AsiaNepal

Katmandú a la vista

  

Sábado, 20/03/2.010 (1)

Después de pasear por Doha y volver al aeropuerto, nos hemos ido a la “Quiet Room” a ver si podíamos dormir algo. Lo malo es que nos hemos tenido que poner el despertador por si dormimos demasiado y nos da un poco de palo despertar a toda esta gente que está aquí dentro. Entre unas cosas y otras hemos entrada casi a la una, así que nos quedan tres horas y media para descansar.

No es tan cómodo como parecía y me paso las tres horas durmiendo, pero no consigo estar más de 20 minutos seguidos. Cada vez que me despierto miro la pantalla con las próximas salidas y la hora. Están saliendo vuelos toda la noche. Pensaba que sólo el aeropuerto de Japón construido en un isla artificial operaba las 24 horas, pero está claro que aquí el sueño de la gente que vive cerca no les importa demasiado.

A las cuatro y media decidimos quitar las alarmas. Total, ya estamos despiertos y no hay necesidad de molestar. Salimos al baño a lavarnos la cara. Como ayer los baños están llenos. La “Quiet Room” está pegada a la mezquita y siempre hay hombres haciendo sus abluciones en el baño para entrar a rezar. Lavarse los pies en el lavabo provoca que todo esté lleno de agua por lo que salpica. Por suerte hay más baños y nos acercamos a uno que está cerca de un restaurante en la planta de arriba.

Llaman para embarcar con una hora y media de antelación, a las 5:10 ya avisan por megafonía. Tardamos en bajar un poco y cuando llegamos ya hay un montón de gente dentro de la sala de espera de la puerta 4, la del vuelo a Katmandú. Entre ellos un grupo de españoles que vino con nosotros desde Madrid. En principio la proporción de nepalíes frente a turistas es favorable a los locales, pero según va pasando en tiempo van llegando más turistas. No estamos acostumbrados a embarcar con tanta antelación. Los Symbios han tenido tiempo de sobra para llegar a este avión, llegaron con nosotros hace 10 horas y ellos no salieron por la noche. Aprovechamos la espera en la sala para preguntar a los auxiliares que están en el mostrador. Aquí, como en todo el mundo a diferencia de en Barcelona, se puede confirmar si un bulto de equipaje está o no cargado en el avión con el código de barras. Nos dice que están los dos a bordo.

Todavía faltan 45 minutos y ya estamos sentados dentro del avión en nuestros sitios. El sistema de entretenimiento ya está en marcha y acabo de ver “El secreto de sus ojos” que ayer no pude terminar. Sara empieza a verla y poco después de que nos sirvan el desayuno (una tortilla, pescado empanado, un croissant con mantequilla y mermelada, fruta y un zumo de naranja) la acaba y nos dedicamos a dormir el resto del vuelo. Éste es más corto que el de ayer, unas cinco horas.

Nos despertamos cuando avisan por megafonía de que van a pasar a recoger las mantas y los cascos. No sabemos si habrán pasado en otro momento con más comida porque no nos hemos enterado de nada. La vista a la llegada a Katmandú es soberbia. Pequeñas lomas completamente verdes con las terrazas de cultivo y una casa en la cima. No sabemos cómo llegarán allí arriba, pero está claro que lo hacen. Cuando salimos de Doha también disfrutamos de una buena vista, todo el distrito financiero con sus rascacielos apareciendo entre la bruma matinal.

La diferencia horaria de Nepal con Qatar es de dos horas y cuarenta y cinco minutos. Están en su propio huso horario. La diferencia con España se queda en 4:45 más. Pero con tanto cambio de hora ya no sabemos si tenemos que tener hambre para comer o para desayunar o es la cena lo que nos pide el estómago.

En este vuelo nos han repartido las hojas de inmigración para Nepal. En el de ayer no repartieron las de Doha, tampoco nos hizo falta rellenar nada después para salir por la ciudad. Aquí sí que hay que hacerlo. Una de las preguntas es cuánto tiempo pensamos estar… Lo cierto es que no lo sabemos, no tenemos confirmado todo el programa que nos ha preparado Prachanda y no sabemos qué día saldremos para Bután. Lo dejamos vacío y ya nos dirán algo si hay que rellenarlo.

No nos dicen nada. Con el sello en el visado vamos a recoger a los Symbios. El avión aterrizó con un cuarto de hora de retraso y entre el visado y la recogida (que no había manera de que salieran, lo hicieron en la última carga de mochilas) no salimos del aeropuerto hasta las tres. Antes de hacerlo cambiamos 20 euros en la primera oficina de cambio que vimos. Craso error porque nos cobraron una comisión del 9%, de la que no decían nada en ningún cartel. El cambio es de algo más de 95 rupias (95,67) por euro.

Una vez más nos encontramos en la situación de salir de un aeropuerto para descubrir si quien tenía que venir a buscarnos lo ha hecho o nos ha dejado tirados. La gente de Prachanda vuelve a dejar las cosas parejas (dos que sí, Lima y Katmandú) por dos que no (Amán y Johannesburgo). Cargamos las mochilas en un coche y nos dicen que nos encontraremos con Prachanda en el hotel.

El caos de circulación que hay en esta ciudad no tiene nada que envidiar a El Cairo. Coches saltándose los carriles, pitando sin cesar,… no hay semáforos, ni cedas, ni nada. Además de que se conduce por la izquierda, los ingleses debieron llegar aquí cuando estuvieron en India. Casi toda la población tiene rasgos indios, los rasgos orientales son escasos.

Tal es el caos que el conductor decide dar la vuelta en pleno atasco y volvemos hacia el aeropuerto para ir al hotel por otro camino. Lo que vemos desde el taxi podría ser cualquier ciudad del tercer mundo, la única diferencia con las que hemos visto hasta ahora son las letras de los carteles (aunque el “Enjoya Coca-Cola” es universal y también se puede leer aquí). Lo cierto es que no nos da ninguna confianza. Estamos en las manos de Prachanda y en lo que decida que visitemos, esto no tiene mucha pinta de ser amigable. Cierto es que es la primera impresión, estamos seguros de que será como en todas partes y la gente luego hará lo posible por ayudarte.

  

4 comentarios

  1. Anonymous
    30 abril, 2010 en 09:11 — Responder

    Hola soy Alicia…Prachanda es como se llama la agencia?¿de dónde es?

  2. 30 abril, 2010 en 09:32 — Responder

    Hola Alicia.
    No, Prachanda es como se llama el agente que llevaba nuestro viaje dentro de la agencia The Trekkers’ Society / Destination Nepal.
    La agencia está en Katmandú.

  3. 21 mayo, 2010 en 11:43 — Responder

    ya estamos en tensión de nuevo…

    por cierto os gustó la peli de El Secreto de sus ojos ???

  4. 24 mayo, 2010 en 09:02 — Responder

    Hay que mantener el interés de los lectores, Conxa, ya lo sabes 🙂

    Nos gustó mucho, muy recomendable.

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