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Perú (XLIII), Reserva Natural de Paracas

Jueves 14/05/2009 (2)

La fauna de las islas Ballesta:

Tal y como estaba previsto para las diez estamos en el embarcadero. También está el de nuestro hostal y le preguntamos. No hay ningún problema, nos podemos quedar. El tema dinero no se ha tratado pero si le primer día han sido 60 mañana igual o menos, ¿no?

En media hora tenemos que bajar para la siguiente. A las once estamos en la puerta. Menos de 10 minutos después aparece el que nos acercó hostal. En este caso hay que pagar cinco soles por cabeza para entrar en la reserva.

Nos desviamos inicialmente porque hay unos pocos flamencos, que viven en la laguna de manera permanente, pero están terriblemente lejos, ni para intentarlo. Nos cuenta que José San Matín llegó a Perú por esta zona y que fue viendo el vuelo de los pelícanos cuando decidió los colores y la forma de la bandera, que se asemejan a las alas desplegadas de estas aves. Nada que ver con el manto de Juanita obviamente, pero curiosamente parecido.

Después de esta novedad la excursión se mueve por donde estaba previsto. Volvemos al punto de control y nos desviamos a la derecha por algo que parece una carretera mal asfaltada y que cuando paramos el guía nos explica que no lo es. No hay asfalto ahí. Lo que sucede es que hay unas salinas cerca que procesan toneladas y toneladas de sal durante el año y que en verano la exportan. De esta forma camiones y camiones atraviesan el camino dejando caer parte de su carga, también hay sal en el camino, todo era un mar antes. Esta sal se compacta con la arena y se convierte en una masa que se come los neumáticos. Las marcas negras que se ven son de caucho de las ruedas y sal, no hay carretera. Cerca de ese punto también se pueden encontrar conchas y fósiles de crustáceos.

Desde aquí nos vamos al cuello de la reserva. El cuello es una zona entre las dos bahías con una separación entre ellas de seis kilómetros. La bahía de Paracas es cálida mientras que la opuesta es abierta al pacífico y es más fría.

Los acantilados de la zona son espectaculares. Enormes rocas cargadas de óxido de hierro que se van rompiendo por acción de las olas. Están completamente llenos de aves: zarcillos, gallináceos, gaviotas, etc. y se llegan a ver algún que otro lobo marino. El terremoto de 2.007 destruyó la parte superior de la catedral. Un arco natural gigantesco que unía dos playas de pescadores, de arenas grises. El guía nos explicó que según la NASA el seísmo tuvo una intensidad de 8,4. Teniendo en cuenta que el máximo de la escala Ritcher es de 9, 8,4 se considera cataclismo y el gobierno debe hacerse cargo de todos los desperfectos. Para evitar esto, el propio gobierno, rebajó la fuerza a 7,9 para no tener que pagar. Por lo visto la catedral se podría reconstruir pero requiere demasiado dinero y no hay interés en hacerlo. Por otra parte tampoco nos parece normal reconstruir una atracción natural una vez destruida por acción de la propia naturaleza.

Es aquí donde nuestro francés errante y con aspecto de haber escapado esta mañana de un campo de concentración decide darse una vuelta en solitario y tenemos que esperar un rato hasta que vuelve a la furgoneta. En este tour no falta la familia peruana, en este caso sólo con una niña. También hay una pareja italiana que se aloja en el que parece mejor hotel de Paracas después del terremoto y nosotros. El italiano está bastante tenso y le vemos discutir por teléfono en la recepción de su hotel. Más tarde nos cuenta que le han perdido el equipaje y que no tiene más ropa que ponerse. Nos pregunta si hace mucho frío en el resto del viaje, su recorrido es el inverso al nuestro, y le comentamos que donde más en el Colca. Tendrá que comprarse una cazadora o un par de jerseys gruesos.

El paisaje de la reserva es casi lunar. Un auténtico desierto sin ningún tipo de vegetación. Los colores de los montes y de la arena varían en función del mineral que sea mayoritario en la zona, cambiando del rojo al amarillo.

La parada para almorzar la hacemos en la playa de las Lagunillas. Todos los nombres han sido puestos por los pescadores que trabajaban aquí desde mucho antes de que se declarara reserva natural. Ellos son los únicos que pueden seguir trabajando en la zona, aunque ya no está permitido que vivan dentro. Al igual que los restaurantes, antes daban comidas a los pescadores pero ahora, con el turismo, han cambiado su mercado. Tampoco pueden vivir aquí y al caer el sol salen de la reserva. Lo que nos prometen es que el pescado es fresco, recién capturado por los pescadores. Sólo hay tres restaurantes y están en bastante mal estado. El terremoto provocó un tsunami con olas de hasta siete metros que se llevó todas las barcas y las construcciones. El mar también se «salió» y provoca que haya que dar un rodeo de un kilómetro para llegar a la zona. Aquí podemos ver el gaviotín elegante peruano, de menor tamaño que las gaviotas.

El guía nos dice que todos los restaurantes son iguales y que los precios son muy similares, que él va cada día a uno y que hoy le toca el del fondo. Nos metemos con él y nos decidimos por el ceviche de corvina. No sabemos si cada día irá a uno, pero en este hace incluso de camarero: toma la nota y nos trae el plato. El ceviche está un poco más suave que el de Nazca y más bueno. Han sacado una fuente con todos los tipos de pescados que ofrecen, todos recién pescados.

Por supuesto, el francés errante no ha entrado en el restaurante y se ha alejado de todos. Acabamos rápido y subimos a los miradores. La vista es de 360º desde aquí, se pueden ver las aves, el mar, las olas, fantástico. También nos acercamos al puerto de barcas donde los pelícanos se esfuerzan por capturar los restos de pescado que caen de las barcas y los pescadores aparcan sus coches.


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Comentarios

  • Alicia32
    24 julio, 2009 a las 08:33

    Había visto fotos de las Islas Ballestas pero no de la Reserva de Paracas, y la verdad es que no me lo imaginaba tan «pelao».

  • JAAC
    24 julio, 2009 a las 08:49

    Es lo más sorprendente: es un desierto en la orilla del océano. Tienes la arena, el acantilado y la playa… y las playas son espectaculares. Es un lugar muy bonito y nada masificado. Sólo hay que pensar que con tres restaurantes, no demasiado grandes, come sin problemas toda la gente que va a visitarlo, sin esperas.

    No sólo las vistas de las playas (lástima la rotura de «La Catedral»), la cantidad de pájaros y pelícanos que ver es enorme.

  • Alicia32
    24 julio, 2009 a las 09:05

    No sé si habéis estado en Almería alguna vez, pero os invito a que vengáis, se le da un aire y realmente toda la costa del Parque de Cabo de Gata es impresionante. En las salinas puedes ver flamencos rosas, avocetas, correlimos…¡¡una preciosidad!! aunque ahora hace un calor que te mueres. Ayer tuvimos 40ºC

  • JAAC
    24 julio, 2009 a las 09:19

    Sí, hemos estado por allí. La última en junio de 2.006.

    El Parque de Cabo de Gata es muy parecido a esta zona, nos lo recordó cuando estábamos allí. El casi desierto (casi por ser generoso :-)) y el mar con los acantilados al lado. Y luego el desierto puro y duro de Tabernas.

    Hay que tener cuidado con el calor… pero en Perú no os tendréis que preocupar por eso ahora 😐