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Perú (XLIX), más museos y parrilla

Sábado 16/05/2009 (2)

Ahora sí que vamos al museo del banco central. Además de ser gratis el acceso también tiene servicio de guías gratuito, todo incluido. El museo está lleno de escolares y los guías están todo el tiempo rodeados de niños. Al preguntar nos piden que bajemos y que nos unamos a algún grupo. Una vez en el sótano, la parte que vimos ayer, una de las guías nos pide que esperemos a que acabe con el grupo de escolares con el que está y que enseguida baja a hacernos la visita por todo el museo. Cuando baja lo hace acompañada de otro grupo de colegiales y nos pide que hagamos todos la visita juntos. No hay problema.

El sótano contiene la colección de arqueología. Objetos de culturas precolombinas. Nos explica que precolombino es todo aquello anterior a la llegado de Colón a América, 1.492, mientras que prehispánico incluye al imperio inca, que se desarrolló principalmente entre 1.450 y 1.560. Lo más interesante es que, como ya hemos ido descubriendo a lo largo de nuestro viaje, los incas no realizaron ningún avance. Ni en cerámica, ni en textil, ni en trabajos con metales, agricultura, comunicaciones (los caminos incas fueron iniciados por una cultura anterior, los incas sólo los finalizaron), riegos, sistemas de contabilidad (quipus), etc. Los dos puntos fuertes que llevaron a los incas en convertirse en lo que se convirtieron fueron la idea de que eran los verdaderos hijos del Sol y su capacidad para unificar y mantener bajo su control una cantidad de terreno enorme antes controlada por muchos pueblos. Importante también el detalle de que, aunque no innovaran, aprovechaban todos los avances que iban encontrando en su expansión.

Parte importante de la muestra de arqueología es una muestra de objetos de oro que se encuentra en el interior de la antigua caja fuerte del banco. Coronas y adornos, orejeras, nariceras (objetos de oro que se colocaban en el cartílago nasal), brazaletes, pecheras (sólo para varones), vasos ceremoniales (tanto para la bebida sagrada como para la sangre), collares (no sólo de oro sino también de otras piedras que conseguían mediante trueque con otros pueblos) y una impresionante colección de máscaras funerarias que representan a un dios. Sobre este dios hay una leyenda: se considera que fue un humano que enseñó técnicas de agricultura, una vez aprendidas se convirtió en ave y se fue. Siempre se le representa con los ojos rasgados y eso ha llevado a pensar a los estudiosos que probablemente se tratara de oriental que llegó aquí cruzando el Pacífico.

La guía nos dice que relativamente cerca de la tumba del señor de Sipán se descubrió otra en 2.004, una pirámide que en su primer nivel tenía el cuerpo de una mujer. A su alrededor toda la parafernalia de los poderosos, lo que ha llevado a pensar que llegó a haber mujeres gobernantes en la época inca o anterior. Hasta ese momento se pensaba que no habían tenido más relevancia que la de ser coyas, esposas del inca.

La segunda planta contiene objetos de arte popular. Lo más llamativo son los cofres de San Andrés. Estos cofres se utilizaron durante la evangelización para explicar pasajes de la biblia a los indígenas. En su interior se representaban escenas de la vida de Jesús o de los santos a través de pequeñas figuras humanas, pequeñas maquetas dentro de cajas. Una vez superada la conquista, en el momento en que la población ya entendía la biblia, se pasó a representar escenas de la vida cotidiana como la recogida de la cosecha o fiestas populares. En los últimos años se está volviendo a los orígenes representando belenes o similares.

Un panel muestra distintas vestimentas de las tribus de la selva. El 11% del territorio de Perú es costa, aproximadamente el 30% es sierra y casi el 70% restante es selva. Selva en la que viven muchas tribus manteniendo sus antiguas costumbres. Entre ellas las varas de mando, cuyo grosor indica la cantidad de miembros del asentamiento.

Andar tan despacio y que el recorrido está siendo largo está acabando con nuestra espalda, pero todavía queda la tercera planta, la pinacoteca. Nos planteamos dejarlo aquí, pero ya que hemos empezado subimos.

El museo cierra a la una, en media hora. La visita a la pinacoteca es rápida. Lo que se puede ver es que los artistas peruanos han sido influenciados por las corrientes europeas, desde el impresionismo al cubismo, pasando por el puntillismo y el resto. Sólo durante un periodo de tiempo retornaron a la cultura indígena y plasmaron en sus cuadros las fiestas y las costumbres locales. Lo cierto es que durante mucho tiempo su objetivo era conseguir viajar a Francia o Italia para aprender en las academias de arte y pocos volvían puesto que casi todos los cuadros de Perú eran encargados a talleres extranjeros.

Cuando la visita acaba nos quedamos un rato sentados en un banco para recuperar nuestras espaldas. Podemos estar andando horas y horas, pero no tan despacio y menos parando constantemente, que nos hacemos mayores.

