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Perú (XXXII), paseando por Arequipa

Sábado 09/05/2009 (y 3)

Después de dos horas recorriendo el monasterio de Santa Catalina (20.426 metros cuadrados) nos dirigimos a la iglesia de San Francisco. En toda la zona del Perú los santos San Francisco de Asís y Santo Domingo son los más venerados, debido a que fueron sus órdenes las que más se dedicaron a evangelizar en la zona, franciscanos y dominicos. La iglesia está cerrada y no abre hasta las cuatro y media.

Es el momento de volver al hostal a cambiarnos y coger la ropa para la lavandería. Mientras nos estamos cambiando llaman a la puerta para preguntarnos por qué seguimos allí. Todavía no han acabado de entender lo que les dijimos que íbamos a hacer, entrar el 9 y salir el 10.

La hora estimada para recoger la ropa es a las 18:30. La lavandería está abierta hasta las ocho y no hay problema en que vayamos después. Hecho esto queda recorrer las agencias para la excursión al Cañón del Colca. Le preguntamos al de la tienda de recuerdos del convento el motivo por el que casi todas partes ofrecían una excursión de dos días y nos dijo que es porque para ver el cóndor volando hay que llegar muy temprano y que en un día requiere madrugar mucho.

Nos lo confirman en las agencias. En realidad todas ofrecen el mismo recorrido, de hecho estamos seguros de que todas trabajan juntas. Es decir, en un único autobús habrá gente que haya contratado en distintas agencias a distintos precios, pero la misma excursión. Lo que ofrecen es recogernos en el hostal por la mañana y viaje hasta Chivay, la capital del valle del Colca, haciendo paradas para ver vicuñas, llamas y alpacas (los guanacos son muy difíciles de ver, están en peligro de extinción en Perú) y distintos miradores para ver los volcanes que rodean la ciudad de Arequipa. Todas ofrecen la posibilidad de tomar un mate de coca en una localidad próxima al punto más alto del recorrido: 4.800 metros. Después comida en Chivay (que no incluye ninguna agencia), visita a los baños termales de Caldero (que también corren por nuestra cuenta), cena en Chivay con espectáculo de música y danzas (el espectáculo está incluido, pero no así la cena, lo cierto es que estamos convencidos de que el espectáculo lo pone el restaurante y no la agencia, pero…) y alojamiento básico en Chivay. Al día siguiente desayuno temprano y salida hacia la Cruz del Cóndor donde, con suerte, veremos el vuelo y sino siempre podremos admirar la altura del cañón. Después vuelta a comer en Chivay (sin incluir) parando en varios pueblos y finalmente retorno a Arequipa a eso de las cuatro de la tarde. No hay diferencias más que de precio, entre 60 y 70 soles. Se puede elegir entre alojamiento básico en Chivay o uno de categoría superior.

También ofrecen el viaje de un día, pero se sale a las dos de la mañana directos a Chivay para desayunar y el resto es como el segundo día de la otra opción. La diferencia de precio es sólo de cinco soles. Como tenemos tiempo y tampoco queremos darnos una paliza, que no es la idea, nos decantamos por la de dos días, pero todavía queda decidir la agencia.

Mientras lo decidimos vamos a San Francisco. Son dos iglesias juntas, una es una especie de extra, y un convento. Están en misa en las dos y nos dicen, en la extra, que hasta el lunes ya no se podrá visitar. La principal la podemos ver porque la misa es en una capilla lateral, misa por el día de la madre. Como en Cuzco las misas van una detrás de otra y hay casi constantemente. Lo que sí se puede visitar es el convento de los dominicos. Son cinco soles e incluye guía. Es la propia guía la que nos vende las entradas y sin esperar a nadie más entra con nosotros dos.

