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Descansando en Favignana

  

Las islas son, como su nombre indica, zonas aisladas. Lugares en los que la vida pasa más despacio. El tiempo, aunque dura lo mismo, parece tener menos importancia. Eso es lo que pasa en Favignana multiplicado por dos. Y ¿por qué multiplicado por dos? Porque Favignana es una isla frente a otra isla. Forma parte del archipiélago de las Egadas, junto con Levanzo y Marettimo, que se encuentra frente a la isla más grande del Mediterráneo, pero isla al fin y al cabo, Sicilia. Un lugar al que sólo se puede llegar en barco y, debido a los vientos que la azotan, puede ser imposible hacerlo. Uno de estos vientos, el italiano Favonio, el español fohen, (sudsudoeste) es el que le da nombre.

Sicilia-Bandera Cabeza Medusa Tres Piernas

Como todos los años, la obligación nos lleva a estar una semana de vacaciones en agosto y, en este caso por razones futuras, decidimos aprovecharla para hacer el curso Advanced de buceo. Para esto había que ir a la costa –no se puede uno sacar un título de buceo advanced en una piscina– y la elección nos llevó a Sicilia y a Favignana. A raíz de la guerra que se desató en Libia el año pasado con la derrocamiento de Gadaffi –la OTAN usó como base aérea el aeropuerto de Trapani–, la ruta que unía Madrid con esta ciudad pasó a unir Madrid con Palermo, lo que alarga el tiempo de viaje hasta la isla que se encuentra a nueve millas de Trapani. La mejor manera de llegar de Palermo a Trapani es en autobús, que deja directamente en el puerto, y allí coger el hidroala hasta Favignana.

En los últimos tres días, desde el domingo hasta el martes, nos hemos sumergido cinco veces: una review, una inmersión para aumentar el control de la flotabilidad, otra de navegación –Bob Esponja puede estar tranquilo, nuestra orientación debajo del agua deja mucho que desear–, otra profunda –para llegar hasta los 30 metros– y una en un pecio –nuestro nuevo pecio es el Carmelo Lo Porto–. En la profunda confirmamos lo que habíamos visto tantas veces en los documentales: a esa profundidad la luz que llega no muestra los colores. Todo es azul y negro hasta que el instructor dirige la linterna y aparecen los rojos, los naranjas y el paisaje se convierte, que ya lo era antes, en algo fantástico.

Los 19 kilómetros cuadrados de la isla, y el resto de islas Egadas, tienen mucha historia. Aquí fue donde tuvo lugar la batalla decisiva de la Primera Guerra Púnica y donde, desde época romana, se pescaban atunes utilizando la técnica de la almadraba, la tonnara italiana. Una construcción de redes en forma de laberinto de la que, una vez entraban los atunes, no tenían modo de salir y acababan por ser pescados. Pero ya antes esta zona estaba habitada: se han encontrado restos del paleolítico superior en una de sus grutas.

Lo que es seguro es que estaba menos habitada que ahora que es un destino turístico de sol y playa con bastante éxito, pasa de los 4.020 habitantes de invierno a unos 20.000 en verano. Sólo hay un “pueblo” en toda la isla en el que se pueden encontrar varios restaurantes, con exquisitos platos de pasta y cous-cous con pescado y marisco; heladerías, no podía ser de otra forma en Italia; pastelerías, con el fantástico cannolo siciliano; y mucha gente.

No hemos podido recorrer ni visitar casi nada, cinco inmersiones ocupan mucho tiempo, pero nos acercamos a la oficina de turismo en el Palacio Florio y Pasquale se ofreció, muy amablemente, a ser nuestro guía por la isla y mostrarnos algunos de sus lugares más importantes. Esta tarde lo haremos.

  

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