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Perú (LIV), volviendo a casa

Lunes 18/05/2009

A las seis estamos en recepción pagando. El taxi está en la puerta, no sé si esperándonos o simplemente allí por si alguien lo necesita.

Todavía no es completamente de día y la luz se filtra como a través de la neblina. Esperemos que levante. Ya nos dijeron que cuando la niebla cae fuerte el aeropuerto se cierra, y que ahora es época de nieblas fuertes. El taxista se va saltando semáforos todo el camino y llegamos a las 6:15.

Los monitores no indican ningún problema ni retraso con los vuelos. El nuestro de AirComet está puesto a su hora y sin observaciones por el momento. Eso sí, la cola para facturar ya está aquí. En Lima hay ocho facturando pero se sigue montando cola, no quiero ni imaginar si hubieran sido dos como en Madrid.

Nos despedimos de los Symbios y vamos hacia las tiendas. Nuestra intención es gastar los últimos 18 soles en caramelos de coca y una botella de Inca-Kola. En Lima no hemos encontrado caramelos en ningún sitio, no hay altura, pero pensamos que en el aeropuerto habrá. Lo de esperar aquí para la Inca Kola es por el tema líquidos en los aviones.

Sí que hay caramelos, pero son carísimos. Un paquete de 50 gramos cuesta mínimo cinco soles, en otra tienda está a doce. Y me pareció caro en el Colca que pagué tres por un señor paquete. Todo es muy caro aquí. No encontraremos mucho más por lo que tenemos así que cogemos un par de paquetes (20 caramelos) por diez soles.

Como nos habían dicho, la tasa aeroportuaria para vuelos internacionales es de 31 dólares. Nos ponemos en la cola para pagar. Aparece uno que llora a las señoritas diciendo que su vuelo sale en cuarenta minutos, que le dejen pasar. Ellas le dicen que no, que haga la cola como todo el mundo. Él insiste y ellas le responden que deje de perder su tiempo y que se ponga a la fila si no quiere perder el vuelo. Me encanta la firmeza de estas mujeres, si no parece ya ni Perú.

Después de pagar pasamos el equipaje de mano. Sólo estamos tres para vuelos internacionales así que no hay carreras ni golpes con las bandejas. Ahora el control de pasaportes. Sara me confesó después que no tuvo ninguna preocupación al pasarlo, pero yo me estaba acordando en ese momento del coche de policía aparcado delante del hotel de Arequipa. No hubo problemas y con el sello puesto vamos a la zona de tiendas a buscar nuestra Inca Kola.

La idea era conseguir una de cristal, pero aquí dentro son todas de plástico. Además hemos visto que Inca Kola es un producto de The CocaCola Company y para eso tanto «Bebida nacional del Perú». Son 2,50. Todavía nos quedan 8 soles. Podremos coger algo más, aunque hay pocas cosas que se ajusten a ese presupuesto. Al ir a cogerla, junto con una botella de agua, Sara se da cuenta de que 2,50 son ¡2,50 dólares! La botella de Inca Kola se lleva los ocho soles ella solita, bueno, nos devuelven veinte céntimos con los que no podemos hacer absolutamente nada. Es indignante el precio de las cosas en el aeropuerto, por ocho soles se pueden pagar dos menús en el centro de Lima, es más, nosotros pagamos ocho soles por comer los dos en Chivay, o por el arroz chaufa en Paracas.

Ya sin dinero con el que jugar nos vamos a nuestra puerta de embarque. Buscamos un enchufe y nos conectamos a internet para avisar de que todo va en tiempo y cogeremos el avión cuando debemos. La gente se empeña en hacer cola frente al mostrador de embarque y el de AirComet no hace más que decir por el altavoz que no lo hagan, que el embarque se hará por filas y que irán llamando. Da igual, a la gente le gusta hacer cola más que a un tonto un lápiz y de allí no se mueven.