En la actualidad hay unos siete monjes y casi todos muy mayores, pero llegaron a vivir en el convento unos setenta. Lo primero que se visita es el claustro, con curiosas estatuas realizadas en Cuzco y trasladadas hasta aquí. No son religiosas, son animales. Está la loba capitolina, sólo que es un puma; un león sobre un cocodrilo, representa la fuerza; otro león sentado; un puma de cuya boca asoma el pie de un niño, un sacrificio; y otras en muy mal estado. Nos lleva después a distintas estancias en las que podemos ver cuadros y mobiliario de los siglos XVII y XVIII. La biblioteca está en muy mal estado después del último terremoto y hay riesgo de que se derrumbe su techo de manera que no se visita. Nos comenta que nunca se ha visitado aunque en la guía ponía que era de lo mejor del convento. Subimos al coro de la iglesia y al segundo piso del claustro, con más salas. La devoción por los dos santos principales hace que en un convento franciscanos haya gran cantidad de imágenes de santo Domingo.

Son casi las cinco y media y empieza a hacer frío. Antes de ir al convento franciscano pasamos por el hostal para que Sara cogiera la cazadora. Es alucinante lo lento que puede llegar a ser el de la recepción. Pase que todavía no se haya aprendido la habitación en la que estamos, aunque ya hemos entrado y salido varias veces, pero es que cada vez que le pedimos la llave tiene que buscarla en el casillero como si no supiera dónde están los números. ¡Que trabajas aquí y todo está siempre en el mismo sitio!

Sin tener mucho criterio sobre las agencias de la excursión al Valle del Colca elegimos la que cuesta el término medio, 65 soles. Lo bueno es que cuando volvemos a la agencia nos coge el papel en el que nos habría escrito las cosas para ver qué precio nos había dicho. Una vez comprada la excursión preguntamos por el bus a Nazca a la vuelta. Nos informan de las compañías, categorías y precios. Todos rondan los 100 soles, para llegar hasta aquí desde Puno hemos pagado 40 y 25 desde Cuzco a Puno. Es cierto que este trayecto son un par de horas más que el más largo, son nueve horas, pero nos parece mucho. Agradecemos la información. No lo vamos a comprar ahora, lo haremos en la estación. Preguntamos si habrá problemas y nos dicen que tengamos cuidado, porque mañana es el día de la madre y mucha gente hace el viaje y luego vuelve a sus casas. Algunos pidiendo un día, el lunes, de vacaciones. El día de la madre aquí es muy importante, llevamos desde que llegamos oyendo hablar de ofertas especiales, regalos, incluso la misa.

Son sólo las seis y veinte pero nos acercamos a la lavandería. Necesitamos la ropa que ya es de noche y hace frío. La tenemos preparada y doblada. Por un sol más por kilo hasta nos la habrían planchado, pero eso sería excesivo.

En el hostal, mientras nos estamos poniendo la ropa larga nos llaman a la puerta. Nos dice uno que se parece mucho al que nos abrió por la noche (y todas las veces, debe vivir detrás del mostrador) que teníamos que estar sólo hasta las 12. Le decimos que no, que hemos llegado a las cinco de la mañana y que saldremos mañana, de hecho a las ocho porque nos vamos a ir al cañón del Colca. Se queda pensando y nos pregunta si nos lo dijo el chico de fuera. Le decimos que sí. Aprovecho para preguntarle si podemos dejar las mochilas mientras hacemos la excursión. La pregunta le supera. Éste no es mucho más despierto que el otro y su única respuesta es que tiene que hablar con el otro chico. Pues vaya dos con los que nos hemos encontrado: dumb and dumber.

Salimos a hablar con la recepción para que no haya problemas. El de la noche sigue sin enterarse. La verdad es que empezamos a pensar que tenga algún tipo de retraso, pero lo que no tendrían que hacer es dejar que atendiera a la gente si no se entera él primero. Parece que lo hemos aclarado, pero no nos atrevemos a dejar allí las mochilas, cualquiera sabe la lucha que tendríamos luego para recuperarlas. No tenemos muchas más opciones y lo que se nos ocurre es hablar con la agencia a ver si podemos llevarlas por la mañana y que nos recojan allí en lugar de en el hostal.

