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Sudáfrica (XXXIV)

  

Sábado, 05/09/2.009 (1)

A las seis menos diez el cocinero llama a nuestra puerta para preguntarnos si queremos un café antes de salir. Café no, debemos ser los únicos del planeta que no bebemos café, pero sí un vaso de leche. También tiene una bandeja con fruta para comer algo.

La salida de la mañana también es bastante provechosa. Es evidente que no vamos a ver los animales que no hay, también es evidente que habría que tener algo más que suerte para ver al leopardo y que no es algo que nosotros tengamos en exceso, pero vemos como poco los mismos animales que ayer por la noche.

Volvemos al lodge a las siete y media. Ya vamos mal, el tema horario lo lleva fatal esta gente. Igual que ayer han puesto tres platos, como si fuéramos tres los turistas y no dos y un conductor.

El otro nunca había estado aquí pero se ha hecho el rey del mambo en un momento. Cuando acabamos de desayunar y vamos a por los Symbios aparece pidiendo de nuevo el cargador. Ayer lo cogí del coche, tampoco lo usó tanto, para cargar el mío. Sara se cabrea y le dice que se podía haber acordado ayer de cargarlo cuando llegó en lugar de empezar a beber hasta emborracharse teniendo que conducir hoy. El tipo tiene el coraje de decirle que por qué le trata tan mal, que trata muy mal a la gente. No si encima habrá que pedirle perdón por decirle la verdad, o será que le duele la cabeza de la resaca cuando le hablan.

Le vuelvo a dejar el cargador, yo prefiero no hablar más con él. Ahora hay que esperar otros diez o quince minutos hasta que se cargue un poco. El motivo es que sin móvil ¿cómo esperamos que encuentre al guía? Y si no hubiera tenido un cargador yo, ¿cómo lo ibas a hacer?

La hora final de salida es a las ocho pasadas. Vamos con retraso, pero su respuesta es “que podemos ir con retraso”, cómo nos está irritando. Como no podía ser de otra manera se pierde un par de veces antes de llegar al sitio en cuestión y tiene que llamar otras tantas para que le den indicaciones. Finalmente consigue dar con el guía que se sienta delante (hoy ninguno quería ponerse a su lado y vamos los dos detrás) y nos cuenta el programa de hoy. Está bien, pero se salta la visita al Lago Funduzi y al bosque Sagrado. Sara le pregunta y sin decir ni sí ni no, da a entender que se intentará. No amigo, de intentarlo nada, el programa del día se lo mandaste tú a Carmela, de manera que se tiene que poder hacer y se tiene que hacer.

Mientras ellos hablan sin que nosotros entendamos nada, les preguntamos por una cabina. No hay cabina como tal, pero sí una especie de contenedor con teléfonos de VodaCom. Será más caro, pero es lo que hay y tenemos que encontrar un sitio para dormir esta noche. Después de tres intentos abandonamos. Deben estar mal los teléfonos en la guía porque no hay manera de que lo cojan.

Volvemos al coche y nos dirigimos a uno de los poblados, con casas de ladrillo pero con calles de tierra. No es la primera parada, una cooperativa de tejidos, es la casa del guía que ha olvidado su documento. Está claro que debe ser normal no cogerlo y que el conductor le ha contado la que le “montamos” ayer por no llevarlo. Con el documento en la cartera sí que vamos a lo de los tejidos.

Esta en un pueblo cercano. Está abierto, pero no hay más que una mujer, hoy es sábado y no trabajan. La cooperativa lleva unos 30 años activa. La manera de trabajar se basa en sellos que se imprimen en la tela. Marcan la tela con cera (con los sellos) y después la van tintando, inicialmente son todas telas blancas. Una vez asentado el color la lavan con agua caliente para quitar la cera y dejar el dibujo en blanco. Utilizan una especie de técnica de negativo.

Tienen sobre todo manteles y servilletas, sábanas y fundas de almohada, también fundas de cojines y bolsos. Son bonitos, pero nos quedamos un poco chafados puesto que según el programa era un cooperativa que fabricaba tejidos siguiendo métodos tradicionales y su tradición se remonta a treinta años y sellos que ponen en la tela. No compramos nada, en realidad no hemos comprado nada todavía en todo el tiempo y si lo hacemos será algo que nos guste y nos llame la atención.

  

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