Nuestros asientos son casi los últimos por lo que entraremos antes al avión. Una vez embarcados los niños y las personas con problemas de movilidad, llaman a los pasajeros de las filas 39 a 20. La nuestra es la 36. Se monta una cola enorme que nos llama la atención, aunque siendo el avión tan grande, ocho personas por fila, veinte filas dan para mucho. A mitad de la cola una chica nos pregunta qué filas han llamado, le decimos que de 39 a 20. Las dos de delante se giran y nos preguntan si han llamado a alguna fila. Ellas están en la 9 y la 17. Les decimos que no las van a dejar pasar que se monta por orden. Su respuesta es quedarse en la fila y decir que si las botan pues que vale, que lo importante es que ya están en la fila. ¡Que esto no es una combí, que aquí todo el mundo tiene su asiento! La verdad es que no es sólo una costumbre de aquí, la gente hace unas filas terribles delante de los mostradores de embarque en todo el mundo cuando todos tienen ya un asiento asignado. Incluso en las low cost, que no hay asiento, sabes que te sentarás aunque no sepas donde.
La señora de la fila 9 pasa el corte sin que le digan nada mientras que a la de la 17 le dicen que espere. Si luego tampoco lo controlan no me extraña que la gente haga lo que quiera, aunque me siga pareciendo absurdo.

Aunque la hora de embarque que nos habían dicho era las ocho de la mañana (el avión sale a las 10), lo hemos acabado haciendo a las nueve y cuarto. Nos dijo que era porque mucha gente esperaba hasta el final y luego con las tasas acababan perdiendo el avión. Con todo y con eso salimos en hora, a las 10:10 estamos en el aire.
Lo de los móviles es otra cosa que pasa en todo el mundo, pero aquí ha sido exagerado. Con el avión rodando para colocarse en la pista de despegue había gente hablando y mandando sms. De acuerdo que el vuelo son 11 horas y no vas a poder hablar con tu “amorcito” en ese tiempo, pero por la noche tampoco la llamas todo el rato. Absurdo y peligroso. Le hemos llamado la atención a uno y casi nos hecha en cara que todavía no ha despegado y está acabando su mensaje. El que está sentado delante de Sara con el asiento tumbado. Las azafatas pasando todo el rato haciendo como que miran pero ni han visto los móviles ni la inclinación.

Para más recochineo, la de detrás nuestro nos pregunta cuando el avión está despegando si hemos apagado nuestros móviles, ¿estás bromeando? Le estamos echando la bronca al de al lado por estar hablando y nos preguntas si nosotros lo hemos apagado. Más absurdo.

El avión es más nuevo que el del vuelto de ida. Hay sistema de entretenimiento de verdad, con pantalla y películas. Nos ha dado la bienvenida la sobrecargo en nombre del capitán Sarasa, pobre hombre, la de bromas que habrá que tenido que soportar.
Al poco de despegar nos informan de que nos darán una comida cuando cojamos la velocidad de crucero y un desayuno un par de horas antes de llegar a Barajas. El bar permanecerá abierto hasta una hora antes de aterrizar. También informan de que el sistema de entretenimiento es de pago y que los cascos también cuestan dinero. Los cascos son tres euros o cinco dólares y las películas creo que han dicho siete por todas, tarifa plana. ¿He dicho ya absurdo? De todas formas no nos quejamos, el vuelo normal sale por unos 600 euros y nosotros hemos pagado menos de 400, si no se ven películas, pues no se ven.

Tampoco nos quejaremos, por el mismo motivo, de la comida. Pero es de las peores que hemos comido nunca en un avión: noodles resecos y pegados con dos trozos de ternera dura, una especie de ensaladilla rusa extraña y de postre algo que puede considerarse arroz con dulce de leche, aunque no pondría la mano en el fuego por que sea eso.
A las cuatro horas de despegar pasamos por encima de la Guayana Francesa y llegamos al conocido Atlántico. Antes hemos sobrevolado parte del Amazonas, kilómetros y kilómetros de verde cerrado con ríos marrones enormes, y la ciudad de Manaos. Ahora todo océano hasta la península.