Por el camino nos encontramos con la chica que nos ha vendido el viaje. Ante nuestra pregunta también necesita un tiempo muerto. Nos dice que vayamos a la oficina a preguntar al jefe. El jefe está allí y nos dice que no es posible cambiar el lugar de recogida de mañana. Entonces le preguntamos si podemos llevar allí las mochilas ahora y que nos recojan en el hostal como estaba previsto. No hay problema, nos dice que estará allí hasta las nueve y media.

Volvemos al hostal a coger a los Symbios. Salir ahora con las mochilas va a ser otra odisea, preguntarán si nos vamos si dejamos la habitación. No es tanto, el “rápido” no llega a tanta deducción y no dice nada. Dejamos las mochilas, compramos agua y volvemos. Antes de ir a cenar quiero pasar otra vez por el hostal para que vea que no nos hemos ido definitivamente. Tengo miedo de que se meta en la habitación y arrample con todo. Mientras subo a dejar el agua Sara espera a ver si se libera el ordenador con internet. No es el caso. Hay uno haciendo un trabajo con el Word y no tiene pinta de que se vaya a levantar.

Salimos a cenar. En la misma calle del hostal, Palacio Viejo, está la pollería Chicken Palace recomendada por la guía. Pedimos un cuarto de pollo y un bife de ternera. El camarero casi entra en estado de shock cuando Sara le pregunta por el baño: «¿Ve esa primera puerta? Pues ésa no es. Es la siguiente, una puerta ovalada». La comida está muy rica y muy bien de precio.

De vuelta al hostal encendemos el ordenador del hall. Comprobamos los correos y miramos los precios de los vuelos de las líneas de Nazca. Llegan cinco brasileños buscando habitación. Les atiende el mismo que a nosotros y entre ellos comentan que parece que esté borracho. Después de un buen lío les da las llaves y les acompaña. Les lleva por donde no es y de vuelta al mostrador les pide que le paguen. Los brasileños le dicen que sin ver la habitación no pagan. No saben dónde se están metiendo. A todo esto los vuelos están sobre los 75 dólares.

Preguntamos antes por la hora del desayuno, que está incluido, continental y americano. El de siempre se queda tan descolocado como de costumbre. Sara le sugiere, por ejemplo, de 7 a 10 y el chaval se agarra a eso como a un clavo ardiendo y dice que sí, que de 7 a 10. Luego recula un poco y lo deja en de 7 a 8. Yo creo que no desayunaremos.

Nos vamos a dormir que mañana tenemos excursión.

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Comentarios

  • Alicia32
    9 julio, 2009 a las 15:02

    ¿No barajásteis la opción de ir de Puno a Chivay, dormir allí y ver al día siguiente Colca, para luego volver a Arequipa? Es que parece más paliza lo que hicisteis, no?¿fue por algo en especial?

  • JAAC
    9 julio, 2009 a las 17:55

    En realidad no nos lo planteamos. Tampoco sabíamos la distancia que había hasta el cañón del Colca, nos apetecía ver a los cóndores, pero tampoco sabíamos mucho más.

    De todas formas en la estación de bus de Puno no oímos Chivay en ningún momento, puede que tampoco nos fijáramos. Las carreteras no se puede decir que sean una maravilla quitando las importantes, lo comprobamos al día siguiente camino de Chivay. Lo que tal vez sea posible es contratar la excursión desde Puno, pero tampoco recuerdo haberlo visto.

  • Masmi
    9 julio, 2009 a las 23:11

    Madre mía el del hotel, no se entera de nada! Y el otro peor! Estan empanados! jajajaja
    Me has dejado con la duda si mañana desayunareis, jajaja
    Ya veo que el envejecimiento de los monjes es igual en todas partes.

  • JAAC
    13 julio, 2009 a las 07:40

    Tremendamente empanados Masmi. Cada vez que pasábamos por recepción era ponerse nervioso y casi tratar de evitarles dejando la llave rápido y ni hablando.

    Ya lo habrás visto… no desayunamos :-p

    Las vocaciones disminuyen en todas partes. Imagina si allí están así lo que tiene que ser España, que gran parte de los curas son sudamericanos.