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La tonnara, la tradición del atún en Favignana

La historia y la economía de la Favignana y las islas Egadas están íntimamente ligadas a los atunes. Desde tiempos inmemorables y hasta hace pocos años, estos peces repetían cada año el mismo recorrido cruzando su suerte con la de los hombres de estas tierras. Atravesando el estrecho de Gibraltar, empujados por su instinto de reproducción, la corriente cálida los llevaba hasta los mares que bañan estas islas, donde encontraban la salinidad y la temperatura ideales. Testigo de ello son la prehistórica gruta «del genovés» en la isla de Levanzo, algunos restos fenicios y varios escritos de historiadores griegos. Pero aquí los atunes hallaban también una trampa mortal: la tonnara, la almadraba.

Organización de la tonnara

Acabada de fijar cada año el 23 de abril entre las islas de Favignana y Levanzo a una profundidad media de 35-40 metros, ocupaba 350.000 m2 con sus 8.500 metros de redes. Éstas estaban divididas en ocho cámaras, cada una con su nombre: di Levante, di Ponente, grande, bordonaro, bordonaretto, bastarda, bastardella, della morte. Sin darse cuenta, los atunes entraban en la primera cámara de la que ya no conseguirían salir aunque sin sentirse atrapados (las cámaras eran muy grandes: de 80x80m, las primeras, hasta 50x50m).

Favignana-TonnaraBarcas

El rais, el jefe de los tonnaroti –los pescadores de atunes– controlaba cada día cuantos había en la cámara y, cuando estimaba que ya eran suficientes, abría la puerta de la siguiente dejando pasar los atunes y liberando la primera para las nuevas llegadas. Así de cámara en cámara hasta la della morte –de la muerte, la única con redes en el fondo–, donde se realizaba la mattanza. Llegado el momento, el rais ordenaba levantar poco a poco las redes dejando cada vez menos espacio a los peces que, nerviosos, comenzaban a agitarse hasta agotarse. Otra orden del rais hacía que comenzara la captura de los ejemplares y su izado a las barcas.

Favignana-TonnaraBarcas

La religión y la tonnara

Todas las fases del trabajo se acompañaban con cánticos religiosos pero también con una función práctica, la de dar una cadencia al trabajo. Este ritual empezaba cada mañana de mayo a junio, si el viento y la corriente eran favorables –cuando había mistral– a las 7 de la mañana, momento en que los barcos salían hacia la tonnara. Al llegar, el rais decía «Buongiorno tonnara» y sus tonnaroti le seguían con una sola voz «Buongiorno signora«. Muestra de la religiosidad de este ritual era la cruz de San Pietro, con imágenes de santos protectores, que alzaban en el centro de la isula –el conjunto de las cámaras de la tonnara–.

Favignana-TonnaraCruzSanPietro

Historia de la tonnara

Este tipo de pesca es, sin duda, arcaico, habiéndose mantenido prácticamente intacto durante siglos. Opiano de Anazarbo, escritor griego del siglo II, describía ya en su Halieutica la tonnara como una ciudad de redes con puertas, atrios, galerías y habitaciones, justo como ha llegado casi hasta hoy en día. Pero sólo «casi», ya que desde los años 60 el pescado ha empezado a escasear en las islas debido a dos razones: la polución acústica y, sobre todo, la pesca con método más modernos en las aguas del estrecho de Gibraltar, por parte sobre todo de japoneses y noruegos. Una pesca mucho menos respetuosa –se capturan también atunes pequeños y se matan «por error» otros animales marinos como tortugas y delfines–, la tonnara permitía escapar a los ejemplares jóvenes y saltar las redes a los delfines y otros peces. De esta forma, desde el año récord de 1865, en el que se pescaron 14.020 atunes en estos mares, se ha pasado a los 300 del 2007, último año de la tonnara.

Favignana-TonnaraRedesAtunes

Visitando el Ex Stabilimento Florio

Esta forma de pesca se ha convertido ya en un recuerdo que se revive hoy en el museo de Favignana «Ex Stabilimento Florio«, la fábrica donde se trabajaba el atún y desde donde partían las barcas para la mattanza. Fue, durante muchos años de los siglos XIX y XX, la empresa pesquera más grande e importante del Mediterráneo, donde nació la conserva del atún en aceite a la que estamos tan acostumbrados. Aquí se pueden visitar diferentes salas: el depósito del sal para la conservación, los hornos para su cocción con sus grandes chimeneas, el envasado… y las barcas desde donde trabajaban los tonnaroti. A lo largo del proceso de envasado todo el animal era aprovechado, incluso las espinas y la grasa, con las que se hacía harina, aceite, cola… Este aceite se usaba para impermeabilizar las paredes de edificio que daban al mar.

Favignana-TonnaraLatasAtun

Se puede conocer, también, la vida de las personas que hicieron que todo esto fuera posible. Desde la fascinante historia de la familia Florio –propietarios del establecimiento– hasta la del último rais –hombre carismático y querido por su gran conocimiento de las corrientes–, la del vicerais –su segundo–, la de muchos de los trabajadores  y trabajadoras de la fábrica –unos 800 empleados de los que casi la mitad eran mujeres, había incluso una guardería– y de algunos tonnaroti.

Favignana-Rais Vicerais mattanza

Foto propiedad del ex Stabilimento Florio

El trabajo de estos últimos era muy cruento, pero empujado por la necesidad de vivir y sobrevivir, en una época que fue a menudo de pobreza. La misma guía es una señora de Favignana que vive mucho su historia y muestra su melancolía al hablar del cierre de la fábrica y del fin de una época.

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Comentarios

  • concha
    25 septiembre, 2013 a las 12:52

    Que casualidad! Tengo un post de Favignana pendiente de publicar.Pero seguro que el vuestro es mejor

    • Sara
      25 septiembre, 2013 a las 13:33

      Esperamos leer pronto tu artículo entonces 🙂 ¡Gracias por pasarte!