Aterrizaje a las 4:15. El control de pasaportes como siempre, con la gente poniéndose en las filas que no les corresponden y retrasando a los que no tenemos que sellar.
Esperar a los Symbios. Como en la ida el avión estaba lleno y había muchas maletas por salir. No tardaron mucho en salir las mochilas, pero un rato ya perdimos. Una vez fuera coger el primer taxi que pudiéramos y a casa.

Llegamos a las 5:30, tumbarnos y esperar a las ocho para salir de casa al trabajo.

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11  Comentarios

  • Alicia32
    10 agosto, 2009 a las 08:57

    750€ me han costado a mí los billetes, con un seguro internacional de esos…¡¡Vaya chollazo lo vuestro!! Y por Dios, ¿ese día trabajábais?¿y pudisteis ser personas?je je

  • JAAC
    10 agosto, 2009 a las 09:25

    Encontramos una oferta muy buena, está claro 🙂 el de ahora no lo hemos conseguido tan bien y ya va un dineral :-S

    Sí, siempre se trabaja a la vuelta, los días de vacaciones están muy caros como para desperdiciarlos recuperandose en casa :-p

  • Alicia32
    11 agosto, 2009 a las 10:06

    JAAC, un favor..¿habéis hecho el desglose más o menos de lo que os habéis gastado en dormir, en comer, en transportes…?

  • JAAC
    11 agosto, 2009 a las 13:00

    Al principio sí que apuntamos lo que gastábamos por «grupo» pero al final dejamos de hacerlo.

    Quitando los 400 del vuelo, más los 80 del otro vuelo. Los +- 800 euros que quedan fueron autobuses, excursiones y comida. La más cara la de Machu Picchu que fueron unos 140 euros por cabeza.

    París no te llama la atención, no? 😉

  • Alicia32
    12 agosto, 2009 a las 06:34

    París tiene que ser muy bonito (no la conozco) pero ahora mismo nos gusta más lo exótico o lo lejano..En fín, ya habrá tiempo de ver Europa..je je

  • JAAC
    12 agosto, 2009 a las 09:21

    Pues tendrás que esperar a la segunda semana de septiembre para exotismo y lejanismo :-p

  • Alicia32
    12 agosto, 2009 a las 10:30

    La madre que te….aggggggg!!!!quiero saber a dónde vaaaaais!!!!!

  • Alicia32
    12 agosto, 2009 a las 11:00

    ¡¡ay, una pregunta!!he vuelto al principio del relato para ver cuando comprasteis los billetes a Cuzco…¿a qué hora fue eso?¿tú crees que cuando lleguemos nosotros (a las 5:00 en principio) estarán abiertos para poder comprar nuestro billete a Puerto Maldonado?

  • JAAC
    12 agosto, 2009 a las 11:24

    La hora original de llegada también eran las 5:20, pero luego retrasaron siete horas el vuelo y pasó a ser las 12:30. Con todo y con eso salimos tarde, creo recordar que fue a eso de las dos y pico cuando compramos el billete… No sé a qué hora abrirán :-O

  • paola
    10 diciembre, 2012 a las 05:25

    The Coca-Cola Company owns the Inca Kola trademark everywhere but in Peru.[6] In Peru, the Inca Kola trademark is owned by Corporación Inca Kola Perú S.A., which since 1999[7] is a joint venture between the Coca-Cola Company and the Lindley family, former sole owners of Corporación Inca Kola Perú S.A. and Corporación José R. Lindley S.A..

    segun wikipedia, pero lo que yo sabia era q en resumen la inca kola es de peru pero luego coca cola company la compro 🙂

    • 13 diciembre, 2012 a las 11:08

      ¡Hola Paola, bienvenida!
      Nosotros ni nos habíamos planteado que tuvieran algo que ver ambas marcas, fue al mirar en una botella cuando lo descubrimos y la verdad es que nos decepcionó bastante, por aquello de «la bebida nacional» 😮
      El pez grande se come, en este caso compra, al pez pequeño.