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Perú (XII), comienzan los problemas

Domingo 03/05/2009 (3)

Acabado el desfile nos acercamos a la iglesia de la Merced. La de la Compañía no se puede visitar ahora porque hay culto. En la de la Merced también. La cantidad de iglesias que hay en Cuzco y todas con un montón de misas al mismo tiempo y ¡llenas! Nos sentamos en los soportales que hay frente a la fachada y comienzo a dibujarla. Unos limpiabotas se acercan para ofrecernos sus servicios. Les decimos que no, pero se quedan mirando el dibujo. Con público no sé que tal saldrá, me siento presionado.


Sin darle la sombra, escarmentado después de El Tesoro de Petra, nos marchamos. La casa del inca Túpac Yupanqui, el décimo gobernador inca y segundo emperador del Tawantinsuyo, se ha convertido en un banco. Según la guía también es un fantástico museo que, al ser hoy domingo, está cerrado. De todas formas no lo encontramos. Desde ahí a la iglesia de Santo Domingo de nuevo, pasando por varias calles peatonales de la época inca. De vuelta a la plaza de Armas vemos que hay bailes delante de la iglesia de la Merced. Están acabando cuando llegamos y son unos de los que desfilaron antes, debe ser que esa cofradía en particular es de esta iglesia.


Cambiamos otros 50 euros para la cena de mañana o pasado que será en Aguas Calientes, de lo más turístico de Cuzco y no confiamos mucho en el cambio que nos hagan allí, y nos vamos a comer. Otra vez al restaurante de ayer, El Chambo. Hoy pediremos algo más conocido.

Está prácticamente lleno y a oscuras, en la entrada hay dos esforzándose por recuperar la corriente. Nos sentamos en una mesa corrida con otros dos cusqueños que están bebiendo unas cervezas. Para hoy pedimos chicharrón, ayer nos explicó que era carne de cerdo frita, y cabrito al horno. Vamos a ir sobre seguro.

Los platos son enormes, pero más que nada por el acompañamiento: choclo (mazorca de maíz), la patata roja cocida, la ensalada y la pasta con cebolla de ayer. La carne, las dos, están un poco secas, pero le dan mil vueltas a la rata de ayer por la noche. Mientras estamos comiendo casi a oscuras hay uno tocando la guitarra y otro tocando el acordeón amenizando la sala. Como no hay luz no hay música. Lo cierto es que tocan bastante mal y damos gracias al cielo cuando lo dejan y se van, que ha sido cuando la gente se ha hartado y han dejado de darles dinero.

Con la tripa llena subir la cuesta de San Blas es más duro. No hemos tenido problemas con la presión, pero sí que es cierto que nos está costando. Nuestra figura lo agradecerá porque cada subida es un buen ejercicio y la hemos subido bastantes veces.

No nos queda mucho más que ver, sólo pasear y “perdernos” por las calles. Eso lo podremos hacer un poco más tarde, volvemos al hostal para lavarnos los dientes y descansar un poco. Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no teníamos un día tan relajado en nuestros viajes. Cuando llegamos a la habitación encontramos otra sorpresa: la han limpiado y nos han hecho la cama. En los últimos viajes largos que hemos hecho no hemos disfrutado de ese placer, en Nueva York vaciaban la papelera cada dos días, en Amán ni entraron mientras estuvimos allí y en Tanzania no había ni habitación.

Después de la siesta saldremos a pasear un poco más y a hacer foto de salto. Que me acaba de hacer notar Sara que todavía no he saltado ni una vez y ya llevamos tres días en Perú.

Antes de salir buscamos la factura que nos dio Alfonso con el recorrido para confirmar la hora a la que va a pasar mañana a por nosotros. No la encontramos. Estamos seguros de que la cogimos y que no nos hizo el avión quedándose con ella y con el dinero. No queremos pensar que no vaya a dar señales de vida nunca más. Además el del hotel le debe conocer, que para eso le trae clientes. Decidimos preguntar en recepción a ver si saben algo o le pueden llamar, obviamente sin decir que no encontramos la factura, no vaya a ser tentar demasiado a la suerte.

En recepción llaman a su casa y no lo cogen. Nos dicen que es un hombre serio y muy puntual. Seguramente llamará esta noche antes de las ocho, que es lo que hace cuando tiene clientes. Esto nos deja mucho más tranquilos, aunque seguimos con alguna duda.

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Comentarios

  • Masmi
    8 junio, 2009 a las 23:12

    Cuanta devoción! Creo que las iglesias también están notando aquí la llegada de gente de aquellas tierras.
    Ese día no arriesgasteis con la comida 😀
    Que intriga con Alfonso!!! ainsss 😀

  • JAAC
    9 junio, 2009 a las 09:43

    Es curioso que con toda su vuelta a los «orígenes incas» (lo pongo entrecomillas porque sus orígenes son anteriores, que los incas no estuvieron tanto tiempo) no hayas recuperado también su religión. Existe una tendencia a llamar a ciudades, calles, barrios, etc. con sus nombres quechuas, pero la religión católica quedó grabada a fuego. Supongo que necesitarán unos cuantos años más…

    Con un día de rata era bastante, jajaja, pero seguía siendo arriesgar, sabíamos lo que era, pero no cómo lo prepararían.

    Menudo Alfonso…