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Perú (XXXI), convento de Santa Catalina

Sábado 09/05/2009 (2)

En la calle nos dirigimos a la plaza de armas, como en todas las ciudades de Perú el primer lugar que visitar. Ésta tampoco es gran cosa, un terremoto en 2.001 destruyó gran parte de la catedral y ha tenido que ser restaurada por completo. Según la guía lo que no hay que perderse en Arequipa es el convento de Santa Catalina. De camino buscamos una lavandería, la subida a Huayna Picchu y el resto del viaje han acabado con gran parte de nuestra ropa. Cobran por kilo cuatro soles, cinco si la quieres planchada, y hasta tres kilos los tienen listos en un par de horas. Perfecto, luego volveremos al hostal, nos pondremos las bermudas, que hace calor, y llevaremos ropa a lavar.

El convento de santa Catalina es un lugar gigantesco. Tiene calles y barrios en su interior. La entrada tampoco se queda atrás, 30 soles por cabeza, sólo Machu Picchu es más caro, aunque el boleto turístico de Cuzco eran 130 incluía un montón de sitios. Lo bueno es que se puede pagar con tarjeta que siempre harán mejor cambio. En el interior hay un montón de guías con traje rojizo y gorro que te indican por donde comenzar la visita y se ofrecen a acompañarte, dejando claro que el servicio de guía no está incluido en la entrada. Esta vez lo haremos solos.

El convento de Santa Catalina fue una de las más importantes instituciones religiosas del nuevo mundo, mínimo de Perú. Sólo las primogénitas de las familias ricas de Arequipa o de españoles podían ingresar en él. Fue fundado en 1.579 por Doña María de Guzmán, que se convirtió en rectora de la institución con el nombre de Ana María de Jesús. El ingreso venía acompañado de una dote de 1.000 pesos de plata, equivalentes en la actualidad a 50.000 dólares, y 100 pesos corrientes para la manutención de la novicia y su séquito durante el primer año. También debían llevar el ajuar con la ropa de novicia y la ropa de cama, una mesilla, una silla,… vamos todo el mobiliario de la celda. Así mismo ingresaban con cinco sirvientas. En realidad esclavas, tres indias y dos negras. En el interior del convento la esclavitud estuvo permitida hasta la llegada, muchos años después, de una nueva madre superiora decidió suprimirla, así como los privilegios de los que gozaban las novicias ricas para ajustarse más a la vida cristiana. Las novicias ricas recibían una casa para ellas y sus sirvientas, equipada con su celda y una cocina.

Los terremotos sufridos por la ciudad han destruido gran parte del segundo piso, que es donde residían y se han reconstruido las celdas en la planta de abajo que es la que se visita en la actualidad. Las cocinas mantienen su color negro por el hollín y el olor característico. Una cuarta parte del convento está todavía ocupado por monjas de clausura que deben encargarse de encender los fuegos periódicamente para que mantengan el olor.

En la tienda de recuerdos nos explican que las monjas actuales, una treintena aproximadamente de edades entre 16 y 95 años, se dedican a hacer polvorones y chocolates, cremas con pétalo de rosa blanca, tejer jerséis, gorros, guantes, etc., pintar reproducciones de los cuadros del interior del convento, hacer figuritas con harina de maíz, grabar cd con sus cantos e incluso han sacado un álbum de fotos con imágenes de la zona del convento en la que viven (que no se puede visitar) y del resto del convento de noche. Está claro que te hacen un test de aptitud antes de dejarte entrar en la orden.

El de la tienda nos informa también de que Arequipa fue la única de las colonias españolas que desarrolló su propia cerámica. El proceso de vidriado de la cerámica no era conocido en tiempos incas y fue traído por los conquistadores. Este proceso proporciona un acabado brillantes y una mayor impermeabilidad. La cerámica local es verde y nos dice que queda muy poca en todo el mundo, unas pocas piezas en el convento y poco más.

Lo de los polvorones y los chocolates nos llama la atención y compramos uno de cada. Los chocolates vienen rellenos de dulce de leche y almendras. Nos pregunta si lo puede meter en la misma bolsa, no te preocupes, no llegarán a salir del convento. La crema de pétalos también se viene, es ideal para rostro, manos y labios, y tenemos los labios hechos polvo. Como pensaba nada más salir de la tienda nos sentamos en un banco de una de las calles del convento y damos buena cuenta de los dulces.

El interior del convento está pintado en color rojizo y azul eléctrico, dos colores habituales en el periodo colonial. Paseamos por la calle de Málaga, Toledo (la más angosta), Córdoba, Sevilla, Burgos, Granada y la plaza de Zocodover. Lo más curioso es que nos comentó el de la tienda que las españolas eran principalmente vascas, porque eran vascos los que más fueron a la ciudad. El exterior del convento es de sillar banco como casi toda la ciudad.


Además de las celdas de gran cantidad de monjas, con sus cocinas, recorremos la sala de velatorios, con retratos de trece hermanas muertas que fueron veladas allí; el hospital, hoy sala de exposiciones; la cocina general; la bañera de las monjas, casi del tamaño de una piscina; el lavadero, varias tinajas partidas conectadas a un canal de agua; el cementerio, está cerrado; y la zona de visitas de las hermanas. Como son de clausura había dos entramados de maderas con pequeños huecos colocados a los lados de una ventana interior. Por ahí era por donde podían hablar con el exterior sin apenas ver ni ser vistas. Para intercambiar objetos contaban con un par de tornos de madera. Al final de la visita nos encontramos con el refectorio y la pinacoteca llena de obras de arte arequipeñas y de la escuela cuzqueña.

En la galería de picasa hay más fotos del convento.

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Comentarios

  • Alicia32
    8 julio, 2009 a las 14:49

    ¿qué fuisteis tirando, de la guía de Lonely Planet?A todos los sitios que habéis ido con guía..¿habéis visto si es insuficiente las explicaciones de la guía Lonely, en Machu Pichu, por ejemplo?

  • JAAC
    9 julio, 2009 a las 08:12

    Pues la verdad es que la Lonely Planet nos decepcionó un poco en Jordania (en realidad algo más que un poco) y desde entonces tiramos de las guías Total de Anaya que nos han dado muy buen resultado. Además están hechas por españoles y se nota que nos llaman la atención las mismas cosas.

    Eso sí, como casi todo el tiempo fuimos cogiendo excursiones organizadas tampoco tuvimos que leer mucho. Con los precios que hay merece la pena llevar un guía que te cuente, aunque al cabo de los días te das cuenta de que cada uno dice lo que se ha aprendido y que muchas veces son contradictorios. Vamos, la guía la leímos en el avión camino a Lima y luego la sacamos puntualmente.

  • Masmi
    9 julio, 2009 a las 22:55

    Que brutalidad de convento.
    La verdad que si, que llevaban una vida poco cristiana, pero vamos, de aquella época no me sorprende.
    Que tal estaban los dulces? Suenan bien 🙂

  • JAAC
    13 julio, 2009 a las 07:38

    El convento es increible Masmi. Calles y calles todas muy cuidadas con los colores más llamativos.

    Las épocas pasadas es lo que tienen… la esclavitud estaba en todas partes, incluso dentro de los conventos.

    Los dulces estupendos 🙂 aguantaron poco más de tres minutos… jajaja