

La economía de Bután se basa en la agricultura. Cultivan gran cantidad de cereales que exportan a India y Nepal, aunque también importan algunos como arroz. La industria del turismo también les aporta mucho dinero. Para estar en el país es necesario pagar una tasa diaria que ronda los 200 dólares americanos que incluyen la comida y el alojamiento básico. De cualquier manera lo que vamos viendo del país tiene mucho mejor aspecto que Katmandú a pesar de que constantemente nos recuerda que están en vías de desarrollo. Por cierto aquí hay que adelantar el reloj quince minutos respecto a Katmandú, la diferencia con Europa es de cinco horas más.

El museo, el Ta-dzong es la torre de vigilancia del Dzong de Paro. Dzong es fortaleza, castillo. Se construyeron con la intención de unificar al país bajo un único gobierno, cosa que consiguió un monje tibetano, Zhabdsung Ngawang Namgyal, en 1.616 y para defenderse de los mismos tibetanos por las armas. La torre museo tiene forma circular y cuenta con seis plantas. Al estar construida en la ladera de la montaña tiene la entrada en la cuarta planta y la salida en la primera. La visita se hace desde la cuarta a la sexta, pasando por la quinta, y después se va bajando. Se construyó por el primer gobernador de Paro para guardar al Rinpung Dzong que está situado debajo. Un gran terremoto en los años 70 causó daños en gran parte de las construcciones del país lo que obligó a restaurarlas. En el caso del Ta-dzong no fue necesario puesto que sus muros tienen dos metros y medio de grosor y aguantó el temblor.

Kuenzang nos dice que en los templos del país es necesario ir vestido con pantalón largo y en algunos de ellos también con manga larga. Se acabaron las bermudas aunque aquí hace menos calor que en Katmandú de todas formas.

No se puede entrar en el museo con cámaras de fotos ni móviles, es casi como el mausoleo de Lenin. En este caso dejar las cosas en una taquilla en la entrada es gratis.

La cantidad de información que nos da durante la visita al museo es abrumadora. Una de los primeros objetos que vemos es una thangka con la imagen de Guru Rimpoche (el monje nepalí que introdujo el budismo en Bután), sus dos mujeres (una de Nepal y otra de Tíbet) y sus ocho manifestaciones, alguna de ellas protectora casi con aspecto de demonio. Otro de los thangka muestra un Buda rojo que es el Buda de la vida larga, el padre de todos los Budas.

Los Budas se dividen en tres: pasado, presente y futuro. El del pasado con las manos en posición de enseñanza (la mano izquierda sobre el regazo con la palma hacia arriba y la derecha apuntando al suelo). Su mano izquierda está vacía, que es lo que le diferencia del Buda del presente. Éste tiene un cuenco en su mano izquierda para ser llenado con sus enseñanzas y armonía. En el futuro ya se ha alcanzado la perfección y las manos de Buda se colocan en posición de mantra, no de enseñanza. También cambia el trono en el que se coloca y el dosel que lo rodea, en el caso del futuro sólo hay flor de loto sin trono y sin dosel. El Buda del pasado es Dipankarna. Maitreya en sánscrito, Metteyya en Pali o Jampa en tibetano es el Buda del futuro.

En la sexta planta se encuentra la joya del museo el Tshogzhing Lhakhang. Es una representación de las distintas ramas del budismo en forma de árbol. El budismo Mahayana cuenta con cuatro escuelas, de las que en la actualidad sólo dos se practican en Bután. Cada una de ellas se sitúa en un lateral del árbol de forma piramidal. En cada cara está representado su fundador, el linaje de líderes, discípulos y las deidades que veneran. Las escuelas Nyinma, Drukpa Kague, Dagpo Dague y Gelugpa se sitúan en los cuatro puntos cardinales. Fue construido en 1.975 por Lopen Damchoe y sus discípulos.

En esta planta también se puede ver una colección de sellos del país. A pesar de haber estado aislado durante muchos años muchos de sus sellos hacen referencia a momentos históricos como la llegada del hombre a la Luna o acontecimientos deportivos como Olimpiadas y Campeonatos del Mundo de Fútbol (hay una tirada completa dedicada a los mundiales de España ’82).

Su costumbre al entrar a los templos es postrarse tres veces para dejar atrás cualquier ego, en ese momento reciben un cuenco con agua bendita que les ayuda a mejorar en la vida.

En otra de las salas vemos estatuas de cobre de Buda y representaciones sobre madera con pintura. Aquí descubrimos a la Tārā Blanca y la Tārā Verde. Es una imagen de un Buda femenino asociado al budismo tántrico dentro del budismo tibetano. Existen gran cantidad de estas representaciones, las más conocidas son la Blanca conocida por la sanación, la compasión y la serenidad; y la Verde conocida por su actividad iluminada o sabiduría. El Buda de la compasión se asomó al mundo y vio el sufrimiento de la gente que le apenó. Cerró los ojos con fuerza y de cada uno cayó una lágrima. Las lágrimas cayeron en su mano izquierda y dieron lugar a las tārās. La blanca tiene siete ojos, uno en cada mano y en cada pie, y otro de la sabiduría en la frente, además de los dos normales. Es la que escucha los deseos y también se considera sabia. La verde es la de la riqueza, cuenta con 21 manifestaciones. Antes nos había preguntado por nuestros trabajos y nos busca una deidad para cada uno. El de Sara es la Tārā Blanca, por los deseos del marketing, y el mío es el Buda de la compasión.