Para acabar de recuperarnos nos acercamos a una parrilla que vimos ayer cerca del museo de la Inquisición. Hay gran variedad de menús para uno, para dos, para más. Nos decidimos por uno para dos que tiene un poco de todo: un cuarto de pollo a la brasa, una marucha, chuleta, anticucho (varios tipos de carne ensartados en un palillo), chorizo, chunchulines (el yeyuno de los vacunos), riñones y mollejas. Ni las mollejas ni los riñones están entre nuestros favoritos, pero están incluidos. También incluye un plato gigante de patatas fritas y otro no menos pequeño de ensalada mixta. Para beber lleva una botella de litro y medio de gaseosa o medio litro de sangría. En Perú gaseosa es cualquier bebida con gas. Podemos elegir entre Coca-Cola, Inca-Kola, pisco… Le pedimos agua y pone cara de asco mientras nos dice que agua no, que allí no tienen agua. Ya es la segunda vez que nos pasa, en Aguas Calientes tampoco tenían agua en el restaurante. Una costumbre extraña la de no tener agua. Optamos por Sprite, aunque Sara sale a la calle a buscar una botella de agua.

Cuando traen la comida, en una especie de mini parrilla para que se mantenga caliente, pedimos pan y de nuevo nos encontramos con la misma cara. Tampoco hay pan. Deben estar pensando que somos unos bárbaros que queremos beber agua y comer pan con la carne. Pues agua bebemos, Sara ha conseguido una botella.

Al momento de llegar a los riñones y mollejas ya estamos más que llenos, de manera que tampoco forzamos la máquina. Toda esta cantidad de comida cuesta 46,90 soles, poco menos de 12 euros. Aceptan tarjeta así que el cambio será el bueno. Cuando nos vamos aparece nuestro camarero con una bolsa en la que guarda la botella de Sprite de la que sólo hemos bebido un par de vasos para que nos la llevemos. Un detalle: también tienen fuente de poliuretano para llevarse la comida, pero creo que se ha dado cuenta de que lo que hemos dejado es porque no nos gusta, porque no nos ofrece.

Subimos al hotel a dejar la bebida y a dejar algunas cosas.

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Comentarios

  • Alicia32
    3 agosto, 2009 a las 09:08

    No me está gustando mucho el relato de Lima…Mucho museo ¿no? Pero las fotos de la parrillada…uhmmmm!!si hasta tiene buena pinta la molleja!!
    ¿Sabes? Nos hemos comprado una bolsa especial para proteger las mochilas en los traslados en avión. También compramos unos candados para ponerlos en la cremallera. Están mu chulas!!
    Ayer estuve leyendo la Lonely en Lima y no leí nada del puente de piedra del que hablabas el otro día. Sí me llamó la atención que había en San Isidro y en Miraflores dos pirámides ¿fuisteis? y un mercado indio y otro que le llaman Polvos Azules que es de piratería…

  • JAAC
    3 agosto, 2009 a las 09:14

    Estuvimos en Lima más tiempo del previsto y había que «rellenarlo» de alguna manera… y pasear por la calle no parecía la mejor opción :-S Pero es el último museo, tranquila :-p

    ¿Cómo son las bolsas para proteger las mochilas? :-O ¿son como las fundas de la lluvia? Está claro que vais a llevar cosas más importantes que las que llevamos nosotros 🙂 al menos las queréis proteger más 😉

    En la de Anaya no me suena haber visto nada de las pirámides que comentas (con esto ya te imaginas que tampoco las vimos). En Miraflores estuvimos muy poco tiempo porque no nos llamó la atención el sitio, demasiado «europeo» :-p Lo que sí vimos allí fue un mercadillo de cuadros en un parque.

  • Alicia32
    3 agosto, 2009 a las 09:19

    Las bolsas las compramos en Decathlon. Son bolsas bolsas, de forma cilíndrica y con cremallera circular en la tapa. Y qué va, no es que llevemos cosas de valor, es que nos da penilla que se estropeen…je je.

  • JAAC
    3 agosto, 2009 a las 09:28

    Acabo de verlas, muy curiosas. Supongo que luego ocuparán muy poco para poder meterlas en las mochilas cuando no estén en el avión.

    Tenemos que pasarnos nosotros también por allí antes del viaje para comprar alguna cosilla que todavía nos falta. Vamos ampliando el equipamiento con cada viaje, ya quedan pocas cosas por comprar 😉 Tenemos ya las mochilas, los sacos, las botas, las camisas y pantalones anti-mosquitos, las cazadoras, gorros, …

  • Alicia32
    3 agosto, 2009 a las 09:55

    ¿son pistas de tu próximo destino?je je, me da a mí que vais a la selva…aunque la cazadora…no sé, no sé