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Perú (LIII), volver a Lima

Domingo 17/05/2009 (y 3)

Ahora toca enterarnos de cómo volver a Lima. Entramos en la tienda de recuerdos y vemos unos chales de baby alpaca (o eso pone) por 35 soles. El precio es muy bueno, si el material es el que tiene que ser. La de la tienda nos dice que el precio es así porque es una tienda del estado y que ellos no se sobran. Como la entrada y el guía nos han salido gratis nos “sobran” unos soles que ya tenemos cambiados, así que compramos uno. En buena hora, porque el frío luego aumentó. La misma de la tienda nos indica donde está el paradero de los autobuses y nos dice que tenemos que coger el 16 o el 18 a Lima.

El paradero está al otro lado de la carretera. Es una carretera de un carril en cada sentido lo que hace que no sea difícil cruzarla. No tenemos que esperar casi nada para que llegue una combí que nos sirva. Está llena y nos tenemos que quedar de pie un par de paradas. Después nos sentamos en la última fila de asientos. Comparten esa fila con nosotros tres peruanos, dos mujeres y un hombre, y una niña. A mitad de camino el hombre comienza a hablar con nosotros y nos ofrece fruta, mandarinas y plátanos. Es un apasionado de la fruta y siente curiosidad por saber qué frutas tenemos nosotros en España. Está claro que tenemos menos que ellos, aunque muchas de las suyas se pueden encontrar, son importadas. Nos pregunta por el coste de la vida en España, le decimos que más o menos cuatro veces más, lo que aquí cuesta un sol en España cuesta un euro. Nos cuenta que en la televisión hablan mucho de la crisis en Europa. Le decimos que sí, que en España está pegando fuerte y que el número de despidos es muy grande, que no hay mucho trabajo. A Perú no ha llegado, en todas partes hemos visto carteles en los que buscan cocineros, camareros, vendedores, … no parece que falte trabajo. Nos lo confirman. Todavía queda mucho que hacer. Se dedica a manejar maquinaria pesada en minas, camiones de 350 toneladas. Perú está lleno de mineral: oro, plata, cobre, hierro, piedras preciosas,… y también petróleo. Él mismo reconoce que es un país muy rico pero que no ha sabido administrarse. Confía en que ahora, con la llegada de la tecnología, puedan mejorar su posición. En España quedan pocas minas y petróleo no ha habido nunca en cantidad.

Al llegar al mercado de la fruta se baja con el resto de su familia, su abuela estaba sentada varias filas más adelante, una hija por otro sitio,.. Va a hacer deporte. Le deseamos suerte, irá a jugar un partido de algo, y se despide de nosotros diciendo que lo mismo un día nos encontramos por España. A pesar de que todos saben que la crisis ha pegado muy fuerte en España y que no hay trabajo ni para los que estamos allí, siguen teniendo la esperanza de poder ir algún día, unos para trabajar y otros de vacaciones como nosotros en su país. Lo cierto es que vistos los poblados en los que viven no me extraña que quieran.

No hay mucho más que hacer que visitar el barrio de Miraflores. Es la zona acomodada de Lima, un barrio de casas acabadas y pintadas. Con coches buenos y más seguridad que el centro. Según la guía el nivel de robos aquí es muy bajo, sólo se dedican al secuestro exprés de ricos peruanos. Como no damos la imagen de peruanos, ni de ricos, no creo que tengamos problemas.

Bajamos de la combí en la esquina de la calle Arequipa, para coger otra que nos lleve a Miraflores. Este recorrido es mucho más corto y su precio menor, 1,20 soles. La combí hace la calle Arequipa completa hasta llegar al óvalo. En Perú las rotondas se llaman óvalos. Ese óvalo es el centro del barrio, aunque las casas mejoran desde bastante más atrás.

Por la guía ya sabíamos que aquí no había nada que ver. No hay monumentos, ni museos, ni edificios antiguos. Es la zona residencial y de compras. Paseamos por el parque Kennedy y, puesto que no hay mucho más que hacer aquí, entramos a “El café de la Paz” para comer. El sitio está recomendado en la guía y la comida está muy buena. Palta (avocado) rellena de pollo para Sara, Sábana de res con Tacu-tacu, una especie de puré de arroz y frijoles para mí. De postre suspiro de lima, una mousse de limón con merengue que es típico de la ciudad según la carta. El sitio es caro, el agua pequeña nos ha costado cinco soles (en la calle cuesta un sol y en los restaurantes nos había costado tres hasta ahora) y bastante hortera. Por todas partes hay frases profundas que te animan a ser mejor persona. Es casi como estar dentro de uno de esos powerpoints de autorrealización. Hasta en el baño tienen un cuadro con mensaje. El salva-mantel lleva escrito «paz» en 31 idiomas. Demasiado.