Algunos de los thangkas que vemos antes de bajar a la tercera planta no podían ser vistos por la mujeres en sus templos de origen. Según el budismo la mujer está nueve generaciones por detrás del hombre, o eso dice Kuenzang.

En la tercera planta hay una muestra de pañuelos en función de la categoría del que lo lleve. El color amarillo está reservado para el rey, el naranja para sus ministros, el granate para los oficiales y el color crema para la gente normal. En Bután la mayoría de la población viste el traje tradicional en todo momento. En el caso de los hombres es una especie de túnica hasta las rodillas con puños blancos y calcetines hasta el final de la túnica. En el caso de las mujeres es prácticamente igual pero la túnica es más larga. Los escolares también lo llevan aunque cambia el color según la escuela en la que estudien.

Más abajo hay una muestra de la fauna del país. En el confín con la India, al sur del país, existe un parque natural en el que se pueden encontrar cocodrilos, tucanes y otros animales tropicales. En la zona norte, del Himalaya, todavía se puede ver algún leopardo de las nieves. En cualquier caso el animal nacional es el Takin una especie de cabra con cuerpo de vaca. Pensábamos que era mitológico cuando nos lo dijo pero aquí abajo hay una cabeza disecada. Varias fotos de lugares del país entre las que destaca la del hotel más antiguo de Bután, construido en 1.974.

La última planta está dedicada a las armas y armaduras. Espadas, cascos, escudos y una especie de fusiles de más de dos metros de longitud.

Nos ha contado muchas más cosas pero tampoco somos capaces de seguirlo en todo, hay demasiados nombres de monjes budistas y demasiadas manifestaciones y reencarnaciones. El día del festival visitaremos el Rinpung Dzong en el que empieza el desfile. Al salir le preguntó a Sara en qué consistía su trabajo. Cuando le dijo que trabajaba en una empresa de pasta italiana Kuenzang le preguntó si era como la pasta india. ¡Increíble que alguien oiga hablar de pasta y piense en la India!

Nos llevan a un hotel restaurante en el que comeremos. Kuenzang nos dijo que ahora es temporada alta en Bután y que es necesario llamar a los restaurantes para confirmar la hora a la que se llega y que lo tengan preparado y no tener que esperar. Antes de ir a Ta-dzong llamó. Cuando llegamos está completamente vacío. Son las dos y media de la tarde y no sabemos si es que no hay tantos turistas o que es demasiado tarde y llamó para que no cerraran. El caso es que empiezan a traer platos con comida y no paran. Es muy parecido al plato newari de ayer: arroz, pollo, vegetales,… pero también hay ternera y patatas. No está casi picante y todo está muy rico. El arroz es de Bután, más grueso y de color rojizo. De postre nos traen plátano en rodajas con zumo.

Cuando acabamos nos traen la cuenta por la botella de agua. Resulta que el agua está incluida pero no en las comidas. El problema es que no hemos cambiado nada de moneda así que no lo podemos pagar. Kuenzang nos presta las 36 rupias. Según vimos ayer en internet un euro equivale a unas 64 rupias, luego se lo devolveremos. En el coche nos dice que si queremos cambiar dinero habrá que hacerlo rápido porque el banco cierra en diez minutos y que será mejor que se lo demos a él para que lo haga porque si vamos nosotros tendremos que sacar el pasaporte y hacer más papeleo. Le damos 20 euros y nos trae el papel del banco con el cambio, como esperábamos es menos poco más de 60 rupias por euros.

  

2 comentarios

  1. Anonymous
    20 mayo, 2010 en 09:20 — Responder

    Ay, me encanta las fotos de las montañas desde el avión..Me ha recordado a cuando vimos los Andes iendo a Cusco. Y por ahora parece que muy bien el guía ¿no? yo como siempre desconfiando. Cuando has contado lo del cambio ya me imaginaba pasándose de listo y quedándose dinero o cambiándolo en algún sitio que no fuera legal…je je, soy así, y más en los viajes. La comida tiene una pinta….uhmmm!!

  2. 21 mayo, 2010 en 08:27 — Responder

    Es que las montañas así de claras sólo desde un avión… o siendo un escalador (que no es el caso).

    El guía muy bueno y muy atento. Nosotros también solemos ir con un poco de “reparo” pero la verdad es que nunca hemos tenido problemas y casi todos se esfuerzan por hacer las cosas mejor. Los que no, sólo hacen su trabajo sin más… pero suelen ser todos muy profesionales.

    La comida tiene buena pinta… pero como no te guste el picante estas perdido :-S, porque algo picante está todo siempre.

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