El océano Pacífico está al final del barrio y dimos un paseo hasta allí para saludarlo, con el chal de baby alpaca por encima. No hemos llegado a tocarlo en ningún momento a pesar de que en Paracas caminamos por la playa y lo navegamos en la lancha. En Lima no fue una excepción. El final de la calle lleva a un mirador sobre el océano, para ir a la playa hay que bajar mucho. Todo lo que se baje luego hay que subirlo, de manera que decidimos que desde arriba ya está bien. Continuando con el tema cursi del restaurante el mirador está lleno de frases de amor en azulejos. Hay una estatua de una pareja tumbada besándose. Esta zona es un poco ridícula. El océano no está muy tranquilo, hay bastantes olas, pero no lo bastante grandes para todos los surfistas que hay en el agua.

Para volver al centro hay que coger otra combí. Estamos en una calle de sentido único por lo que es necesario volver al óvalo. Cumplimos con nuestra promesa de comprar turrón de Doña Pepa en Tacna. La misma combí nos deja allí. No hemos conseguido que nos parara en la puerta, todo el mundo pide que le paren donde quiere, porque había un guardia de tráfico en la avenida y ha tenido que llegar hasta el paradero.

Con el turrón en la bolsa, bolsa oficial de Doña Pepa por cierto, volvemos al hotel. Antes pasamos por el supermercado de ayer para coger otra bolsa de leche chocolateada.

No hay nadie en la recepción del hotel cuando llegamos. Cogemos la llave. Luego bajaremos para pedir el taxi. Son poco más de las cinco de la tarde, pero ya no queda nada que hacer en Lima. Bueno, seguro que se pueden hacer muchas cosas más, pero pensamos que ya está bien, ya nos hemos arriesgado bastante. Después de descansar un poco intentamos ducharnos. Mal. No hay agua caliente. Como teníamos que bajar a reservar el taxi aprovechamos para decir que tampoco hay agua caliente. Al subir vaciamos la bolsa de la ropa limpia que recogimos ayer y preparamos las mochilas. En este viaje casi no habrá ropa que lavar en Madrid, lo que llevamos ahora y lo que llevemos mañana en el avión, mejor.

El agua sigue sin salir caliente. Sara vuelve a bajar y le dicen que el termo se había apagado y lo acaban de encender, en una hora y media habrá agua caliente. Empezamos a ver la película que me descargué ayer y a las nueve nos vamos a la ducha. Hay agua caliente.

Todavía nos queda un fuet casi entero, tres latas de paté y casi un paquete de crackers. No queremos llevarlo todo de vuelta a España así que nos damos un «festín» y acabamos con el fuet, una lata y el paquete de crackers.

Guardamos lo que queda en las mochilas y después de ver un poco más la película nos vamos a dormir. El taxi está para las seis de la mañana, así que el despertador para las cinco y media. El primer día nos dijeron que para vuelos internacionales era aconsejable llegar con tres horas de antelación. Recordando el lío que se montó en Barajas pensamos que más vale prevenir y que será mejor llegar tres horas y cuarenta y cinco minutos antes, tampoco hay otra cosa que hacer. El vuelo serán 12 horas en las que lo más que haremos será dormir.

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Comentarios

  • Alicia32
    7 agosto, 2009 a las 08:10

    ¡¡Ay, qué penica!! ¿verdad? aunque yo siempre tengo la alegría de que voy a ver ya a mis niñas..je je. Yo estoy ya ansiosa por irme y ver qué tal nos sale la cosa. Me ha valido de mucho tu blog y espero me sirva para otras ocasiones…

  • JAAC
    10 agosto, 2009 a las 08:42

    Hombre, que hasta hoy no acababa el viaje 🙂

    Había que volver a Madrid y luego al curro… que nuestros viajes suelen ser coger el avión a las dos horas de salir del trabajo y que el avión nos deje a las seis de la mañana y luego a currar :-O que hay que aprovechar los días de vacaciones y no se aprovechan igual en casa 😉

    Espero que te siga siendo útil de viajes pasados y de viajes futuros. Mañana empezaré con otro corto 🙂